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Para muchos dividir el arte en
generaciones es a veces reducirlo. Para
otros, separar a los artistas en grupos,
tendencias, formas de llevar la vida al
lienzo o la escultura es también una
forma de de desnudar una época. De mirar
desde otro lado para reflejar los
tiempos y la gente desde la semilla de
las artes.
Los años pasan y nuevos pinceles
intentan re-ver al mundo, al hombre y a
esa partícula en la nada que llamamos
vida. Las generaciones perduran por sus
obras, por esos rasgos que inspiraron
las épocas, por esas realidades que
hicieron coincidir a un manojo de
hombres en el tiempo y el espacio.
La década del 70 fue de rupturas y de
cambios, de búsquedas de horizontes y
futuros inciertos, de dudas y manos
duras. Cuando despertaban las
decepciones y en el corazón de la gente
se apagaban los cantos triunfales, un
grupo de vienteañeros creía todavía(y
todavía creen) que podían cambiar con su
arte los derroteros de Cuba y, tal vez,
del mundo. Flora, Pedro Pablo, Nelson,
Fabelo, Zaida, Choco, Ever… para muchos
formaron una “generación del desencanto”
. Sus obras han sido siempre motivos de
pasión y de rechazo. Tal vez porque
desde miradas muy personales y
controvertidas han intentado reflejar el
“espíritu de su tiempo.”
Ha pasado en el mundo y también en la
Cuba nuestra, que las generaciones se
han superado o peor aun, se han agotado
en sus temas y su forma de crear. Pero
estos artistas de los 70, como muchos,
se niegan a consumirse en la rutina de
lo mismo y cada año nos sorprenden (para
bien o para mal) con nuevas dimensiones
de su arte.
Flora Fong ha llenado por estos días la
sala transitoria del Museo Nacional de
Bellas Artes con nueve esculturas de
acero, pintadas con sus símbolos de
siempre.
Algunos de sus hermanos de generación y
de arte, de aquellos muchachos inquietos
que parieron los años 70, nos hablan
ahora de las dimensiones artísticas y
humanas de Flora:
La obra de Flora se inserta en lo más
genuino de la cubanía, sus cuadros están
llenos de símbolos de lo que somos como
nación, una mezcla de lo cubano y de lo
chino y de otras nacionalidades. Desde
sus coladeras de café hasta los ciclones
que cada años nos dan un colazo, se
encuentra en sus obras esos elementos
identitarios que nos hacen nación. Es
muy interesante su búsqueda de lo
cotidiano, que lo representa con mucha
fuerza en sus cuadros.
Sobre su incursión en la escultura
pienso que es una muestra de la fuerza
de nuestra generación, de que no nos
hemos agotado, de que todavía estamos
vivos y seguimos dando de qué hablar. Ya
es un paso que alguno de nosotros había
dado. Ya lo habían hecho Nelson, Oliva o
yo mismo. En este caso llama la
atención que están hechas por una mujer.
Yo creo en fin que eso es una
manifestación de la fuerza de nuestra
pintura. Creo que nuestros cuadros
siempre han logrados nuevas dimensiones,
entonces porqué no probar con la
escultura, por qué no intentar llevar
esa vitalidad de los cuadros a una
tercera dimensión.
(Eduardo Roca,
Choco, artista de la plástica)
En primer lugar la admiro como mi amiga
y como mujer .Ella ha logrado con
símbolos tradicionales asiáticos y el
mundo que la rodea en esta isla, una
figuración personal donde resalta el uso
plano del color, línea y la simplicidad
del mensaje.
(Zaida del Río, artista
de la plástica) |