Año VI
La Habana

15 al 21 de
DICIEMBRE
de 2007

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ENTREVISTA CON EL INTELECTUAL ARGENTINO Néstor Kohan

El socialismo debe tener medios que den la pelea

Salvador Salazar • La Habana

 

Néstor Kohan ha venido a La Habana para hablar del socialismo. Invitado por el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, este filósofo y ensayista argentino participó en el seminario América Latina: realidad y/o utopía, evento que por estos días reunió a destacadas personalidades de las ciencias sociales cubanas y foráneas, con el objetivo de trazar estrategias en torno al futuro de nuestro continente en los próximos años. Kohan, autor de libros como Ernesto Che Guevara: el sujeto y el poder, y Marx en su (Tercer) Mundo conversó acerca de la realidad latinoamericana, la viabilidad del proyecto socialista, y el papel de los medios de comunicación en la sociedad.

¿Qué perspectivas tiene el socialismo en América Latina? El resultado del referéndum para la aprobación de una constitución socialista, ¿qué consecuencias puede tener para el triunfo de un modelo alternativo?

Me parece que lo que habría que resaltar es que se empezó a discutir de nuevo el tema del socialismo, volvió a estar en la agenda política. Durante 15 años aproximadamente el tema había desaparecido de la escena. Quizá en Cuba el concepto “socialismo” esté en la boca de todo el mundo, para los que adhieren e incluso para los que critican, porque el socialismo es algo de todos los días. En el resto de América Latina, desde la caída del Muro de Berlín y la década del 90 ultraneoliberal, el término desapareció. Algo similar ocurrió con la palabra “imperialismo”, a pesar de que EE. UU. vivía invadiendo.

Creo que la gran virtud de Chávez y el proceso bolivariano es que volvieron a instalar el debate por el socialismo en América Latina. Está hoy en la agenda de muchos movimientos sociales, no solo de estados nacionales, no solo de Bolivia, Venezuela, Cuba, sino de movimientos sociales en países que son capitalistas. Esa es una gran virtud.

Segundo punto, el haber sido, yo no diría derrotado, porque la verdad que perdió por un punto, no es que perdiera por 80 a 20… el no haber ganado ese referéndum en el caso de Chávez, y al haber habido tanta abstención, le complica, le retarda un poco más esa transición al socialismo, pero de todas maneras me parece, y más allá de Venezuela, que el camino a largo plazo, estratégico al socialismo, no va a pasar por las elecciones. El socialismo no se logra por medio de una elección. La experiencia cubana algo ha demostrado alrededor de eso.

¿Entonces concibe la toma del poder solo desde vías más radicales?

Estos cambios radicales y de confrontación social, no necesariamente tienen que ser a los tiros, con bombas, como habitualmente se menciona el tema de la violencia. Las viejas clases dominantes de América Latina, que están desde hace largas décadas estrechamente unidas con EE.UU., no van a permitir una revolución socialista. Sí van a permitir que se hable de socialismo, pero cuando vos quieras tomarle la empresa, una gran empresa vinculada al mercado mundial,  ninguna clase poderosa va a permitirlo, aunque ganes todas las elecciones que quieras.

Hace poco se proyectó un documental en Argentina sobre Salvador Allende. Se cumplía un aniversario de su muerte. Ahí habla el embajador norteamericano en Chile, un hombre de la CIA, y dice algo que creo puede responder esta pregunta y puede resolver muchas inquietudes en América Latina. El embajador norteamericano en Chile dice: “¿Qué querían inventar con esta supuesta experiencia de ir hacia el socialismo a través de las elecciones y sin modificar las instituciones del sistema burgués? ¿Qué querían inventar?”, dice. Esto ya lo descubrió Lenin: ninguna clase social dominante se suicida. Fíjate que no es el juicio de un extremista de izquierda, o de un aventurero loco, o de un adolescente salvaje, sino de un embajador norteamericano, de un hombre de la CIA, un hombre técnico que organizó un golpe de Estado como el de Pinochet. El balance que él hace de que ninguna clase social se suicida, ninguna clase social te va a entregar sus riquezas alegremente, me parece que sigue teniendo validez.

