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“…la creatividad de todos
estos muchachos es asombrosa,
sólo que
ellos no lo saben”
Así me comentaba en una ocasión Chucho
Valdés a propósito de los integrantes
de su cuarteto. El protagonista que nos
ocupa, bien que responde a estas
características: formación académica,
alto nivel técnico en el instrumento,
conocimientos muy al día de las
tendencias contemporáneas de la música y
un dominio verdadero de los géneros de
la música cubana.
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Los 70´s dieron una pléyade increíble de
pianistas que salieron a asombrar al
mundo con su virtuosismo, pero sobre
todo por la novedad de sus ideas, de su
discurso: Emiliano Salvador, Hilario
Durán. Luego vendría Gonzalito Rubalcaba
en los 80´s para darle continuidad a una
genealogía de príncipes del piano que
comenzó con Cervantes, Antonio Ma Romeu,
Lecuona……….En los 90´s irrumpió Ernán
López-Nussa con su inconfundible sello
de gentleman-rumbero y le seguirían con
lenguajes bien audaces Robertico
Fonseca, Robertico Carcasés. Y en el
nuevo milenio siguen llegando unos
retoños (pronto empezarán a llegar
todavía con pañal y andador, pues cada
día salen más jóvenes) que nos hacen
preguntarnos: “y de dónde sacan
semejantes ideas?”
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El sello Cinquillo de la Casa
Discográfica Producciones Colibrí se
complace en presentar el opus uno de un
joven pianista, Dayramir González, que
se hace acompañar por una nómina de
estrellas, derecho ganado por el talento
y resonancia que desde muy temprano
alcanzan muchos de estos jóvenes en el
panorama jazzístico en Cuba. Así, los
invitados de larga data profesional que
acceden a este fonograma, lo hacen en
abrazo de iguales.
Como resultado del vuelco que dio a la
fusión Chucho Valdés en los 70´s a
partir de ‘Misa Negra’, ‘Juana
1600’,’Estela va a estallar’, ‘Danza de
los Ñáñigos’y tantos otros clásicos, en
ese gran “tren” que es la fusión, se han
montado toda suerte de componentes ( y
no dejan de llegar otros nuevos) que en
realidad son los perfiles básicos de los
géneros de la música popular cubana: el
chá chá chá, la rumba, el son, el mambo,
el filin, a los que se siguen sumando
otros,( foráneos y nacionales) como la
salsa, la timba, el rap y cualesquiera
otros que vengan a cuento.
Dayramir González es un joven graduado
de la Escuela Nacional de Arte (ENA) y
cursa la carrera de composición en el
Instituto Superior de Arte (ISA). Ha
sido premiado en el concurso Jojazz, lid
para jóvenes jazzistas, (edición del
2004) e integra la nómina de excelentes
músicos que agrupa el baterista Giraldo
Piloto en el grupo Klímax.
Es sabido que por nuestras agrupaciones
de la música bailable han pasado músicos
que han devenido monstruos sagrados de
la música cubana: desde Lilí Martínez en
el Conjunto de Arsenio Rodríguez,
pasando por Rubén González en la
orquesta de Enrique Jorrín, Juan Formell
en la orquesta Revé, los hermanos Israel
y Orestes López en la orquesta de Arcaño
y sus Maravillas y así pudiéramos
continuar en una larga lista.
Klímax es del tipo de agrupaciones que
como NG la Banda y hasta la mismísima
súper banda Irakere, propicia, dada su
propuesta de amplio espectro, que sus
músicos interactúen y se retroalimenten.
Resultado: la fusión de hoy día en Cuba
es una mixtura bien compleja, sin
fronteras de géneros y que parece
regirse por una máxima común a todos sus
cultivadores: la frescura, la
actualidad, la fluidez con que decursan
todos los componentes que la integran.
Con un contexto semejante y nutrido
durante su formación académica de los
clásicos correspondientes, Dayramir
tiene todos los ingredientes para poner
su olla al fuego. Es así que partiendo
de un “caldo” de latin jazz, encuentran
su tono adecuado, lo mismo un danzón,
que un chá chá chá, que una timba, que
un rap, que un clásico del filin.
Partiendo de estas premisas, en paralelo
con su labor dentro de Klímax, Dayramir
ha creado su propia formación, Habana
Entrance, con jóvenes músicos con los
que cruzó travesuras en las aulas de la
ENA y que gozan al igual que él, de
excelentes ubicaciones en formaciones
como el cuarteto de Chucho Valdés,
Habana Ensemble ( que dirige el
saxofonista César López), Afro Cuban All
Star, que dirige el creador del Buena
Vista Social Club, el tresero y
orquestador Juan de Marcos González y el
grupo Diákara( que dirige el ex Irakere
Oscar Valdés).
Y por si fuera poco, ha tenido el
privilegio de contar como invitados, a
músicos de la talla del guitarrista
Elmer Ferrer, el rumbero Amado Dedeu
(director del grupo Clave y Guaguancó),
y tres grandes saxofonistas: los ex-Irakere
Javier Zalba, y César López y el también
clarinetista y ex integrante del grupo
de Pablo Milanés, Orlando Sánchez,
Cubajazz.
Uno de los rasgos más sobresalientes de
este registro es la total imposibilidad
de llegar al aburrimiento, a la
sensación de estar oyendo “más de lo
mismo”. La diversidad de géneros
abordados y el acierto de los formatos
utilizados en cada tema constituyen de
por sí la garantía de atender y
disfrutar cada uno, tan diferente del
anterior.
“Gozando”, es la credencial que da
inicio a este fonograma. Especie de
definición del perfil, asentamiento de
bases del discurso armónico, derroteros
sonoros y rítmicos que le interesan a
nuestro protagonista, que nos tiene
deparadas muchas sorpresas en el
transcurso de este disco.
