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Existe una especial fusión entre los
entornos cotidianos, domésticos y la
experiencia vital de la creación
artística, expresada desde infinitas
estrategias de abordaje, en consonancia
con las posibilidades de cada
sensibilidad, para atrapar y enriquecer
su contexto. Dentro de ese amplio
espectro, Flora Fong satisface su
espiritualidad cuando se vale de asuntos
que nos son familiares para palpar su
hábitat desde su individualidad. Esta
aventura le permite transmitir conceptos
a partir de su reflejo del mundo en una
interacción particular dentro de este
proceso de búsqueda del ser humano para
influir en el medio circundante. El
resultado es una práctica de profundo
contenido lírico y un reclamo para
recrear la realidad desde la fantasía.
La
novedad de este singular repertorio nos
revela nuevas pautas en su labor y
planteamientos atrevidos desde el punto
de vista de la realización y del
resultado estético. Su antecedente se
remonta a la década de los 80 cuando
inicia su interés por la esencia
ideográfica de la escritura china, la
cual se establece como principio idóneo
e inagotable de sus propuestas
conceptuales. En 2005 Flora comienza a
elaborar un ambicioso proyecto, cuya
realización precisaba determinadas
condiciones y en el cual consideraba
cómo visualizar la configuración de la
cometa china. Este ejercicio propició el
tránsito hacia la expresión de una nueva
perspectiva en su obra.
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Resulta significativo que, en ocasión de
la II Bienal de La Habana en 1986, la
autora impartió un Taller de papalotes
junto a dos especialistas chinos y esa
experiencia intensificó su inquietud
acerca de la tridimensionalidad de la
cometa china, conocida desde niña por su
padre, quien le ayudó a dar los primeros
pasos en sus propósitos, que maduraron
con el tiempo sentando las bases de su
intención escultórica.
Concebidas inicialmente en maquetas,
precisó cada detalle de estas obras en
los dos años de organización, trámites,
permisos y compra de materiales, y el 31
de mayo de 2006 inició la realización de
la primera de las nueve piezas
tridimensionales: siete de gran formato
y dos medianas, proceso que concluyó en
septiembre de 2007. Flora trabajó a pie
de obra durante la ejecución de estas
esculturas de formato monumental
—la
mayoría alcanza los 2,80 metros de
altura—,
confeccionadas con planchas de acero
negro de seis milímetros de espesor y
ensambladas con pasadores diseñados
especialmente para ellas. Su
configuración reproduce la estructura
cuadrada presente en algunos caracteres
de la escritura china y resulta
interesante constatar que el carácter
que representa al bosque sirvió de
soporte estructural para sus palmas,
elemento identificatorio de su poética.
Mediante un dibujo lineal, firme y
categórico, la artista ejecutó el diseño
sobre cada lámina de metal, aprovechando
la escoria para dar texturas y
terminación al conjunto. Priman en él
las tonalidades características de la
cultura china: el rojo, el negro y el
amarillo. Cabe destacar que la
proyección de luz sobre cada exponente
contribuye a la captación plena de su
visualidad y potencia el recurso de las
sombras chinescas, otorgándole dinamismo
a su emplazamiento gracias al efecto de
repetición de algunos detalles. En
consecuencia, mientras el cuadrante
enriquece el dibujo, la luz refuerza el
concepto, binomio eficaz para la
expresividad de la composición.
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En
esta nueva dimensión, Flora perfila su
labor a partir de la esencia de sus
preocupaciones existenciales manteniendo
coherencia con el enunciado de su
identidad. Apela a los temas de su
pintura: el paisaje, el girasol, el mar,
el sol, la luna, el café y el gallinero,
conservando la armonía esencial de los
elementos que intervienen en la
representación de un mundo material
marcado por su experiencia personal. Al
trasladar su lenguaje artístico a la
escultura, logra un contrapunteo entre
ambas manifestaciones y consigue un
resultado estético pleno de autonomía,
al tiempo que enriquece su prolífera
actividad creativa. Con pasión y
meticuloso esmero explora su contexto
mediante el sistema alegórico de su
estética y consigue un imaginario que
provoca emociones a partir de la
simbología emanada de su reflexión,
exaltando el concepto de cubanía. De
hecho, nos convoca a disfrutar desde la
meditación y el deleite de una
tridimensionalidad pictórica que
enaltece la naturaleza y ayuda a
descubrir los beneficios emanados de
ella.
