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La X edición del Concurso Internacional
JoJazz provoca el ineludible encuentro
con los músicos jóvenes que se dedican
al género. Esta vez La Jiribilla
conversó con Gastón Joya (contrabajo),
Alfredo Rodríguez (piano) y Ernesto
Camilo Vega (clarinete y saxo).
¿Qué repercusión otorgan al JoJazz en el
contexto musical del país, en la salud
del género y en su propia carrera?
Ernesto:
El JoJazz ha propiciado el encuentro
entre los músicos, concretar proyectos
más serios. Musicalmente es un evento
que aporta en lo personal, experiencia y
solidez. Por suerte el concurso vive a
los diez años de haberse hecho por
primera vez y tributa, por supuesto, a
la energía del ambiente del jazz entre
los jóvenes.
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Ernesto Vega
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Gastón:
Fue una puerta que se abrió para
enseñarles a las personas mi manera de
ver la música. En general es una
experiencia que sirve para que cada uno
aporte su mirada y su sentir sobre la
música, propicia la confrontación, el
intercambio, la unión. En buena medida
gracias al JoJazz el género es un
movimiento cada vez más fuerte, ha
influido en el aumento de la discografía
de jazz en el país y ha estimulado un
mayor acercamiento de la música al
público.
Alfredo:
El concurso fue mi iniciación en el
jazz, porque anteriormente, por la
formación escolar ―que no incluye la
formación específica en el jazz―, me
dedicaba a la música clásica. Aquí fue
donde nació este género en mí y más
allá, es de donde han salido la mayoría
de los grandes músicos jóvenes.
¿Está hoy el jazz joven concentrado en
una elaboración artística más densa que
en constituirse como una música que
pueda lograr una mejor comunicación con
el público?
Gastón:
Eso tiene que ver mucho con los gustos.
Uno tiene su manera de componer y de
hacer música, pero para tocar
magistralmente el jazz hay que estudiar
mucho y pienso que se pasa por todo.
¿Qué valoración puede hacerse de la
evolución que ha tenido el jazz en Cuba
hasta llegar a esta generación? ¿Cuánto
se acerca o se alejan los jóvenes
músicos de ese pasado?
Alfredo:
Todo parte siempre de algo anterior y
nosotros somos un desprendimiento más
que una superación de aquello que se
hacía antes. La experimentación, la
renovación, los nuevos caminos se asumen
mirando y aprendiendo de aquello que
está alrededor de la historia.
Ernesto:
Ahora hay mucha más información que
antes desde el punto de vista musical,
hay más apertura y contacto con el
acontecer internacional, y Cuba tiene
reconocimientos dentro de ese panorama.
Eso hace que los músicos pensemos más y
elaboremos con más cuidado nuestros
proyectos.
La nueva generación del jazz en el país
no privilegia tanto la descarga ―como
generalmente se piensa― sino que
prioriza una música con nivel de
concierto, más elaborada en la
estructura, algo así como una obra
grande en el sentido formal.
Indiscutiblemente el aporte está en las
escuelas, ya los músicos se gradúan con
un nivel sólido, y tienen oportunidades
de mezclar esos conocimientos con otra
mucha información acerca del género.
Gastón:
El jazz en Cuba ha sido siempre un
fenómeno muy rico porque se ha ido
revolucionando en sí mismo. Pero,
incluso, el resto de la música cubana se
ha imbricado con el jazz y este con
ella. Esto es un ejemplo, todo aquí
tiene conectores, hay una imbricación
muy fuerte en la música tanto en
géneros, como en generaciones.
¿Qué le falta al jazz para ganarse el
lugar que merece en este país
eminentemente musical?
Ernesto:
Pienso que actualmente el jazz, sobre
todo desde el punto de vista de
difusión, está atravesando por una buena
etapa en Cuba. La televisión y la radio
han favorecido un poco la salud de la
relación con el público, que no tiene
que ir a ver el jazz en vivo
necesariamente.
Una razón que hace al jazz un poco
lejano todavía puede ser que se hace muy
complicado grabar un disco, porque las
gestiones del sello Colibrí ya no bastan
y también falta más en el sentido de la
atención a la diversidad dentro del
propio género.
Alfredo:
Creo que el empeño de los músicos y los
resultados están, quizá haga falta que
la gente quiera conocer un poco más de
esta música que puede resultar muy
apasionante y que para nosotros que la
hacemos es tan inatrapable y a la vez
tan provechosa e imprescindible como el
agua.
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