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En un país eminentemente musical como lo
es Cuba, a veces se tiene la percepción
de que si hay motivos y lugares para
bailar, la cosa marcha bien.
Curiosamente en 2007 fueron mucho más
estables los espacios para la música de
concierto que los dispuestos para el
baile.
La apertura de casinotecas en la capital
y Santiago de Cuba, la cobertura puntual
de las fiestas populares en una buena
parte de los municipios con orquestas de
primer nivel, la vinculación de las
agrupaciones de alta convocatoria
popular a conmemoraciones patrióticas y
juveniles y la organización de giras
nacionales —todavía insuficientes debido
a problemas que subsisten en la
logística— no bastaron para satisfacer
las exigencias del público bailador, que
reclama espacios sistemáticos en los
barrios —Ciudad de La Habana puede y
debe perfeccionar un programa habilitado
al efecto—, en los círculos sociales y
otros ámbitos de la comunidad, mucho más
accesibles que las Casas de la Música,
hoteles, instalaciones de ARTEX y otros
espacios identificados con las opciones
turísticas.
Es loable lo que acontece en otras zonas
de la vida musical: el Festival
Internacional de Coros, de Santiago, fue
el colofón de una actividad que
consolida una estructura que va desde el
movimiento de cantorías infantiles y
juveniles hasta la existencia de
agrupaciones profesionales de altísimo
nivel, como el Coro Nacional de Cuba,
Exaudi, Schola Cantorum Coralina, Vocal
Leo, Ensemble Vocal Luna, Orfeón
Santiago, Coro Profesional de Matanzas y
Sine Nomine. En marzo pasado se dieron
cita en La Habana más de 600 cantores de
14 países para participar en el foro
internacional América Cantat.
En la capital, los fines de semana se
puede asistir a conciertos de música
coral y de cámara en la Basílica Menor
de San Francisco de Asís y el Centro
Hispanoamericano de Cultura —parte de la
hermosa trama cultural estimulada por la
Oficina del Historiador de la Ciudad—,
así como en el Museo Nacional de Bellas
Artes, que ha hecho frecuentes los
encuentros con la cancionística y el
jazz; y en especial el Centro Pablo de
la Torriente Brau, que junto a la
Asociación Hermanos Saíz, está
contribuyendo de manera tenaz e
inteligente a la continuidad y la
renovación del movimiento trovadoresco
nacional. En ese campo fue digno de
subrayar el homenaje que trovadores de
Cuba y otros países dedicaron al
desaparecido Noel Nicola, mediante la
edición de un álbum doble con sus
mejores piezas.
Especial resonancia tuvo
la conmemoración del aniversario 35 de
la Nueva Trova. Bajo el lema Una
guitarra, un buen amor..., en la jornada
participaron varios de sus fundadores,
entre ellos Vicente Feliú, Sara González
y Amaury Pérez. Organizada por la
Asociación Hermanos Saíz, la Unión de
Jóvenes Comunistas y el Instituto Cubano
de la Música, a la cita asistieron
creadores de todo el país y diversos
estilos como los rockeros de Tesis de
Menta, el grupo Moncada y el dúo pop
Buena Fé. Las actividades abarcaron la
céntrica avenida 23 y un concierto en la
escalinata de la Universidad de La
Habana.
Se realizaron, con alguna que otra
intermitencia, las dos temporadas
anuales de la Orquesta Sinfónica
Nacional en el teatro Amadeo Roldán,
organismo que este año viajó a Ecuador
con gran éxito. Como punto final a la
actividad en esta expresión aconteció en
noviembre el acostumbrado Encuentro
Nacional de Orquestas Sinfónicas, y un
ciclo con todos los conciertos para
piano y orquesta de Beethoven, efectuado
entre noviembre y diciembre en Matanzas,
organizado por Ulises Hernández con el
concurso de la Orquesta Sinfónica local,
bajo la batuta de Yeny Delgado.
Con gran pujanza crece y se consolida el
movimiento de bandas de concierto. El
hito más reciente fue la puesta en
funcionamiento de la escuela provincial
de músicos para bandas “Francisco
Repilado”, en Santiago de Cuba, acto al
que asistió el General de Ejército Raúl
Castro, segundo secretario del Comité
Central del Partido.
En solo los tres últimos años se ha
duplicado la cifra de este tipo de
agrupaciones en el país, de modo tal que
más de 90 municipios poseen hoy bandas.
Cubadisco 2007 tuvo un momento rutilante
con la entrega de sus premios —los más
importantes recayeron en Akapelleando,
de Vocal Sampling, y la integral de
conciertos para piano y orquesta de
Heitor Villa-Lobos a cargo de Ulises
Hernández, Harold Lòpez Nussa, Patricio
Malcolm, Roberto Urbay y Elvira
Santiago— y otros con el vivo contacto
con la cultura musical tradicional y
actual de Venezuela, y el destaque de
los vínculos que unen a la música
grabada con el cine en nuestro país.
El centenario del nacimiento de Compay
Segundo fue también un acontecimiento
notable en el año.
Lo realizado por los teatristas cubanos
resulta sumamente encomiable si se tiene
en cuenta la situación precaria de
varias instalaciones de ensayo y
representación. Afortunadamente en el
oriente del país comenzaron a batir
nuevos aires con la apertura del teatro
Bayamo, que se suma al que hace cuatro
años de inauguró en Manzanillo. Esa
provincia aumentó de 995 a 2 347 sus
capacidades para albergar al público.
También el teatro Tunas mantuvo por
primera vez una programación estable
para los habitantes de la zona y en
Holguín avanzaron los trabajos para la
recuperación del teatro Eddy Suñol.
