Año VI
La Habana

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de 2008

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Una nueva dimensión

Hortensia Montero • La Habana

 

Existe una especial fusión entre los entornos cotidianos, domésticos y la experiencia vital de la creación artística, expresada desde infinitas estrategias de abordaje, en consonancia con las posibilidades de cada sensibilidad, para atrapar y enriquecer su contexto. Dentro de ese amplio espectro, Flora Fong satisface su espiritualidad cuando se vale de asuntos que nos son familiares para palpar su hábitat desde su individualidad. Esta aventura le permite transmitir conceptos a partir de su reflejo del mundo en una interacción particular dentro de este proceso de búsqueda del ser humano para influir en el medio circundante. El resultado es una práctica de profundo contenido lírico y un reclamo para recrear la realidad desde la fantasía.  
 

La novedad de este singular repertorio nos revela nuevas pautas en su labor y planteamientos atrevidos desde el punto de vista de la realización y del resultado estético. Su antecedente se remonta a la década de los 80 cuando inicia su interés por la esencia ideográfica de la escritura china, la cual se establece como principio idóneo e inagotable de sus propuestas conceptuales. En 2005 Flora comienza a elaborar un ambicioso proyecto, cuya realización precisaba determinadas condiciones y en el cual consideraba cómo visualizar la configuración de la cometa china. Este ejercicio propició el tránsito hacia la expresión de una nueva perspectiva en su obra.
 

 

Resulta significativo que, en ocasión de la II Bienal de La Habana en 1986, la autora impartió un Taller de papalotes junto a dos especialistas chinos y esa experiencia intensificó su inquietud acerca de la tridimensionalidad de la cometa china, conocida desde niña por su padre, quien le ayudó a dar los primeros pasos en sus propósitos, que maduraron con el tiempo sentando las bases de su intención escultórica.
 

Concebidas inicialmente en maquetas, precisó cada detalle de estas obras en los dos años de organización, trámites, permisos y compra de materiales, y el 31 de mayo de 2006 inició la realización de la primera de las nueve piezas tridimensionales: siete de gran formato y dos medianas, proceso que concluyó en septiembre de 2007. Flora trabajó a pie de obra durante la ejecución de estas esculturas de formato monumental la mayoría alcanza los 2,80 metros de altura, confeccionadas con planchas de acero negro de seis milímetros de espesor y ensambladas con pasadores diseñados especialmente para ellas. Su configuración reproduce la estructura cuadrada presente en algunos caracteres de la escritura china y resulta interesante constatar que el carácter que representa al bosque sirvió de soporte estructural para sus palmas, elemento identificatorio de su poética.  
 

Mediante un dibujo lineal, firme y categórico, la artista ejecutó el diseño sobre cada lámina de metal, aprovechando la escoria para dar texturas y terminación al conjunto. Priman en él las tonalidades características de la cultura china: el rojo, el negro y el amarillo. Cabe destacar que la proyección de luz sobre cada exponente contribuye a la captación plena de su visualidad y potencia el recurso de las sombras chinescas, otorgándole dinamismo a su emplazamiento gracias al efecto de repetición de algunos detalles. En consecuencia, mientras el cuadrante enriquece el dibujo, la luz refuerza el concepto, binomio eficaz para la expresividad de la composición.

 

 

En esta nueva dimensión, Flora perfila su labor a partir de la esencia de sus preocupaciones existenciales manteniendo coherencia con el enunciado de su identidad. Apela a los temas de su pintura: el paisaje, el girasol, el mar, el sol, la luna, el café y el gallinero, conservando la armonía esencial de los elementos que intervienen en la representación de un mundo material marcado por su experiencia personal. Al trasladar su lenguaje artístico a la escultura, logra un contrapunteo entre ambas manifestaciones y consigue un resultado estético pleno de autonomía, al tiempo que enriquece su prolífera actividad creativa. Con pasión y meticuloso esmero explora su contexto mediante el sistema alegórico de su estética y consigue un imaginario que provoca emociones a partir de la simbología emanada de su reflexión, exaltando el concepto de cubanía. De hecho, nos convoca a disfrutar desde la meditación y el deleite de una tridimensionalidad pictórica que enaltece la naturaleza y ayuda a descubrir los beneficios emanados de ella.  
 

