Estela Bravo es una realizadora con una
intensa y premiada obra que tiene como
denominador común, además del talento,
la hondura para buscar, encontrar,
enfocar y desentrañar historias que
apuntan al corazón, pero también hacia
la justicia y a favor de lo mejor del
ser humano.
¿Quién soy? Los niños encontrados de
Argentina, con guión de Estela Bravo
y producción de Ernesto Bravo y Susan
Sillins, como sugiere el título, es un
acercamiento a un tema tan actual como
sensible.
Es, dice Estela Bravo, “una historia muy
escondida, muy tapada y recientemente,
con el actual gobierno argentino, es que
se están abriendo los archivos y
comienzan a enjuiciarse los asesinos.
Hay casi mil procesos judiciales
pendientes a personas que hicieron cosas
horribles contra su propio pueblo y
todavía hay muchas madres procurando los
restos de sus hijos y abuelas buscando a
sus nietos. De los 500 niños
desaparecidos, se han encontrado 88. ¡Un
logro!, pero no se puede obviar que
muchas de esas abuelas se acercan o
sobrepasan los 80 años.
El tiempo biológico se está
acabando...
Sí, pero hay un banco de sangre genética
y si una persona duda de su identidad,
puede ir a ese banco y extraerse sangre
y comprobar su ADN. Así pueden saber si
pertenecen a alguna de las familias que
se están buscando.
Existe el Hospital Durán donde hacen las
pruebas. Allí se presentan muchos
jóvenes que, aunque no son hijos de
desaparecidos, son adoptados y también a
ellos se les trata de ayudar a encontrar
su verdadera identidad. Es impresionante
el trabajo de las Abuelas de La Plaza de
Mayo y, en especial, de Estela de
Carlotto, que es la presidenta. En 1984,
junto a Tristán Bauer, hicimos Niños
desaparecidos que es un tema muy
doloroso. Viví en Argentina entre 1955 y
1963.
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Le toca muy de cerca el tema
argentino, sin dudas…
Por supuesto y pienso que si me hubiera
quedado a vivir en Argentina podría
habernos pasado a nosotros. Mi esposo,
en el año 1951 antes de los militares,
fue muy torturado y si no fuera por los
estudiantes argentinos, nunca hubiera
sido puesto en libertad. Él fue
torturado con picana eléctrica y fue muy
duro…
¿Es por eso que retoma el tema con
tanta fuerza?
Y también porque me encontré con Estela
de Carlotto durante un encuentro con las
Abuelas de La Plaza de Mayo en la
Universidad de Nueva York y estuvimos
juntas en una mesa y ella,
prácticamente, me hizo prometerle y
jurarle que terminaría la película de
“Niños encontrados”.
Entonces, ¿esta es como una segunda
parte?
Sí. En el año 1986 filmamos, pero nunca
lo sacamos a la luz. Esta película tiene
dos partes: la primera data de 1986 y,
luego, filmamos veinte años después. Ese
material, que era inédito y filmado en
cine, lo pasamos a video y lo incluimos
en la película. Fue bastante difícil
porque son dos épocas. En la segunda
parte dice Estela de Carlotto: “hace 20
años dijimos que, en el futuro, los
niños van a ocuparse de nosotros”. Y eso
está pasando. Los niños son adultos y
están buscando su propia identidad.
¿Qué facilidades tuvo para hacer este
documental?
Las que siempre me han dado las Abuelas
de La Plaza de Mayo. La cosa fue así:
Juan Cabandié, que es el personaje
principal de la película, me llamó y me
comunica que fue a Costa Rica a conocer
al tío, es decir al hermano de su mamá,
que no conocía.
Él era uno de los encontrados y su
relato fue muy impactante; cuando empezó
a contármelo le dije “para, para”.
Busqué a Sara Gómez, que trabajaba en la
Escuela de Cine, y lo filmamos contando
su historia. Eso fue el centro de la
película.
¿¡Esas imágenes que se filmaron,
casi, por casualidad!?
Por casualidad, y en NTSC. Tuvieron que
pasarse a PAL y, aunque se perdió un
poco de calidad, el sentimiento está en
esa entrevista.
Usted es una mujer muy sensible y esa
sensibilidad aparece, también, en sus
trabajos ¿acaso no se desagarra
demasiado a la hora de enfrentar un tema
tan duro?
Me afecta tanto a mí como a Ernesto (su
compañero en la vida y productor del
documental), pero siempre he querido
transmitirle a la gente lo que siento:
quiero que los demás vean lo que yo veo
y sientan lo que yo siento: deseo
compartir información, dolor o alegría.
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¿Cuál cree que sea la utilidad de
este documental?
La utilidad del material está en que si
algún joven, en cualquier lugar del
mundo, lo ve y tiene dudas de su
identidad, pues que vaya a las Abuelas
de La Plaza de Mayo para que le hagan la
prueba de ADN.
Quizás, sea de los que las abuelas andan
buscando todavía. Eso está pasando, los
que antes eran niños y que ahora son
adultos, están buscando. Antes eran
solamente las abuelas, ahora no.
Pero, esos encuentros engendran una
serie de conflictos y contradicciones
posteriores…
Y hay casos de niños que no quieren
saber: tienen la duda o la certeza y se
niegan a hacerse el análisis de sangre,
pero eso pesa mucho. Estoy convencida
que más tarde o más temprano querrán
saber su verdad.
Por eso el nombre del documental
¿Quién soy yo?... ¿quién es mi
verdadera mamá?, ¿quién es mi verdadero
padre?, ¿quiénes son mis abuelos?,
¿están vivos todavía? Aún en Argentina
hay reparos para llevar adelante esos
juicios porque los militares no quieren
que se sepa la verdad. Hay muchos
involucrados.
También se conoce que existe un pacto de
silencio. Los militares no dicen la
verdad y muchos de ellos saben,
perfectamente, qué se hizo con esos
niños. Es muy triste y doloroso, pero
esa es la realidad aún en el 2007.
Usted y Ernesto siempre están
trabajando y tienen realizados treinta y
cuatro documentales ¿Tienen algo en
mente, en preparación?
Queremos juntar todas las películas que
hemos hecho y comenzar un exhaustivo
trabajo de archivo. Contamos con un
banco de imágenes sobre América Latina
muy completo. Materiales muy
interesantes que, en algún momento, han
sido “descartes”. Queremos poner todo
este material en orden y conservarlo
para que no se eche a perder.
Esa es, sin duda, parte de la memoria
fílmica latinoamericana ¿no cree?
Tenemos muchas imágenes de la película
Fidel/la historia no contada que
no usamos y todo ese material puede
servir para un libro porque está lleno
de anécdotas.
No todo lo que se filma se incluye en el
producto final y quedan “descartes” que
son, realmente, valiosísimos, pero que
no se pudieron poner por diversas
razones, mas ameritan que se empleen en
otros fines. |