"Alboroto en el gallinero" constituye un
homenaje a la jaula de pollos y se
centra en una ventana, desde donde se ve
una pelea de gallos
—resueltos
con un fuerte colorido—,
contrastando con los tonos pasteles y
menos agresivos del resto del conjunto.
Nos muestra cómo se señorea el gallo,
patrón del gallinero, sin desestimar la
ternura depositada en una gallina
quiquiriquí, motivo de la trifulca.
Reproduce asimismo una mata de plátano,
cual emblema de un nutrido platanal,
para situar el ambiente. La armazón se
afianza con la presencia del sol y los
cambios de la luna dispuestos en lo alto
del soporte y resueltos con un virtuoso
calado en el metal.
"Mientras la luna duerme" alude a la
salida del Sol desde una propuesta
conceptual con fundamento ecológico, en
la cual la autora entroniza la energía
positiva que emana de la naturaleza al
asumir la relación armónica entre una
luna acostada y un girasol
—elementos
paradigmáticos de su poética—,
rematada con una estremecedora
representación de una de las fases de la
luna concebida con belleza, frescura,
limpieza de trazos y el típico colorido
radiante. En contraposición, "Toda la
energía viene del cielo" expresa
la fuerza de la naturaleza concebida
primordialmente en color negro
constituyéndose en una excepción al
privilegiar la presencia del individuo
—elemento
fugaz en su trabajo. Flora inserta su
propia imagen, delineada y recortada en
una plancha de metal, utiliza como
sustrato teórico la filosofía del yin y
el yan y apuesta por la influencia de la
energía astral al poner de manifiesto el
enigmático significado del vínculo del
individuo con el poder que emana del
monte.
Sin
embargo, "Lomerío" focaliza la energía
astral a partir de dos colores: amarillo
y negro para acentuar la importancia de
la luz y la sombra, entes
representativos del día y la noche,
síntesis de contrarios que se
complementan e integra una mata de
plátano para lograr un conjunto armónico
en una composición donde la línea
entrecruzada del metal le otorga
ligereza a la composición al tiempo que
facilita la circulación de aire en el
entramado.
"Huele a café" es un homenaje a
esa bebida estimulante y tributa a una
nueva versión del humilde colador,
elemento característico de su quehacer,
escoltado esta vez por las socorridas
hojas de plátano de grandes dimensiones.
En la sección superior se repite el
elemento recurrente en esta colección:
las fases de la luna, esta vez,
aludiendo al ciclo de la vida así como a
la importancia de la tradición familiar
transmitida de padres a hijos. Y "Colada
en el segundo piso" insiste en el motivo
anterior con una nueva óptica
incorporando la carencia de luz
eléctrica. Representa un edificio de
microbrigadas, cuyas ventanas aligeran
la estructura y complejizan el
tratamiento. Mientras las fases de la
luna, ubicadas en lo alto del conjunto,
cierran la disposición superior, la luz
emitida por una serie de velas, que se
perciben a través de pequeñas
perforaciones situadas en la base de la
armazón, transmiten una agradable
sensación de bienestar.
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Por
otra parte, "La pecera tropical"
representa a la Isla de Cuba expresada
desde la síntesis de lo nacional, con
una apariencia aciclonada cual si
estuviera mecida por el viento y al
movimiento de las olas, mientras una
gran estrella de mar hace gala entre los
manglares. Recuerda una leyenda
enraizada en la filosofía de sus
ancestros chinos, referida a los efectos
de la energía positiva y del equilibrio
necesario para la vida. Alude a la buena
suerte: ocho peces rojos se desplazan
hacia un lado al tiempo que un pez negro
se mueve en sentido contrario. Este
razonamiento anima su vida y sus
proyectos, y responde al concepto:
Aunque todo marche bien, siempre surge
algún inconveniente. Mientras que
"Bosque tropical" es un poema al monte
cubano donde la visión de la naturaleza
asume un papel protagónico dentro de la
composición y entre sus elementos
constitutivos se destacan las palmas y
el río
—pintado
con un tratamiento gestual en el
interior de la armazón—,
en contraste con los laterales donde el
alambrón obedece a un dibujo lineal.