Por eso, mientras que solamente hablemos de Bolívar y mientras solamente hablemos de socialismo, no pasa nada. Pero cuando en Venezuela, en algún momento del proceso, la dirección encabezada por Chávez comience a nacionalizar la propiedad norteamericana o de la gran burguesía venezolana, en ese momento la violencia no la va a iniciar Chávez, la va a iniciar la burguesía. Por eso me parece a mí que el camino de las elecciones es un camino de acumulación de fuerzas, pero no creo que sea el momento definitorio.

Toda experiencia socialista, como proyecto que intenta romper con el orden capitalista hegemónico, ha debido soportar el asedio externo. En lo que podría definirse como una perenne situación de contingencia, a veces no queda otro remedio que asumir un pensamiento de plaza sitiada, donde toda expresión un tanto fuera de una determinada norma se califica de herejía. ¿Cómo lograr romper la tensión entre socialismo, democracia y participación social, y al mismo tiempo garantizar la supervivencia del modelo?

Esa es una enorme dificultad, de cómo garantizar la democracia. No la democracia en abstracto. La democracia tiene apellidos. Muchas veces se nos ha hablado de democracia sin apellidos, es decir, de la democracia en general. Pero hay democracia con el apellido “burguesa” y otra con el apellido “socialista”. No es lo mismo, quizá sea una palabra, pero como yo vivo bajo una llamada “democracia burguesa” sé que allí a la gente que tiene la piel más oscura la policía la mata, que en la democracia burguesa en las comisarías se violan mujeres, que en la democracia burguesa si un movimiento sindical pide aumentos de salarios es normal que le tiren bombas o gases lacrimógenos.

La democracia no existe en general, y de lo que estamos hablando ahora no es de la democracia en general, sino de una democracia socialista, después de la toma del poder. El gran desafío es cómo garantizar la mayor libertad, la mayor participación, el mayor debate y al mismo tiempo enfrentar esto que vos mencionás, ya que automáticamente viene la intervención extranjera, y no son intervenciones con países equivalentes. No es que a Cuba la va a invadir Haití, o a la Argentina la va a invadir Uruguay. No, por lo general las potencias que te vienen a aplastar son gente muy poderosa, que tienen un sistema no solo militar, sino político-militar, que algunos lo han comparado con el nazismo, lo cual no es muy errado.

El sistema que tiene hoy Norteamérica, no solo de control externo con garras en Iraq, Afganistán, en Palestina, intervenciones en Colombia, amenazas a Cuba, sino también el control interno de su propia población. Porque en EE.UU. todo el mundo sabe que le escuchan los teléfonos, que si sacás un libro de la biblioteca queda marcado qué libro está leyendo este ciudadano, la vigilancia por satélite, el control del correo electrónico. Ese tipo de sistema es cierto que no tiene el mismo grado de violencia feroz que podía tener Hitler en su apogeo, pero se le parece bastante, sobre todo en las guerras coloniales que hace. Quizá al propio pueblo no le hace lo que le hacía Hitler al pueblo alemán, pero de todas maneras es una potencia feroz.

Pero, ¿cómo conciliar la democracia socialista, la mayor participación popular y el enfrentamiento a esta potencia salvaje del imperialismo? Es un desafío abierto, pero hacia el futuro digamos que hay que intentar ir superando las experiencias fracasadas, como fue la de Rusia, no la de Rusia de Lenin, no la de Rusia bolchevique, la Rusia que hizo la Revolución de Octubre, sino la Rusia que por diversas razones, que no se pueden resumir en medio segundo, en la época de Stalin, empezó a olvidar, a enterrar, a dejar en el pasado ese proyecto revolucionario, y se transformó en un sistema de control de su propia población y de incluso de represión interna, donde se mató a mucha gente, ya no fascistas o imperialistas, se mató a muchos revolucionarios.

