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Néstor Kohan ha venido a La Habana para
hablar del socialismo. Invitado por el
Festival del Nuevo Cine Latinoamericano,
este filósofo y ensayista argentino
participó en el seminario América
Latina: realidad y/o utopía, evento que
por estos días reunió a destacadas
personalidades de las ciencias sociales
cubanas y foráneas, con el objetivo de
trazar estrategias en torno al futuro de
nuestro continente en los próximos años.
Kohan, autor de libros como Ernesto
Che Guevara: el sujeto y el poder, y
Marx en su (Tercer) Mundo
conversó acerca de la realidad
latinoamericana, la viabilidad del
proyecto socialista, y el papel de los
medios de comunicación en la sociedad.
¿Qué perspectivas tiene el socialismo en
América Latina? El resultado del
referéndum para la aprobación de una
constitución socialista, ¿qué
consecuencias puede tener para el
triunfo de un modelo alternativo?
Me
parece que lo que habría que resaltar es
que se empezó a discutir de nuevo el
tema del socialismo, volvió a estar en
la agenda política. Durante 15 años
aproximadamente el tema había
desaparecido de la escena. Quizá en Cuba
el concepto “socialismo” esté en la boca
de todo el mundo, para los que adhieren
e incluso para los que critican, porque
el socialismo es algo de todos los días.
En el resto de América Latina, desde la
caída del Muro de Berlín y la década del
90 ultraneoliberal, el término
desapareció. Algo similar ocurrió con la
palabra “imperialismo”, a pesar de que
EE. UU. vivía invadiendo.
Creo
que la gran virtud de Chávez y el
proceso bolivariano es que volvieron a
instalar el debate por el socialismo en
América Latina. Está hoy en la agenda de
muchos movimientos sociales, no solo de
estados nacionales, no solo de Bolivia,
Venezuela, Cuba, sino de movimientos
sociales en países que son capitalistas.
Esa es una gran virtud.
Segundo punto, el haber sido, yo no
diría derrotado, porque la verdad que
perdió por un punto, no es que perdiera
por 80 a 20… el no haber ganado ese
referéndum en el caso de Chávez, y al
haber habido tanta abstención, le
complica, le retarda un poco más esa
transición al socialismo, pero de todas
maneras me parece, y más allá de
Venezuela, que el camino a largo plazo,
estratégico al socialismo, no va a pasar
por las elecciones. El socialismo no se
logra por medio de una elección. La
experiencia cubana algo ha demostrado
alrededor de eso.
¿Entonces concibe la toma del poder solo
desde vías más radicales?
Estos cambios radicales y de
confrontación social, no necesariamente
tienen que ser a los tiros, con bombas,
como habitualmente se menciona el tema
de la violencia. Las viejas clases
dominantes de América Latina, que están
desde hace largas décadas estrechamente
unidas con EE.UU., no van a permitir una
revolución socialista. Sí van a permitir
que se hable de socialismo, pero cuando
vos quieras tomarle la empresa, una gran
empresa vinculada al mercado mundial,
ninguna clase poderosa va a permitirlo,
aunque ganes todas las elecciones que
quieras.
Hace
poco se proyectó un documental en
Argentina sobre Salvador Allende. Se
cumplía un aniversario de su muerte. Ahí
habla el embajador norteamericano en
Chile, un hombre de la CIA, y dice algo
que creo puede responder esta pregunta y
puede resolver muchas inquietudes en
América Latina. El embajador
norteamericano en Chile dice: “¿Qué
querían inventar con esta supuesta
experiencia de ir hacia el socialismo a
través de las elecciones y sin modificar
las instituciones del sistema burgués?
¿Qué querían inventar?”, dice. Esto ya
lo descubrió Lenin: ninguna clase social
dominante se suicida. Fíjate que no es
el juicio de un extremista de izquierda,
o de un aventurero loco, o de un
adolescente salvaje, sino de un
embajador norteamericano, de un hombre
de la CIA, un hombre técnico que
organizó un golpe de Estado como el de
Pinochet. El balance que él hace de que
ninguna clase social se suicida, ninguna
clase social te va a entregar sus
riquezas alegremente, me parece que
sigue teniendo validez.