Por
último, "La cafetera de jardín",
inspirada en un objeto común, resulta un
soporte ideal para colocar una planta o
un ramo de flores y garantiza el sentido
práctico de esta pieza, así como la
intención de aunar la originalidad con
el rescate de nuestras tradiciones desde
la sencillez y la delicadeza.
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Si la
originalidad de la propuesta radica en
la disposición de esta frágil figura
femenina para manejar sus conceptos
desde el punto de vista escultórico,
siendo consecuente con la temática que
distingue su ejercicio creativo, la
osadía radica en el reto de acometer el
trabajo durante dos años en Cubana de
Acero, enfrentando los ruidos y los
riesgos de esas condiciones laborales
para dar rienda suelta a la
experimentación. Dibuja cada plancha de
metal, garantiza el corte preciso, hace
uso del alambrón para reforzar la línea
y pinta cada superficie transfiriendo su
impronta, apoyada en la figuración y el
colorido propios, y manejando conceptos
espaciales que constituyen una
contribución a la integridad estructural
de la escultura. La relación intrínseca
de los espacios tanto del asunto
central, como la de los costados
adyacentes, se nutre magistralmente de
los ideogramas de la escritura china,
elemento propiciatorio de su lenguaje
expresivo, abordado mediante un logrado
poder de síntesis y demostrando su
capacidad para lograr los contornos
cerrados que garantizan la estructura
cuadrada.
A la
par, la autora ha elaborado 18 bronces
como resultado de una labor ejecutada
por un equipo de realización. Son
esculturas de pequeño formato que, si
bien no forman parte de esta muestra,
corroboran su inserción en la concepción
escultórica. Ambas colecciones apuntan a
una estrecha vinculación con su discurso
artístico y patentizan cómo inspirada en
la caligrafía china y en la filosofía
oriental, el componente asiático subyace
en su labor distintiva. Ofrecen una
recreación de su imaginería lograda
mediante la asunción de la expresión
caligráfica y la línea gestual, en cuyos
elementos clave palpita la cubanía
apresada de nuestra naturaleza,
trasladada al concepto volumétrico.
En
esta expresión sugerente, evocativa y
distintiva de su quehacer, el motivo de
inspiración de Flora es la belleza del
entorno y su significado para el
individuo. Su incursión en esta línea
expresiva es un llamado de alerta al
cuidado del medio ambiente desde una
reflexión de filiación ecológica. Nos
muestran a una artista imaginativa, que
asume el desafío de garantizar la
continuidad de sus presupuestos teóricos
conceptuales en un conjunto que
se incorpora orgánicamente a la función
social desde una intención estética.
Esta
etapa de su trabajo resulta
especialmente reveladora de su interés
por la tridimensionalidad en novedosos
proyectos donde la riqueza de la
pluralidad obedece a la aprehensión de
elementos de la vida cotidiana, tras ser
cargados de energía, misterio y
emotividad, expresando el amplio
espectro de su ejercicio creativo y la
multiplicidad y riqueza de alternativas
de sus postulados conceptuales.
Flora
apela a la capacidad de asombro que
anida en el ser humano para con su
filosofía estética ratificar el valor de
los objetos a partir de su poder de
evocación. Dignifica y eleva su alcance
y demuestra cómo el potencial de
significados contenidos en una simple
representación es transformado
ejerciendo sobre nosotros una especial
atracción. En este despliegue de
ejemplos de gran escala, abordados con
fina sensibilidad, el espectador debe
acercarse a ellos desde múltiples
perspectivas, considerando la variedad
de ángulos y el aura irradiante de cada
morfología. Reproducirlos es retenerlos,
perpetuarlos. Son mágicos, enigmáticos,
y precisamente el encanto de lo
sorpresivo, de lo absurdo o lo
conmovedor es lo que les convierte en
imprescindibles a nuestro espíritu.
Octubre de 2007 |