"Alboroto en el gallinero" constituye un homenaje a la jaula de pollos y se centra en una ventana, desde donde se ve una pelea de gallos resueltos con un fuerte colorido, contrastando con los tonos pasteles y menos agresivos del resto del conjunto. Nos muestra cómo se señorea el gallo, patrón del gallinero, sin desestimar la ternura depositada en una gallina quiquiriquí, motivo de la trifulca. Reproduce asimismo una mata de plátano, cual emblema de un nutrido platanal, para situar el ambiente. La armazón se afianza con la presencia del sol y los cambios de la luna dispuestos en lo alto del soporte y resueltos con un virtuoso calado en el metal.

 

"Mientras la luna duerme" alude a la salida del Sol desde una propuesta conceptual con fundamento ecológico, en la cual la autora entroniza la energía positiva que emana de la naturaleza al asumir la relación armónica entre una luna acostada y un girasol elementos paradigmáticos de su poética, rematada con una estremecedora representación de una de las fases de la luna concebida con belleza, frescura, limpieza de trazos y el típico colorido radiante. En contraposición, "Toda la energía viene del cielo" expresa la fuerza de la naturaleza concebida primordialmente en color negro constituyéndose en una excepción al privilegiar la presencia del individuo elemento fugaz en su trabajo. Flora inserta su propia imagen, delineada y recortada en una plancha de metal, utiliza como sustrato teórico la filosofía del yin y el yan y apuesta por la influencia de la energía astral al poner de manifiesto el enigmático significado del vínculo del individuo con el poder que emana del monte. 
 

Sin embargo, "Lomerío" focaliza la energía astral a partir de dos colores: amarillo y negro para acentuar la importancia de la luz y la sombra, entes representativos del día y la noche, síntesis de contrarios que se complementan e integra una mata de plátano para lograr un conjunto armónico en una composición donde la línea entrecruzada del metal le otorga ligereza a la composición al tiempo que facilita la circulación de aire en el entramado.
 

"Huele a café" es un homenaje a esa bebida estimulante y tributa a una nueva versión del humilde colador, elemento característico de su quehacer, escoltado esta vez por las socorridas hojas de plátano de grandes dimensiones. En la sección superior se repite el elemento recurrente en esta colección: las fases de la luna, esta vez, aludiendo al ciclo de la vida así como a la importancia de la tradición familiar transmitida de padres a hijos. Y "Colada en el segundo piso" insiste en el motivo anterior con una nueva óptica incorporando la carencia de luz eléctrica. Representa un edificio de microbrigadas, cuyas ventanas aligeran la estructura y complejizan el tratamiento. Mientras las fases de la luna, ubicadas en lo alto del conjunto, cierran la disposición superior, la luz emitida por una serie de velas, que se perciben a través de pequeñas perforaciones situadas en la base de la armazón, transmiten una agradable sensación de bienestar.
 

 

Por otra parte, "La pecera tropical" representa a la Isla de Cuba expresada desde la síntesis de lo nacional, con una apariencia aciclonada cual si estuviera mecida por el viento y al movimiento de las olas, mientras una gran estrella de mar hace gala entre los manglares. Recuerda una leyenda enraizada en la filosofía de sus ancestros chinos, referida a los efectos de la energía positiva y del equilibrio necesario para la vida. Alude a la buena suerte: ocho peces rojos se desplazan hacia un lado al tiempo que un pez negro se mueve en sentido contrario. Este razonamiento anima su vida y sus proyectos, y responde al concepto: Aunque todo marche bien, siempre surge algún inconveniente. Mientras que "Bosque tropical" es un poema al monte cubano donde la visión de la naturaleza asume un papel protagónico dentro de la composición y entre sus elementos constitutivos se destacan las palmas y el río pintado con un tratamiento gestual en el interior de la armazón, en contraste con los laterales donde el alambrón obedece a un dibujo lineal. 
 