Por
eso, mientras que solamente hablemos de
Bolívar y mientras solamente hablemos de
socialismo, no pasa nada. Pero cuando en
Venezuela, en algún momento del proceso,
la dirección encabezada por Chávez
comience a nacionalizar la propiedad
norteamericana o de la gran burguesía
venezolana, en ese momento la violencia
no la va a iniciar Chávez, la va a
iniciar la burguesía. Por eso me parece
a mí que el camino de las elecciones es
un camino de acumulación de fuerzas,
pero no creo que sea el momento
definitorio.
Toda experiencia socialista, como
proyecto que intenta romper con el orden
capitalista hegemónico, ha debido
soportar el asedio externo. En lo que
podría definirse como una perenne
situación de contingencia, a veces no
queda otro remedio que asumir un
pensamiento de plaza sitiada, donde toda
expresión un tanto fuera de una
determinada norma se califica de
herejía. ¿Cómo lograr romper la tensión
entre socialismo, democracia y
participación social, y al mismo tiempo
garantizar la supervivencia del modelo?
Esa
es una enorme dificultad, de cómo
garantizar la democracia. No la
democracia en abstracto. La democracia
tiene apellidos. Muchas veces se nos ha
hablado de democracia sin apellidos, es
decir, de la democracia en general. Pero
hay democracia con el apellido
“burguesa” y otra con el apellido
“socialista”. No es lo mismo, quizá sea
una palabra, pero como yo vivo bajo una
llamada “democracia burguesa” sé que
allí a la gente que tiene la piel más
oscura la policía la mata, que en la
democracia burguesa en las comisarías se
violan mujeres, que en la democracia
burguesa si un movimiento sindical pide
aumentos de salarios es normal que le
tiren bombas o gases lacrimógenos.
La
democracia no existe en general, y de lo
que estamos hablando ahora no es de la
democracia en general, sino de una
democracia socialista, después de la
toma del poder. El gran desafío es cómo
garantizar la mayor libertad, la mayor
participación, el mayor debate y al
mismo tiempo enfrentar esto que vos
mencionás, ya que automáticamente viene
la intervención extranjera, y no son
intervenciones con países equivalentes.
No es que a Cuba la va a invadir Haití,
o a la Argentina la va a invadir
Uruguay. No, por lo general las
potencias que te vienen a aplastar son
gente muy poderosa, que tienen un
sistema no solo militar, sino
político-militar, que algunos lo han
comparado con el nazismo, lo cual no es
muy errado.
El
sistema que tiene hoy Norteamérica, no
solo de control externo con garras en
Iraq, Afganistán, en Palestina,
intervenciones en Colombia, amenazas a
Cuba, sino también el control interno de
su propia población. Porque en EE.UU.
todo el mundo sabe que le escuchan los
teléfonos, que si sacás un libro de la
biblioteca queda marcado qué libro está
leyendo este ciudadano, la vigilancia
por satélite, el control del correo
electrónico. Ese tipo de sistema es
cierto que no tiene el mismo grado de
violencia feroz que podía tener Hitler
en su apogeo, pero se le parece
bastante, sobre todo en las guerras
coloniales que hace. Quizá al propio
pueblo no le hace lo que le hacía Hitler
al pueblo alemán, pero de todas maneras
es una potencia feroz.
Pero,
¿cómo conciliar la democracia
socialista, la mayor participación
popular y el enfrentamiento a esta
potencia salvaje del imperialismo? Es un
desafío abierto, pero hacia el futuro
digamos que hay que intentar ir
superando las experiencias fracasadas,
como fue la de Rusia, no la de Rusia de
Lenin, no la de Rusia bolchevique, la
Rusia que hizo la Revolución de Octubre,
sino la Rusia que por diversas razones,
que no se pueden resumir en medio
segundo, en la época de Stalin, empezó a
olvidar, a enterrar, a dejar en el
pasado ese proyecto revolucionario, y se
transformó en un sistema de control de
su propia población y de incluso de
represión interna, donde se mató a mucha
gente, ya no fascistas o imperialistas,
se mató a muchos revolucionarios.
