Año VI
La Habana

29 de DICIEMBRE
al 4 de ENERO
de 2008

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A Guitarra limpia

Estamos entre amigos

Estrella Díaz • La Habana
Fotos: Alain Gutierrez

 


Un final puede ser un comienzo ¡y no se trata de un acertijo!; eso pensaba el pasado sábado 22 de diciembre mientras disfrutaba del concierto A guitarra limpia que Pedro Luis Ferrer ofreció en el Centro Pablo y que cierra todo un año de trabajo a la vez que  marca la arrancada de las celebraciones por el aniversario 10 de ese espacio que, próximo a cumplir una década, vindica y reivindica lo mejor de la canción trovadoresca cubana.  

El concierto de Pedro Luis, creo, fue una clase magistral en muchos aspectos, sobre todo, porque demostró lo auténtico y raigal que puede ser un trovador sobre el escenario: Pedro Luis estuvo, de verdad, a guitarra limpia y es que solo se hizo acompañar por ese instrumento que, dócil, entre sus manos, entregó sus mejores acordes.  

No hay duda, este trovador le conoce a la guitarra sus secretos, sus misterios, y es un ejecutante que nada tiene que envidiarles a los llamados consagrados. Muchos de los temas escuchados en Concierto de fin de año contaron con espectaculares entradas que, todas justificadas, demostraron su virtuosismo en la interpretación y el dominio sobre las cuerdas.   

El concierto constituyó un verdadero recorrido por su repertorio: fueron escuchadas 27 canciones y, les puedo asegurar, no fue un recital largo. El tiempo pasó sin darnos cuenta e, incluso, hubo como tres finales… la gente quería, pedía, exigía más, mucho más y Pedro Luis complació.  

Para un artista, que se debe a su público, seguramente es muy emocionante sentirse querido y seguido, pero sobre todo respetado. Y el respeto no faltó en el patio de Muralla 63 que, repleto, solicitó y coreó, pero desde la admiración y el cariño.

No nos llamemos a engaño, Pedro Luis, por muchas razones, convoca y a veces, me consta, los desbordamientos pueden conducir por caminos trillados o poco agraciados. Sin embargo, en Concierto de Fin de año el público dio una lección de apego y complicidad hacia la obra de un artista mayor.  

Pícaro (como lo es, tanto en letra como en gesto) y exhibiendo su voz de trueno (la que tuvo y tiene) hilvanó las canciones mezcladas con textos y décimas: inteligente combinación para dar respiros… "/ la mente supo sobreponerse al rayo /".  

Fue un Fin de año sin amarguras, con humor y también con sueños, heridas, porvenir, esperanzas, miedos, ternuras e ironías, pero por sobre todo con marcado amor de pareja y a la patria. 

El concierto, que comenzó con “Verso”, de José Martí, y terminó con la emblemática “Romanza de la niña mala”, incluyó “Romance del negro” (¡qué clase de estampa de nuestra cotidianidad!) y “Círculo vicioso” (inteligentísimo rejuego de situaciones); también su muy conocido tema “Mariposa” y “Cristina” (que por su delicado vuelo solo se me ocurre arrimarla a la impar “Longina”). 

Guarachas, boleros, sones y hasta tango (“Tango, Santos Suárez”) sirvieron de plataforma para  encontrar en cada texto la poesía más refinada, concentrada y sublimada y la hondura más inteligente que convoca a la risa que, luego, se trueca en la más profunda reflexión.  

El autor de “Cubano ciento por ciento” se  hizo acompañar de la obra del artista de la plástica Eduardo Rubén: seis piezas de mediano formato dispuestas a modo de instalación que, por la actualidad de la temática y la excelencia de la propuesta estética, constituyeron un inobjetable telón de fondo.

Ya en los finales, dijo, Pedro Luis Ferrer: “ha sido una maravilla venir al Centro Pablo y sentirse otra vez, nuevamente, trovador: estamos entre amigos”.  

Y efectivamente Pedro Luis, estás entre amigos que agradecen sinceramente este regalo de Fin de año. Coincidimos contigo: "No hay nada que buscar en la tristeza / luchar es el camino de la suerte".  

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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