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Si cada lector ganado por un libro, cada
espectador deslumbrado por la magia de
la escena o por las líneas y densidades
cromáticas de un cuadro, y cada oyente
aventurado a ir más allá del hábito es
una ganancia espiritual, pudiera decirse
que durante 2007 los más diversos
parajes de la isla —ciudades y campos,
llanos y montañas, ámbitos de gran
resonancia público y modestos hogares—
fueron testigos de este tipo de
fundación cotidiana.
Desde fecha muy temprana, la política
cultural de la Revolución tuvo entre sus
preceptos aquel enunciado de Fidel: “A
este pueblo no le decimos: cree; le
decimos, lee”.
Como nunca antes en el año que concluye
la promoción de la lectura ha tenido tan
alto vuelo. La Feria Internacional del
Libro Cuba 2007 se consolidó, entre
febrero y marzo, con sus programas de
presentaciones, de actividades
académicas, de ventas de ejemplares, de
agendas especialmente preparadas para
los niños, en el complejo cultural Morro
Cabaña, otros puntos de la capital, y
las 30 sedes repartidas a lo largo y
ancho del país.
Desandar la Feria de un estante a otro,
tanto en La Habana como en cualquier
ciudad de la isla, es una aventura
maravillosa por la cantidad de público
que acude en busca de las obras y sus
autores.
La convocatoria de la Feria atrajo a 82
expositores extranjeros. El país
invitado fue Argentina, país que
trasladó una delegación de unos 200
intelectuales y artistas, así como una
importante suma de libros que se
obsequiaron y vendieron durante el
evento.
La obra más vendida durante etapa la
capitalina fue Cien horas con Fidel,
del intelectual de origen español
Ignacio Ramonet.
Al concluir el 11 de marzo en Santiago
de Cuba, la Feria arrojó datos
reveladores: se vendieron 5 216 933
ejemplares, cifra superior en más de dos
millones a la del año anterior, y en los
recintos feriales se recibieron cerca de
cinco millones y medio de visitantes.
Para el comienzo del verano, el
Instituto Cubano del Libro y la Unión de
Jóvenes Comunistas urdieron otra feliz
iniciativa: La Noche de los Libros.
Este suceso aconteció el 6 de julio a lo
largo de la céntrica Calle 23, desde 12
hasta Malecón. Más de cien autores y
trovadores, entre las 4:00 y las 10:00
p.m. participaron en una nutrida trama
de actividades. En más de 20 puntos se
vendieron libros; y hubo lecturas de
cuentos, recitales poéticos, trovadas,
pasacalles, diálogos con autores y
proyecciones fílmicas relacionadas con
la literatura. Fue cosa de ver a Daniel
Cavaría aropado por infinidad de
lectores en el parque de El Quijote, a
la caída de la tarde. Todo ello dedicado
a la memoria de Nicolás Guillén.
En declaraciones a la prensa, Julio
Martínez, primer secretario de la UJC
dijo que la jornada “fue una expresión
de la propuesta recreativa que tenemos
para brindarle a todo el pueblo; una
señal de cómo nuestra cultura debe
convertirse en el centro de la
utilización del tiempo libre”.
Aquel fue el preludio del programa
Lecturas del Verano que se extendió a
todos el país. A guisa de ejemplo, vale
la pena describir lo que sucedió en
Mantua, en el extremo occidental de la
Isla. Unos 70 títulos recibieron
especial promoción por parte de
escritores, activistas y especialistas
de la librería Gustavo Luis Pozo y la
biblioteca Rafael Morales, en medio de
una efervescencia popular como nunca
antes se había visto.
Altísima convocatorias generó Lecturas
en el Prado. El viernes 24 de agosto,
durante la primera de estas citas,
más de 2 000 títulos estuvieron a
disposición de lectores. Se calcula en
más de 20 000 personas los asistentes al
evento.
Cincuenta artistas acudieron al llamado
del ICL y el Consejo Nacional de las
Artes Plásticas para pintar un enorme
mural (42 metros de largo por 2,40 de
alto) en la esquina de Prado y Genio,
que evocó al gran escritor Alejo
Carpentier y su ensayo sobre La Habana,
La ciudad de las columnas.