Afortunadamente Cuba creo que aprendió,
sin idealizar, sin creer que esto es la
utopía del futuro, el paraíso terrenal,
en Cuba no ha habido matanzas
entre revolucionarios. Que me mencionen
50 revolucionarios asesinados por el
propio poder revolucionario. Acá no lo
hay, ha habido conflicto, ha habido
debate pero en Cuba un sector de los
revolucionarios no ha matado a otro
sector de revolucionarios. En la Unión
Soviética sí había todo eso, y en otros
países también.
Cada
revolución fue aprendiendo de los
errores de las anteriores, creo que Cuba
le aportó eso. Ha habido debate, ha
habido discusiones, sigue habiendo
debate, un sector está más enojado, el
otro sector está más contento, pero hay
debate. Nadie termina en la cárcel y
menos fusilado.
¿Qué papel deben jugar los medios de
comunicación en una sociedad socialista?
Te
daría una respuesta abstracta, porque no
he vivido en un sistema socialista, toda
mi vida viví en el capitalismo. Los
medios de comunicación que conozco son
los del sistema capitalista, trabajé en
el gran diario argentino, El Clarín,
que es un monopolio que ejerce una
censura feroz. Yo lo conozco de adentro,
porque trabajé en el principal diario de
la Argentina, que dicen algunos que es
el principal diario de América Latina
por el número de lectores, por el dinero
que maneja, es un multimedia. Tiene
canales de televisión, radio, sitios de
Internet, y una censura feroz. Ahí no
hay libertad de expresión, ninguna. Es
una sujeción al poder económico directa,
inmediata. Apoyó golpes de Estado,
después sacó un CD con su propia
historia, pero las tapas, la cubierta
del periódico donde apoyaban los golpes
de Estado, no aparecían en el CD.
¿Cómo
es el socialismo? No lo conozco. ¿Cómo
debería ser? Yo creo que debería
garantizar la mayor libertad, el mayor
debate, no ser medios de propaganda, no
puede titular cada día un periódico del
socialismo: “Hoy ha salido de nuevo el
sol, hoy es un día maravilloso de la
gente” porque si no da cuenta de los
problemas reales pierde credibilidad y
genera en la propia población la
necesidad de buscar otra vía de
información, que por lo general va a ser
la del imperialismo. La mejor manera de
contrarrestar esa amenaza que viven los
países que quieren construir otro tipo
de sociedad, donde te ponen un avión que
te transmite desde el aire, te
interceptan la radio, te meten todo ese
tipo de intervenciones ilegales, la
mejor manera de contrarrestar eso es
tener medios de comunicación que den la
pelea, que puedan disputar de manera
creíble con la CNN, con los grandes
medios del imperialismo.
¿Y
cómo lograr eso?
Está
bien la aclaración que vos me hacés,
porque me olvidé de decir algo. Yo si
dirigiera un país socialista o en vías
de transición al socialismo, lo cual es
una situación hipotética, daría la mayor
libertad para los que creen en la
revolución y los que apuestan por ella.
A mis enemigos no les daría libertad. Yo
no daría libertad de expresión a la
llamada disidencia procapitalista, de la
misma manera que en el país donde yo
vivo hay libertad de expresión para los
que están con el mercado. Si vos estás a
favor del mercado, a favor del
capitalismo, podés hablar lo que
quieras, ahora, si vos tenés una
posición crítica y radical, no solo
contra un ministro o un presidente, sino
contra el sistema capitalista, no vas a
aparecer jamás en la televisión, en la
radio y en los diarios.
Por
ahí puedes aparecer en la radio de un
barrio que la escuchan 100 personas,
pero en los grandes medios de
comunicación que escucha todo el mundo,
ahí no aparecés nunca.
En el
socialismo deberían suceder las cosas al
revés. Si alguien dentro de una sociedad
nueva quiere reinstalar la propiedad
privada, volver a poner la prostitución,
anexionarte a EE.UU. y ser como Puerto
Rico, a esa gente, yo la verdad, no le
daría libertad de expresión, y creo que
está en la legítima defensa de la
Revolución no permitirle a un
contrarrevolucionario que se exprese.
Ahora, dentro del campo de la
revolución, donde hay opiniones
evidentemente distintas, donde no todo
el mundo opina lo mismo, ahí sí creo que
debe haber un espacio de debate genuino.