Por último, "La cafetera de jardín", inspirada en un objeto común, resulta un soporte ideal para colocar una planta o un ramo de flores y garantiza el sentido práctico de esta pieza, así como la intención de aunar la originalidad con el rescate de nuestras tradiciones desde la sencillez y la delicadeza.
 

  

Si la originalidad de la propuesta radica en la disposición de esta frágil figura femenina para manejar sus conceptos desde el punto de vista escultórico, siendo consecuente con la temática que distingue su ejercicio creativo, la osadía radica en el reto de acometer el trabajo durante dos años en Cubana de Acero, enfrentando los ruidos y los riesgos de esas condiciones laborales para dar rienda suelta a la experimentación. Dibuja cada plancha de metal, garantiza el corte preciso, hace uso del alambrón para reforzar la línea y pinta cada superficie transfiriendo su impronta, apoyada en la figuración y el colorido propios, y manejando conceptos espaciales que constituyen una contribución a la integridad estructural de la escultura. La relación intrínseca de los espacios tanto del asunto central, como la de los costados adyacentes, se nutre magistralmente de los ideogramas de la escritura china, elemento propiciatorio de su lenguaje expresivo, abordado mediante un logrado poder de síntesis y demostrando su capacidad para lograr los contornos cerrados que garantizan la estructura cuadrada.
 

A la par, la autora ha elaborado 18 bronces como resultado de una labor ejecutada por un equipo de realización. Son esculturas de pequeño formato que, si bien no forman parte de esta muestra, corroboran su inserción en la concepción escultórica. Ambas colecciones apuntan a una estrecha vinculación con su discurso artístico y patentizan cómo inspirada en la caligrafía china y en la filosofía oriental, el componente asiático subyace en su labor distintiva. Ofrecen una recreación de su imaginería lograda mediante la asunción de la expresión caligráfica y la línea gestual, en cuyos elementos clave palpita la cubanía apresada de nuestra naturaleza, trasladada al concepto volumétrico.
 

En esta expresión sugerente, evocativa y distintiva de su quehacer, el motivo de inspiración de Flora es la belleza del entorno y su significado para el individuo. Su incursión en esta línea expresiva es un llamado de alerta al cuidado del medio ambiente desde una reflexión de filiación ecológica. Nos muestran a una artista imaginativa, que asume el desafío de garantizar la continuidad de sus presupuestos teóricos conceptuales en un conjunto que se incorpora orgánicamente a la función social desde una intención estética.  
 

Esta etapa de su trabajo resulta especialmente reveladora de su interés por la tridimensionalidad en novedosos proyectos donde la riqueza de la pluralidad obedece a la aprehensión de elementos de la vida cotidiana, tras ser cargados de energía, misterio y emotividad, expresando el amplio espectro de su ejercicio creativo y la multiplicidad y riqueza de alternativas de sus postulados conceptuales. 
 

Flora apela a la capacidad de asombro que anida en el ser humano para con su filosofía estética ratificar el valor de los objetos a partir de su poder de evocación. Dignifica y eleva su alcance y demuestra cómo el potencial de significados contenidos en una simple representación es transformado ejerciendo sobre nosotros una especial atracción. En este despliegue de ejemplos de gran escala, abordados con fina sensibilidad, el espectador debe acercarse a ellos desde múltiples perspectivas, considerando la variedad de ángulos y el aura irradiante de cada morfología. Reproducirlos es retenerlos, perpetuarlos. Son mágicos, enigmáticos, y precisamente el encanto de lo sorpresivo, de lo absurdo o lo conmovedor es lo que les convierte en imprescindibles a nuestro espíritu. 
 

Octubre de 2007            

 

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La Habana, Cuba. 2008.
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