En la explanada del Castillo de la Punta
se desarrolló el Festival del Papalote,
donde ondearon siete cometas gigantes
que representaron figuras de la
literatura, El Principito, Sancho Panza y
Don Quijote,
junto a uno simbolizando la bandera
cubana
Los portales del Gran Teatro de La
Habana fueron sitio propicio para la
presentación de un libro sobre ballet,
destacados escritores protagonizaron las
Narraciones en el Prado; en la
esquina de Trocadero, calle donde se
encuentra la casa de José Lezama Lima,
los jóvenes poetas ofrecieron un recital
en su homenaje, mientras, en la
intersección de Prado y Genio,
apropiadamente, los Premios Nacionales
de Literatura César López, Miguel
Barnet, Pablo Armando Fernández, Nancy
Morejón y Antón Arrufat leyeron algunos
de sus poemas y los asistentes pudieron
llevarse, gratuitamente, un cuadernos
con ellos.
La experiencia fue aún más impresionante
el viernes 12 y el sábado 13 de octubre:
desde el Parque de la Fraternidad hasta
Malecón, hubo un sinfín de
presentaciones y ventas de libros de
diversas temáticas en diferentes puntos
de la calle, una programación
cinematográfica especial, el Festival de
Libros de Uso, servicios de cibercafé,
ventas de abanicos de cartulina,
pulóveres de la colección Verso a
verso, y conciertos. El soneto salió
de sus cauces para conquistar al público
con un festival inusual.
Como colofón de estos empeños
promocionales llegó el Festival
Universitario del Libro y la Lectura
durante la primera quincena de
noviembre, con el que se honró el
centenario del nacimiento de Raúl Roa.
Escritores, intelectuales y promotores
se adueñaron no solo del Pabellón Cuba,
sede principal, sino de todas y cada una
de las sedes universitarias del país,
las unidades docentes (policlìnicos,
hospitales) y las residencias de los
profesores generales integrales.
En el campo de las artes escénicas, la
práctica comunitaria se extendió por
lugares de la Sierra Maestra, una vez
más, mediante la Guerrilla de Teatreros,
que en la provincia Granma suma a
actores, trovadores, poetas y
promotores.
Hay que destacar cómo en esa provincia,
el movimiento profesional y de
aficionados se volcó hacia los albergues
de los damnificados por las lluvias del
huracán Noel para llevarles un aliciente
espiritual.
En Guantánamo unos 50 000 campesinos, en
el extremo más oriental de Cuba,
disfrutaron durante más de un mes, a
partir del 28 de enero, de cerca de 400
funciones a cargo de la Cruzada Teatral
por las Montañas, Premio Nacional de
Cultura Comunitaria, y renovadora del
arte de las tablas en las serranías
cubanas.
Dentro de la programación
cinematográfica, que cuenta en el país
con más de 2 000 salas de video,
alternativa que contrapesa los embates
sufridos por la red de exhibición
tradicional (hoy en vías de paulatina
recuperación), desempeña cada año un
papel especial el Festival de Cine de la
Montaña.
No puede obviarse el enorme aporte de
los instructores de arte al logro de una
dimensión social de la cultura. Destaca
la labor de la Brigada José Martí, que
en octubre contaba con una afiliación de
9 347 miembros que trabajaban en 6 249
centros educacionales, atendiendo a 1
224 917 niños y adolescentes en horario
curricular y a 261 316 en horario
extracurricular.
Con los nuevos egresados de 2007, en la
cuarta graduación, suman ya más de 12
0000 los brigadistas.
Este año, entre el 16 y el 19 de
octubre, se realizó en la capital Primer
Festival Nacional de la Brigada, con la
participación de 272 brigadistas en las
especialidades de música, danza, teatro
y artes plásticas, y 58 colectivos.
En el orden de la proyección
comunitaria, el Consejo Nacional de
Casas de Cultura auspició este año el
Festival Nacional de Teatro Aficionado
Olga Alonso en Fomento y la Feria
Nacional de Arte Popular, en Ciego de
Ávila.
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