A veces el límite es muy difícil, es
decir, ¿hasta dónde llega el campo de la
Revolución? ¿Cuándo una opinión dejó de
ser revolucionaria y se transformó en
contrarrevolucionaria? Ahí está la
discusión, cuál es el límite del campo
de la revolución. Alguna vez Fidel, hace
muchísimos años, en un discurso que se
conoció como Palabras a los
intelectuales dijo: “Dentro de la
Revolución todo, contra la Revolución
nada” Creo que no dijo “fuera” de la
Revolución, sino “contra” la Revolución,
porque puede haber gente que no sea
revolucionaria, pero que tampoco sea
contrarrevolucionaria, que por ahí no
comparta todo el espíritu de una
revolución, pero tampoco esté en contra.
Hay
una película famosa, Memorias del
subdesarrollo, donde el protagonista
está en el medio, no adhiere pero
tampoco está en contra. Ese espacio de
gente debería tener una posibilidad de
expresarse. Ahora, a la
contrarrevolución yo no le daría
ninguno. Si abren un periódico se los
cierro, y creo que en Venezuela el
presidente Chávez, en la medida que
tenga fuerzas, debería comenzar a cerrar
los periódicos de la ultraderecha. Son
periódicos nazis, son periódicos
racistas. En Bolivia pasa lo mismo,
critican al Presidente porque tiene piel
oscura. Dicen: “un indio no nos puede
gobernar”, como si estuvieran en la
época de Colón. A alguien que es nazi no
le puedes dar libertad de expresión, no
les puedes dar un periódico.
En
tus obras insistes en rescatar a los
clásicos del marxismo, como una vía para
superar los errores y avanzar en un
socialismo válido para este siglo XXI.
¿Hasta qué punto podemos apoyarnos en
las fuentes originales a la hora de
plantear la relación medios masivos –
sociedad socialista? ¿No han cambiado
demasiado los medios en estos últimos
años?
Tengo
mis dudas, primero yo no sé si en los
clásicos del marxismo hay una reflexión
muy consolidada sobre los medios de
comunicación. Incluso Gramsci, que es el
último, el más cercano a nosotros, vive
en una época donde los medios de
comunicación no tienen el papel que
tienen hoy. Gramsci decía “el principal
aparato de hegemonía en la Edad Media
fue la Iglesia, en la modernidad, es la
escuela”. No se le ocurrió decir que
eran los medios de comunicación, porque
evidentemente en esa época no jugaban el
papel fundamental que juegan hoy. Por lo
tanto, no digo que no haya que estudiar
a los clásicos, pero tampoco pensar que
en los clásicos están todas las
respuestas para el mundo actual, sobre
todo en el tema de la comunicación.
Es
cierto que Marx era periodista, pero
también es cierto que en su juventud él
pensaba que iba a cambiar el mundo desde
el periodismo, y decía “la revolución va
a venir después de la libertad de
crítica”, y más tarde llegó a la
conclusión de que el solo periodismo no
alcanzaba, sino era parte de un
movimiento revolucionario dentro del
cual el periodismo jugara un papel.
En
cuanto al debate entre Lenin y Rosa
Luxemburgo sobre la libertad de
expresión, Rosa no sé si estaba pensando
en los medios de comunicación, estaba
pensando en el debate del partido y del
debate entre los revolucionarios, que
pudiera haber libertad de crítica, pero
no creo que estuviera pensando en la
CNN o en el Granma.
De
los clásicos no podemos sacar fórmulas
fuera de contexto. Hoy son otros los
debates. Lenin comienza su quehacer
político hablando de un periódico para
toda la Rusia. En ese tiempo se
proponían construir una organización
revolucionaria, primero Lenin habla del
periódico, mira qué papel le otorgaba a
la prensa. Nosotros, un poco en broma y
un poco en serio, pensamos lo siguiente.
¿Y hoy qué diría Lenin?: “¿Un canal de
televisión para toda Rusia?” Porque
quizá el periódico hoy en día no juega
el papel central que tenía en su época.
Él plantea eso como primera tarea
revolucionaria, un periódico que
organice, no solo que informe. Eso en la
época de Lenin, pero si este viviera
hoy, donde la lectura no es tan
importante como antes, donde la imagen
predomina, bueno, yo no sé qué diría. |