Pese a las dificultades materiales, que
incidieron en la imposibilidad de
convocar al Festival Internacional de
Teatro de La Habana, hubo puestas en
escena de altísimo valor, como las que
se distinguirán por la parte cubana en
enero con los Premios Villanueva de la
Crítica: la creación coreográfica
Demon-N/Crazy, del español Rafael
Bonachela para Danza Contemporánea de
Cuba; los espectáculos para niños Los
zapaticos de rosa, del
matancero Teatro de las Estaciones;
Pelusín enamorao, del proyecto Nueva
Línea; y Aceite más vinagre, igual a
familia, del camagueyano Teatro del
Viento; y los espectáculos para adultos
Fedra, de Teatro El
Público, y Aquìcualquier@, de
Osvaldo Doimeadiós.
La conmemoración del 45 aniversario del
Conjunto Folclórico Nacional centralizó
una temporada de estrenos, a la que
aportaron coreógrafos de otras compañías
y se puso de relieve la personalidad del
maestro Rogelio Martínez Furé como
fundador y defensor de la tradición.
Destacable resultó el trabajo
desarrollado por el Consejo Nacional de
Casas de Cultura y el de Patrimonio
Cultural en la preservación y difusión
de los valores de la Tumba Francesa, en
sus versiones originales de Santiago,
Guantánamo y Sagua de Tánamo. Esta
última mereció el Premio Nacional de
Cultura Comunitaria, junto a tres
destacados promotores: el guantanamero
Reynaldo Heredia Rivera, la santiaguera
Isis G. Palancar Sierra y el habanero
Adalberto Rabeiro Baquet.
Esa zona de particular e insustituible
fuerza que es la cultura popular, en su
diversidad y riqueza, mantuvo sus
vínculos con el área del caribe mediante
la Fiesta del Fuego, que se realizó en
julio en Santiago de Cuba, dedicada esta
vez a República Dominicana.
Dentro de la programación nacional de
las artes visuales sobresalieron las
exposiciones Caminar con amor, de
Ernesto García Peña por varias
localidades matanceras, el itinerario
nacional por siete provincias de la
serie fotográfica Momentos,
dedicada al Comandante en Jefe Fidel
Castro; La otra mirada, de Raúl
Martínez, Madera y papel,
de Nelson Domínguez e
Historias de amor, de Pedro Pablo
Oliva, las tres en Bellas Artes; e
Imagen y posibilidad, muestra
colectiva en la Biblioteca Nacional José
Martí.
El público cubano tuvo la oportunidad
excepcional de asistir a las doce
exposiciones que coincidieron con la
celebración en la capital del Congreso
de ICOGRADA, con obras de maestros de la
gráfica mundial; y el merecidísimo
tributo al maestro Eduardo Muñoz Bachs,
que legó una impresionante colección de
carteles de cine para la posteridad.
También fue conmemorado el aniversario
105 del nacimiento de Wifredo Lam, con
varias acciones, las más importantes de
ellas realizadas en la Universidad de
las Ciencias Informáticas y en la
Biblioteca Nacional, esta última por
parte de la Asociación Cubana de
Artesanos Artistas.
Y aunque la producción cinematográfica,
por razones obvias, siguió siendo
afectada por carencias materiales y
financieras, en este 2007 llamaron la
atención el vitalidad de la Muestra de
Jóvenes Realizadores, el Festival de
Documentales Santiago Álvarez in
Memoriam (Santiago de Cuba) y el
Festival de Cine Pobre (Gibara),
yestrenaron sus películas Fernando Pèrez,
Madrigal; Arturo Sotto, La
noche de los inocentes; Alejandro
Moya, Mañana; y Daniel Díaz
Torres, El camino al Edén.
El ICAIC hizo un gran esfuerzo por
potenciar el documental. Se estrenaron
Otra
pelea contra los demonios… y
el mar, de Tupac Pinilla, basada en la
vida del pueblo de pescadores Carahatas,
amenazado por los huracanes;
Memorias
de la fiebre, de Manuel
Jorge Pérez, sobre la obra poética de
Carilda Oliver Labra;
Poética
gráfica insular, de Rolando
Almirante, acerca del cartel de cine;
Donde habita el corazón, de
Carlos León, dedicado al trovador
Vicente Feliz; y
Son para
un sonero, de Lourdes de los
Santos por los 35 años de consagración a
la música de Adalberto Álvarez.
En 2008 el ICAIC espera terminar o
iniciar la producción de no menos de 20
largometrajes, entre los que se cuentan
14 filmes de ficción, varios de los
cuales tienen previsto su estreno
durante ese período. El rasgo principal
de estos proyectos radica en su
diversidad temática y estilística, la
calidad de los guiones y la alentadora
conjunción de realizadores
experimentados con otros que incursionan
por primera vez en el largometraje, lo
que garantiza la continuidad de esta
industria.
Todos estos logros no pueden estimular
la complacencia. Falta mucho por hacer
desde las instituciones culturales en la
promoción de las más valiosas
producciones artísticas y literarias.
Como nunca antes deben abordarse
soluciones para que la aplicación de la
política cultural sea coherente entre
las instituciones y los medios masivos
de difusión por una parte, y por otra en
el mismo seno de las comunidades. El
sistema de festivales y eventos merece
una permanente revisión para evitar
estancamientos y pérdidas, pero lo más
importante pasa por la constancia y
sistematicidad que seamos capaces de
desplegar en el trabajo cotidiano, para
que cada jornada sea útil al espíritu de
las mujeres y hombres en nuestra
sociedad. |