Año VI
La Habana

29 de DICIEMBRE
al 4 de ENERO
de 2008

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NOTA DEL DISCO

Carlos Sarduy: destello con nombre propio

José Dos Santos • La Habana

 


En Cuba y fuera de ella se habla con admiración de una Escuela Cubana de Piano, que va de lo clásico a lo popular y en el jazz culmina con Chucho Valdés, Emiliano Salvador y Gonzalo Rubalcaba, por mencionar sólo a tres de sus principales representantes.

También se reconoce la maestría señera de instrumentistas cubanos de percusión, con leyendas que van de Chano Pozo a Tata Güines y que siguen creciendo en este siglo XXI.

A esas vertientes que singularizan en la ejecución de instrumentos un sello nacional propio ya debe incorporarse la trompeta.

Muchos notables trompetistas jalonaron la música popular cubana durante el siglo XX. La relación minuciosa obligaría a una investigación aún no lo suficientemente divulgada, que abarcaría a los que integraban las orquestas de baile o jazz band, o los septetos enriquecidos con la inclusión de ese instrumento, en los cuales la categoría sobresaliente del ejecutante quedaba solapada en la obra colectiva. Siempre trascendieron figuras como Mario Bauzá, Chico O´Farrill, Luis Escalante, Alejandro “El Negro” Vivar y Alfredo “Chocolate” Armenteros.

Los que resultaron de obligada mención en el ámbito de la música popular y fueron reconocidos en su momento estuvieron encabezados por el notable Chapotín, maestro e inspirador de muchos. En el jazz, aunque formado en la cantera de músicos populares, Jorge Varona fue de los primeros en alcanzar notoriedad en la etapa revolucionaria gracias a su participación fundacional en Irakere. De esa forja de estrellas salieron también Arturo Sandoval, Juan Mungía, Mario “El Indio” Hernández, Julio Padrón y Basilio Márquez.

La corriente principal de la trompeta cubana de jazz en los años finales de la anterior centuria se vio nutrida, además, por instrumentistas, que también han sido directores y compositores, como José Miguel Greco “El Greco”, de Top Secret; Roberto García, de Afrocuba; y, más reciente, Alexander Brown.

La ola trompetística cubana del siglo XXI se levanta fuerte a partir del dominio técnico y multipolaridad de intereses musicales, con predominio de lo nacional, de las nuevas generaciones.

Un entorno propicio para dar a conocer los talentos emergentes ha sido el concurso Jo Jazz,  que ha dado coherencia y sistematicidad a la necesaria confrontación artística de los músicos del mañana. De esa forja constante de las estrellas del siglo XXI han saltado a la atención pública trompetistas como Yasek Manzano y Carlos Sarduy Dimet, que, con sólo 16 años, se impuso en la categoría más joven de Jo Jazz con interpretaciones que le homologaban entre los más experimentados del género, aún cuando no había terminado sus estudios en el Conservatorio “Amadeo Roldán” de la capital cubana.

Debe saberse que este joven, actualmente con 19 años, prácticamente nació con una boquilla por biberón. Su padre, un entusiasta de la trompeta, le vinculó desde muy temprano con el instrumento y su estudio, incluyendo clases con Nilo Báez, que tocaba con Pacho Alonso.

Desde pequeño, con siete u ocho años, ya se le veía en las primeras filas de músicos que animaban las comparsas de los carnavales habaneros. Tocó con muchas, tantas que no recuerda todos los nombres, pero si significa la de Los Componedores de Batea y El Alacrán.

Entre sus primeras anécdotas en el ámbito musical cuenta que siendo aún un niño fue invitado a tocar en la escalinata de la Universidad de La Habana por un destacado visitante, Jovanotti, quien le había oído tocar su trompeta. Aquella fue la primera vez que tocó en público “Cuba, que linda es Cuba”

Su contacto formal con el jazz comenzó a la altura del noveno grado. Su papá, que desde pequeño le facilitó la audición de mucha música, incluido ese género, le amplió el horizonte con Miles Davis y Dizzy Gillespie. Ya conocía por la misma vía a Louis Armstrong, Harry James, Ray Anthony y la banda de Glenn Miller, pero los “bopers” y su ingreso al Amadeo Roldán, con un ambiente musical más abierto, avanzado, le llevaron a la “música de los músicos”. Así lo demuestra hoy con su labor como trompetista y arreglista en el grupo que acompaña a la cantante Teresa García Caturla, una institución de la música popular cubana y ganadora del Gran Premio “Cubadisco 2004”.

Fruto de su labor y talento nace “Charly en La Habana”, su “ópera prima”, del cual debo significar algunos elementos. El primero de ellos es que grandes músicos como Chucho Valdés, Germán Velasco y Amadito Valdés se involucren en él dando un sello de garantía a esta producción. Ellos no son de los que se suman a un proyecto sin estar convencidos de su elevada categoría.

El segundo es  el mérito del repertorio, en el que prevalece la creación del propio Sarduy, obras en que fusiona los patrones clásicos del género con su mundo afro, latino, cubano…  Completan el acople  estándares como Claudia, de Chucho Valdés,  ESP, del legendario saxofonista Wayne Shorter, y una joya inmortal de Compay Segundo, Chan Chan, que renace en el arreglo de Carlitos como homenaje y punto esencial de continuidad en el devenir histórico mismo de nuestra música, la que nos fue llegando de la tradición hasta conformar esa “integración” que nos define y nos lanza al mundo.

Otro factor destacado es la juventud que constituye la base de este material. El pianista Harold López-Nussa, es otro de los pilares del futuro jazz cubano. Así también hay que pensar en Rodney, Edgar, Aniel, Emir, Regis y otros muchos que acompañaron a Carlos en sus primeras aventuras sonoras, esas que se produjeron en grupos sin nombre y que cuajaron en un JoJazz de lujo.

Asimismo, este material permite apreciar a otros ya consagrados en la escena jazzística cubana como Roberto Carcasés y Lázaro Rivero (El Fino), cuyo diapasón artístico se amplía y profundiza en cada nueva presentación.

Carlos ya cuenta con colaboraciones en discos con el saxofonista estadounidense David Murray y el cuarteto cubano Sexto Sentido, y diversas ofertas de actuaciones y giras que deberán esperar a que termine esta etapa de su incipiente carrera.

Quizá lo más importante, de cara a ese futuro que labra día a día, es que él no olvida que “la rumba es mi alma” ni aquellas gloriosas noches de carnavales, en las que el sudor y la alegría se mezclaban con las notas de su trompeta y el repicar de los cueros. Porque, hay que decirlo también: Carlos Sarduy lleva el tumbador a flor de piel. Aunque se fascina además con la ductilidad del saxo y la posibilidad de combinarlo todo en algo que ha sido  una palpitación en su mente y hoy es una realidad sonora con nombre propio.

 
EN MP3  
 

CHARLY EN LA HABANA
Carlos Zarduy Dimet

 

 

1. Charly en La Habana                                            4.37
2. Rumbatere                                                             4.54
3. Olvidate´eso                                                          4.15
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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