Afortunadamente Cuba creo que aprendió, sin idealizar, sin creer que esto es la utopía del futuro, el paraíso terrenal, en Cuba no ha habido matanzas entre revolucionarios. Que me mencionen 50 revolucionarios asesinados por el propio poder revolucionario. Acá no lo hay, ha habido conflicto, ha habido debate pero en Cuba un sector de los revolucionarios no ha matado a otro sector de revolucionarios. En la Unión Soviética sí había todo eso, y en otros países también.

Cada revolución fue aprendiendo de los errores de las anteriores, creo que Cuba le aportó eso. Ha habido debate, ha habido discusiones, sigue habiendo debate, un sector está más enojado, el otro sector está más contento, pero hay debate. Nadie termina en la cárcel y menos fusilado.

¿Qué papel deben jugar los medios de comunicación en una sociedad socialista?

Te daría una respuesta abstracta, porque no he vivido en un sistema socialista, toda mi vida viví en el capitalismo. Los medios de comunicación que conozco son los del sistema capitalista, trabajé en el gran diario argentino, El Clarín, que es un monopolio que ejerce una censura feroz. Yo lo conozco de adentro, porque trabajé en el principal diario de la Argentina, que dicen algunos que es el principal diario de América Latina por el número de lectores, por el dinero que maneja, es un multimedia. Tiene canales de televisión, radio, sitios de Internet, y una censura feroz. Ahí no hay libertad de expresión, ninguna. Es una sujeción al poder económico directa, inmediata. Apoyó golpes de Estado, después sacó un CD con su propia historia, pero las tapas, la cubierta del periódico donde apoyaban los golpes de Estado, no aparecían en el CD.

¿Cómo es el socialismo? No lo conozco. ¿Cómo debería ser? Yo creo que debería garantizar la mayor libertad, el mayor debate, no ser medios de propaganda, no puede titular cada día un periódico del socialismo: “Hoy ha salido de nuevo el sol, hoy es un día maravilloso de la gente” porque si no da cuenta de los problemas reales pierde credibilidad y genera en la propia población la necesidad de buscar otra vía de información, que por lo general va a ser la del imperialismo. La mejor manera de contrarrestar esa amenaza que viven los países que quieren construir otro tipo de sociedad, donde te ponen un avión que te transmite desde el aire, te interceptan la radio, te meten todo ese tipo de intervenciones ilegales, la mejor manera de contrarrestar eso es tener medios de comunicación que den la pelea, que puedan disputar de manera creíble con la CNN, con los grandes medios del imperialismo.

¿Y cómo lograr eso?

Está bien la aclaración que vos me hacés, porque me olvidé de decir algo. Yo si dirigiera un país socialista o en vías de transición al socialismo, lo cual es una situación hipotética, daría la mayor libertad para los que creen en la revolución y los que apuestan por ella. A mis enemigos no les daría libertad. Yo no daría libertad de expresión a la llamada disidencia procapitalista, de la misma manera que en el país donde yo vivo hay libertad de expresión para los que están con el mercado. Si vos estás a favor del mercado, a favor del capitalismo, podés hablar lo que quieras, ahora, si vos tenés una posición crítica y radical, no solo contra un ministro o un presidente, sino contra el sistema capitalista, no vas a aparecer jamás en la televisión, en la radio y en los diarios.

Por ahí puedes aparecer en la radio de un barrio que la escuchan 100 personas, pero en los grandes medios de comunicación que escucha todo el mundo, ahí no aparecés nunca.

