Año VI
La Habana
2007

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La centuria de Compay Primo
Bladimir Zamora Céspedes • La Habana
 
 

Sigue cada vez más vertiginosa la cuenta regresiva del 2007 hasta convertirse en fresco pasado, y tomando el verso de Sindo, se agolpan unas con otras las cuentas que uno quiere saldar, antes que aparezcan los primeros brindis del nuevo año. Hablando claro, Lorenzo Hierrezuelo ha cumplido el pasado 5 de noviembre, sus primeros 100 años de nacido.

Aunque nos provoque pena, a unos cuantos de los que andamos empeñándonos en preservar la memoria de la música cubana, quizá para no pocas personas ese nombre no dice nada. En fin, que para eso, entre otras cosas, anda uno sobre la tierra. Para dar, por lo menos una clave esencial que despierte interés.

Lorenzo nació en Caney, allá en la tierra caliente, rodeado de una familia de ascendencia aborigen y africana. Empedernidos en su mayoría a acompañarse con el tres las canturías interminables. Ese fue su primer contacto con la música.

Con 13 años se fue con su guitarra a cuestas,  a la cercana ciudad de Santiago de Cuba.  Su academia, como la de tantos otros, fue la asistencia diaria de bares, cafés, fiestas familiares…donde no dejaba de sonar la trova y el son.

Allá por 1930 forma un trío con un par de amigos, de los cuales ahora apenas se registran sus nombres: Julio y Edelmiro, y se embullan a venir para La Habana. Por cierto, como sucede muchas, veces estos muchachos le cogieron miedo al jolgorio constante de la capital y regresaron pronto a Santiago. En cambio Lorenzo optó por quedarse, sin saber que era una de las decisiones más importantes de su vida.

Gracias a su perseverancia entró a trabajar en el Trío Lírico Cubano, luego en el Cuarteto Hatuey y más tarde trabajó en el grupo de la trovadora Justa García, siempre haciendo voz segunda y guitarra acompañante. Según cuentan los mayores, allí en casa de Justa durante un ensayo, María Teresa Vera lo conoció y enseguida lo convidó a formar dúo con ella, ocupando la misma posición de segundo y guitarra acompañante. Era entonces 1937. La Gran Trovadora de la Isla ya había hecho fructíferos dúos con Rafael Zequeira y el mismísimo Manuel Corona; pero, sin duda, la trascendencia estética de su trabajo con Lorenzo y los prolongados años de trabajo en conjunto, no tienen parangón. Sencillo y atento aparece Lorenzo Hierrezuelo en la inmensa mayoría de registros fonográficos de cuantos han llegado hasta nosotros bajo el rubro de María Teresa. Es decir, en esa obra monumental de grabar para la posteridad gran parte de lo más valioso del repertorio trovadoresco cubano ―que fue idea suya―, está la contribución infaltable de Lorenzo.

Con solo valorar su quehacer con María Teresa, que duró hasta 1962, por enfermedad de ella, ya este hombre merece ser reconocido como un valioso músico popular del pasado siglo. Pero, como diría mi abuela, ahí no para la cosa. Sucede que también en el entorno de Justa García, Lorenzo Hierrezuelo y Francisco Repilado se conocen y casi a primera vista se despertaron mutua simpatía, quizá porque los dos eran oriundos de pequeños pueblos santiagueros y ya andaban envueltos en la música. Así, un día que Repilado pelaba a Lorenzo, se pusieron de acuerdo para hacer un dúo, en que cantaran especialmente sus propios  sones y guarachas con sabor a campo oriental. Surgió así en 1945 el original  Dúo Los Compadres.

En esta agrupación Hierrezuelo hace la voz prima, a diferencia de la voz que había hecho en todas las demás oportunidades sigue tocando la guitarra acompañante, en tanto Repilado pondría su portentosa voz segunda y el toque de su “armónico”. Nacen así los apelativos de “Compay Primo” para Lorenzo y “Compay Segundo” para Repilado. Estuvieron juntos hasta 1954 (haciendo mucha radio y grabando discos) y  tanto por el significativo repertorio, como el empaste de voces e instrumentos que lograron, no ha habido una agrupación de este tipo superior a la que ellos lograron.

Años después Lorenzo Hierrezuelo comenzó una segunda etapa del Dúo Los Compadres, esta vez con su hermano Reinaldo. La mayoría de los cubanos recuerda solamente este período, sobre todo a partir de 1959. Entonces salían mucho por la televisión, tenían mucha presencia en la radio y viajaron por muchos países dejando la impronta de la música auténtica de Cuba.

Quedan aquí, me parece, razones suficientes para no dejar así en un silencio, que puede oler a desagradecimiento, la oportunidad en que el Compay Primo se asomó, inmortal en su voz y en su guitarra, a la primera centuria. 

 
 
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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