Año VI
La Habana

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de 2008

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Elpidio fue un samurai

Marianela González e Idalmis León • La Habana
Fotos:
Archivo

 

Animar es dar movimiento, vida, a partir de imágenes fijas, según indica el diccionario. Al leerlo así, sin contexto, podría pensarse que junto al proceso de dominar los artificios técnicos, la faena frente al papel en blanco es pura simpleza. Pero en Cuba, Elpidio Valdés demostró lo contrario. Su creador, Juan Padrón, logró todo un universo de dibujos madurados, “sazonados” con humor, colorido y gracia criolla, que marcan un antes y un después en la animación cubana.

Y, claro está… todo empezó por el papel en blanco.

Frente a la nada

Resulta interesante descubrir que Elpidio Valdés no nació en aquella manigua cuadrada y sin colores donde muchos lo vimos por primera vez. Antes que en la televisión, Elpidio fue un personaje secundario en una historieta de samuráis: Kashibashi.

El proceso de trasladar de un soporte a otro no parece nada simple:

“La historieta y el animado se parecen mucho pues hay que seleccionar los ambientes, la caracterización y diálogos de cada personaje; estudiar los encuadres... Pero hasta ahí –afirma Juan Padrón-. Son distintas y requieren, cada una, un lenguaje diferente. (…) En mi caso, nunca quedo totalmente a gusto con las adaptaciones.”

Con todos esos “peros”, Elpidio salió de la historieta a conquistar pantallas. En su momento -y en el nuestro- representó una alternativa a los cánones comerciales. Sin embargo, sorprende que el propio trabajo de Disney impulsara a Padrón en el  resultado: “Decía que lo demás salía solo, que si uno tenía un buen guión y una buena puesta en escena ya tenía hecha la película. Hasta que no comprobé que era cierto, no le daba mucha importancia al guión dibujado y no me salieron mejores los Elpidios. Así que, al contrario, estudié a los clásicos comerciales todo lo que pude. También pienso que si quieres competir con los Disney, tienes que pelear en su terreno y con muchos de los elementos que usan”.

Luz…o color verde a Elpidio.

Las aventuras de Elpidio Valdés conquistaron la pantalla cubana y se convirtieron en el primer largometraje de animación hecho en Cuba. En 1974, era todo un reto desde el punto de vista del trabajo con animados.

Sin embargo, para los jóvenes que hoy invaden los Estudios del ICAIC, no hay nada que cambiarle a ese primer intento: “No le cambiaría ni un fragmento, nada, nada. Es genial -comenta Javier González-, tiene ese sello de Juan Padrón que no lo cambia ni la computadora más moderna…incluso, creo que ni siquiera ha sido superada”.

Para su creador y director, las cosas son distintas: “Si uno ve las películas, nota como van mejorando cada vez más, como van superando los defectos y errores”.

Los años pasan y el hombre perfecciona cada vez más la técnica, todo por hacer el trabajo más fácil y de mayor calidad.  A los Estudios de Animación del ICAIC llegó la era de la digitalización, pero no todos parecen convencerse de que esta renovación haya sido un avance para Elpidio:  

Para Manuel Guerra, animador desde hace 14 años, el personaje perdió la gracia: “Lo último que se hizo lo perdió todo. Lo más triste es que he tenido que trabajar en ello, y no lo soporto. Sin Juan dirigiendo, nada es igual. Elpidio se volvió didáctico, algo que nunca había sido”.

“Es que no se puede explotar el desarrollo…y tenemos un problema grave con los colores, que hacían de Elpidio algo singular. Ahora todos tienen los mismos colores, es como si le sacaran el pie”, considera Javier González.

Cada uno de estos jóvenes trabaja con la técnica tradicional; pero no sucede igual con quienes lo hacen en el departamento de “Flash”, donde se digitalizan los dibujos para darles color y movimiento a través de la computadora: “¿Elpidio Valdés?,  eso está viejo ya…hay que fijarse en lo nuevo”, dice un joven animador.

Juan Padrón expone su criterio: “Los digitales no los dirigí yo; y por mucho que se esforzaron mis compañeros, no les quedaron igual a los que hago yo. Además, cayeron en la tentación de ponerles efectos de luces, etc. que no llevaban los hechos en acetato. Pero veremos como me quedan a mí mismo los Elpidio en la técnica digital.”

A pesar de todo cambio, Elpidio Valdés ha traspasado conflictos generacionales y se ha convertido en escuela.

Juan Padrón solo elogia lo que bien domina: “A Elpidio lo distingue el guión, los diálogos y las voces sin efectos artificiales. El sonido real de muchos ruidos y el montaje siempre picado y rápido.”  Pero su increíble modestia reconocer más allá: “Si se hizo escuela fue una cosa colectiva (…) eso te lo pueden responder otros, mejor que yo”.

Los “otros” lo admiten sin titubear: “Sí, sí, seguro que es una escuela. Aunque hay otros creadores geniales, como Tulio, Elpidio…o la obra completa de Juan Padrón es el tope.” (Sila Herrera, Directora de Animación y fundadora de los Estudios).

Lo han demostrado todos, animar no es cosa fácil. A los espectadores inconformes con algunos resultados, solo nos queda esperar. Tal vez la tecnología moderna le devuelva el encanto; de todas formas, Elpidio será siempre el que lleva el sello de su creador y los colores de Gisela González, el del chiste pensado y la enseñanza oculta pero efectiva. Tal vez por eso, a su muerte no le teme ni el mismísimo Padrón: “Pienso que sí, que es posible, y espero que aparezcan otros personajes mambises, con igual o mayor calidad”.
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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