En el socialismo deberían suceder las cosas al revés. Si alguien dentro de una sociedad nueva quiere reinstalar la propiedad privada, volver a poner la prostitución, anexionarte a EE.UU. y ser como Puerto Rico, a esa gente, yo la verdad, no le daría libertad de expresión, y creo que está en la legítima defensa de la Revolución no permitirle a un contrarrevolucionario que se exprese. Ahora, dentro del campo de la revolución, donde hay opiniones evidentemente distintas, donde no todo el mundo opina lo mismo, ahí sí creo que debe haber un espacio de debate genuino. A veces el límite es muy difícil, es decir, ¿hasta dónde llega el campo de la Revolución? ¿Cuándo una opinión dejó de ser revolucionaria y se transformó en contrarrevolucionaria? Ahí está la discusión, cuál es el límite del campo de la revolución. Alguna vez Fidel, hace muchísimos años, en un discurso que se conoció como Palabras a los intelectuales dijo: “Dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada” Creo que no dijo “fuera” de la Revolución, sino “contra” la Revolución, porque puede haber gente que no sea revolucionaria, pero que tampoco sea contrarrevolucionaria, que por ahí no comparta todo el espíritu de una revolución, pero tampoco esté en contra.

Hay una película famosa, Memorias del subdesarrollo, donde el protagonista está en el medio, no adhiere pero tampoco está en contra. Ese espacio de gente debería tener una posibilidad de expresarse. Ahora, a la contrarrevolución yo no le daría ninguno. Si abren un periódico se los cierro, y creo que en Venezuela el presidente Chávez, en la medida que tenga fuerzas, debería comenzar a cerrar los periódicos de la ultraderecha. Son periódicos nazis, son periódicos racistas. En Bolivia pasa lo mismo, critican al Presidente porque tiene piel oscura. Dicen: “un indio no nos puede gobernar”, como si estuvieran en la época de Colón. A alguien que es nazi no le puedes dar libertad de expresión, no les puedes dar un periódico.

En tus obras insistes en rescatar a los clásicos del marxismo, como una vía para superar los errores y avanzar en un socialismo válido para este siglo XXI. ¿Hasta qué punto podemos apoyarnos en las fuentes originales a la hora de plantear la relación medios masivos – sociedad socialista? ¿No han cambiado demasiado los medios en estos últimos años?

Tengo mis dudas, primero yo no sé si en los clásicos del marxismo hay una reflexión muy consolidada sobre los medios de comunicación. Incluso Gramsci, que es el último, el más cercano a nosotros, vive en una época donde los medios de comunicación no tienen el papel que tienen hoy. Gramsci decía “el principal aparato de hegemonía en la Edad Media fue la Iglesia, en la modernidad, es la escuela”. No se le ocurrió decir que eran los medios de comunicación, porque evidentemente en esa época no jugaban el papel fundamental que juegan hoy. Por lo tanto, no digo que no haya que estudiar a los clásicos, pero tampoco pensar que en los clásicos están todas las respuestas para el mundo actual, sobre todo en el tema de la comunicación.

Es cierto que Marx era periodista, pero también es cierto que en su juventud él pensaba que iba a cambiar el mundo desde el periodismo, y decía “la revolución va a venir después de la libertad de crítica”, y más tarde llegó a la conclusión de que el solo periodismo no alcanzaba, sino era parte de un movimiento revolucionario dentro del cual el periodismo jugara un papel.

En cuanto al debate entre Lenin y Rosa Luxemburgo sobre la libertad de expresión, Rosa no sé si estaba pensando en los medios de comunicación, estaba pensando en el debate del partido y del debate entre los revolucionarios, que pudiera haber libertad de crítica, pero no creo que estuviera pensando en la CNN o en el Granma.

De los clásicos no podemos sacar fórmulas fuera de contexto. Hoy son otros los debates. Lenin comienza su quehacer político hablando de un periódico para toda la Rusia. En ese tiempo se proponían construir una organización revolucionaria, primero Lenin habla del periódico, mira qué papel le otorgaba a la prensa. Nosotros, un poco en broma y un poco en serio, pensamos lo siguiente. ¿Y hoy qué diría Lenin?: “¿Un canal de televisión para toda Rusia?” Porque quizá el periódico hoy en día no juega el papel central que tenía en su época. Él plantea eso como primera tarea revolucionaria, un periódico que organice, no solo que informe. Eso en la época de Lenin, pero si este viviera hoy, donde la lectura no es tan importante como antes, donde la imagen predomina, bueno, yo no sé qué diría.                                            

 

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La Habana, Cuba. 2007.
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