|
Animar es dar movimiento, vida, a partir
de imágenes fijas, según indica el
diccionario. Al leerlo así, sin
contexto, podría pensarse que junto al
proceso de dominar los artificios
técnicos, la faena frente al papel en
blanco es pura simpleza. Pero en Cuba,
Elpidio Valdés demostró lo contrario. Su
creador, Juan Padrón, logró todo un
universo de dibujos madurados,
“sazonados” con humor, colorido y gracia
criolla, que marcan un antes y un
después en la animación cubana.
Y, claro está… todo empezó por el papel
en blanco.
Frente a la nada
Resulta interesante descubrir que
Elpidio Valdés no nació en aquella
manigua cuadrada y sin colores donde
muchos lo vimos por primera vez. Antes
que en la televisión, Elpidio fue un
personaje secundario en una historieta
de samuráis: Kashibashi.
El proceso de trasladar de un soporte a
otro no parece nada simple:
“La historieta y el animado se parecen
mucho pues hay que seleccionar los
ambientes, la caracterización y diálogos
de cada personaje; estudiar los
encuadres... Pero hasta ahí –afirma Juan
Padrón-. Son distintas y requieren, cada
una, un lenguaje diferente. (…) En mi
caso, nunca quedo totalmente a gusto con
las adaptaciones.”
Con todos esos “peros”, Elpidio salió de
la historieta a conquistar pantallas. En
su momento -y en el nuestro- representó
una alternativa a los cánones
comerciales. Sin embargo, sorprende que
el propio trabajo de Disney impulsara a
Padrón en el resultado: “Decía que lo
demás salía solo, que si uno tenía un
buen guión y una buena puesta en escena
ya tenía hecha la película. Hasta que no
comprobé que era cierto, no le daba
mucha importancia al guión dibujado y no
me salieron mejores los Elpidios. Así
que, al contrario, estudié a los
clásicos comerciales todo lo que pude.
También pienso que si quieres competir
con los Disney, tienes que pelear en su
terreno y con muchos de los elementos
que usan”.
Luz…o color verde a Elpidio.
Las aventuras de Elpidio Valdés
conquistaron la pantalla cubana y se
convirtieron en el primer largometraje
de animación hecho en Cuba. En 1974, era
todo un reto desde el punto de vista del
trabajo con animados.
Sin embargo, para los jóvenes que hoy
invaden los Estudios del ICAIC, no hay
nada que cambiarle a ese primer intento:
“No le cambiaría ni un fragmento, nada,
nada. Es genial -comenta Javier
González-, tiene ese sello de Juan
Padrón que no lo cambia ni la
computadora más moderna…incluso, creo
que ni siquiera ha sido superada”.
Para su creador y director, las cosas
son distintas: “Si uno ve las películas,
nota como van mejorando cada vez más,
como van superando los defectos y
errores”.
Los años pasan y el hombre perfecciona
cada vez más la técnica, todo por hacer
el trabajo más fácil y de mayor
calidad. A los Estudios de Animación
del ICAIC llegó la era de la
digitalización, pero no todos parecen
convencerse de que esta renovación haya
sido un avance para Elpidio:
Para Manuel Guerra, animador desde hace
14 años, el personaje perdió la gracia:
“Lo último que se hizo lo perdió todo.
Lo más triste es que he tenido que
trabajar en ello, y no lo soporto. Sin
Juan dirigiendo, nada es igual. Elpidio
se volvió didáctico, algo que nunca
había sido”.
“Es que no se puede explotar el
desarrollo…y tenemos un problema grave
con los colores, que hacían de Elpidio
algo singular. Ahora todos tienen los
mismos colores, es como si le sacaran el
pie”, considera Javier González.
Cada uno de estos jóvenes trabaja con la
técnica tradicional; pero no sucede
igual con quienes lo hacen en el
departamento de “Flash”, donde se
digitalizan los dibujos para darles
color y movimiento a través de la
computadora: “¿Elpidio Valdés?, eso
está viejo ya…hay que fijarse en lo
nuevo”, dice un joven animador.
Juan Padrón expone su criterio: “Los
digitales no los dirigí yo; y por mucho
que se esforzaron mis compañeros, no les
quedaron igual a los que hago yo.
Además, cayeron en la tentación de
ponerles efectos de luces, etc. que no
llevaban los hechos en acetato. Pero
veremos como me quedan a mí mismo los
Elpidio en la técnica digital.”
A pesar de todo cambio, Elpidio Valdés
ha traspasado conflictos generacionales
y se ha convertido en escuela.
Juan Padrón solo elogia lo que bien
domina: “A Elpidio lo distingue el
guión, los diálogos y las voces sin
efectos artificiales. El sonido real de
muchos ruidos y el montaje siempre
picado y rápido.” Pero su increíble
modestia reconocer más allá: “Si se hizo
escuela fue una cosa colectiva (…) eso
te lo pueden responder otros, mejor que
yo”.
Los “otros” lo admiten sin titubear:
“Sí, sí, seguro que es una escuela.
Aunque hay otros creadores geniales,
como Tulio, Elpidio…o la obra completa
de Juan Padrón es el tope.” (Sila
Herrera, Directora de Animación y
fundadora de los Estudios).
Lo han demostrado todos, animar no es
cosa fácil. A los espectadores
inconformes con algunos resultados, solo
nos queda esperar. Tal vez la tecnología
moderna le devuelva el encanto; de todas
formas, Elpidio será siempre el que
lleva el sello de su creador y los
colores de Gisela González, el del
chiste pensado y la enseñanza oculta
pero efectiva. Tal vez por eso, a su
muerte no le teme ni el mismísimo
Padrón: “Pienso que sí, que es posible,
y espero que aparezcan otros personajes
mambises, con igual o mayor calidad”. |