Con un claro propósito de evocar las
primeras formaciones danzoneras del
siglo XIX, en las que el clarinete tenía
un gran protagonismo, Dayramir, nos
propone este delicioso tema:
“Complaciendo peticiones”, en el que
emplea una formación de dos clarinetes y
un clarinete bajo, apareciendo como
solista Orlando Sánchez.
En la estructura del tema, juega con la
danza, el danzón y el chá chá chá,
(pudiéndose apreciar claramente la línea
de continuidad genealógica), pero lo
mejor es lo fluidamente que anda y
desanda de uno al otro y con sabrosura
criolla, tradicional. Muy a tono su
solo, sin desenfreno de notas, muy por
el contrario, centrado en el estilo que
acuñaran pianistas como Rubén González,
Bebo Valdés y Lilí Martínez.
Uno de los temas más sobresalientes en
este disco: “Interludio”, de César
Portillo de la Luz, deviene en doble
homenaje: tanto al creador (junto a José
Antonio Méndez) del filin, como a ese
príncipe indiscutible de la recreación
de temas de filin en el piano: el ya
desaparecido pianista ciego Frank Emilio
Flynn. Bravo por la elección y aún más
por la interpretación. Sólo una cosa no
concuerda en este corte: la absoluta
maestría con que Dayramir aborda el tema
y su extrema juventud. Esa madurez y
buen gusto; la pausa y comedimiento, son
propios de los que están ya “de
regreso”. Enhorabuena por esta lección
de buen arte.
Ya decíamos antes que estos jóvenes de
la vanguardia creativa de esta isla
echaban en su “olla” cuanto elemento
sintieran que encajara bien para
expresarse. Es así que el rap entronca
con este tema: “San Francisco.com.” Con
los raperos del grupo Obsesión, como
invitados, este excelente tema se gasta
además el lujo de incorporarle un
texto, (¡un texto!) en el que abordan
con inspiración y honestidad la
problemática de qué hacer con el tiempo
libre, pero quienes buscan qué hacer son
estos mismos músicos que necesitan
acceder a lugares donde escuchar buena
música, “hacer tierra” e interactuar. Y
como invitado de lujo, el saxofonista
César López, con el swing a que nos
tiene acostumbrados. Abrazo de jóvenes y
consagrados que comulgan en el mismo
cáliz: el de la sensibilidad y
derroteros coincidentes.
De muy buena factura “Mabel´s chá”,
tanto el tema como el arreglo. Virtuosa
e interesante exposición en bloque de
metales y reposada, “como va” la
improvisación de otro de los invitados:
el saxofonista y flautista Javier Zalba.
Nótese que el pianista que descarga
aquí, es el mismo de “Interludio” y de
“Complaciendo peticiones”. Con tantos
invitados relevantes, si no se tratara
de su opus uno como pianista y creador,
hubiésemos apostado que el solo de piano
ha estado interpretado por veteranos tan
respetables como Emilio Morales o Ernán
López-Nussa.
Uno de los temas más interesantes, por
su riqueza melódico armónica y por la
acertada combinación de la flauta y el
clarinete (y las gratas apariciones de
los intervalos de cuarta!) es “Camello
tropical” ( nada casual este título,
nótese la cadencia del tema y los giros
de la melodía). Nuevamente con la
intervención de Orlando Sánchez, “Cubajazz”.
Nadie podía resultar mejor escogido que
este músico para el solo de clarinete,
ya que su discurso suele moverse en
franjas “extra muros” de la tonalidad,
en lo que vendría siendo un reflujo de
Schöemberg y Coltrane. Vuelve a
sorprendernos Dayramir con un solo que
ya tenía como pie forzado, los ámbitos
por los que se movió Sánchez y que si
fuésemos a poner en duda las capacidades
de este joven pianista, hubiésemos dicho
que se trataba del mismo músico que
soltó el clarinete y se sentó al piano.
Del exotismo de “Camello tropical”,
viene un rápido cambio de telón con el
danzón “Kimb´s blue eyes”, con su
correspondiente formato de charanga
clásica (cello incluido) y toda la
sabrosura y melodismo que exige el
género.
De que Dayramir tiene los “Patrones” que
rigen su creación muy claramente
establecidos y delimitados, no hay duda:
por los arreglos y tratamiento tímbrico
dado a cada tema, por el equilibrio
entre la actualidad armónica,
rompimientos rítmicos, el manejo de los
bloques, las construcciones asimétricas,
todo en perfecto encuadre con el género
abordado. No hay que pensar o adivinar
que el sexto tema es un danzón, o que el
quinto es un chá o que el octavo es un
guaguancó. Palmas nuevamente para este
joven músico por la perfección formal,
sonora, la riqueza (y ricura) de los
coros y el arreglo en general de
“Patrones”.
Con un formato de jazz band,
“Invitation” es el tema que denota que
estamos ante el músico completo: creador
fresco, de buena lira, bien entendido en
los géneros de la música (la popular
cubana, la foránea actual, la clásica),
buen pianista y líder de banda, nos
propone un tema como “Invitation”, donde
todos los invitados son todo y parte,
cada uno en su momento, con total
entendimiento y disfrute de lo que
hacen.
Se despide Dayramir con un guiño de ojos
con el solo de piano “Transición”. Ahí
están volcados sus años de estudios
académicos, las fuentes clásicas a las
que ha decidido tributar: desde Bach
hasta Rachmaninov, las mismas de las
que se han servido Chick Corea, Keith
Jarret, Chucho Valdés y todos los que
han venido y vendrán para ser capaces de
pintar su paisaje con los mismos siete
colores y entonar sus voces con las
mismas siete notas que han existido
siempre y que sólo en manos de los que
han sido tocados por el talento,
resultan siempre nuevas. |