Año VI
La Habana
2008

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Otro patio para la canción
Bladimir Zamora Céspedes • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)
 
 

Durante muchos años la intercepción de las calles Quinta y D, del capitalino barrio de El Vedado, solo alcanzaba una particular importancia en mis itinerarios, porque precisamente muy cerca de una de sus esquinas estuvo situada la casa en la que pasó sus últimos días el Generalísimo Máximo Gómez, y allí murió el 17 de junio de 1905. Y mire usted lo que son los sucederes del tiempo, ahora cada vez que cruce por allí no me olvidaré del maestro de nuestros guerreros, pero por lo menos los últimos viernes de cada mes podré también asistir a las presentaciones que se harán por allí, en uno que han bautizado, con la venia de Lezama Lima, como El patio de Baldovina.

Se ha podido lograr este otro pulmón en La Habana para la canción de autor, porque desde hace muy poco en esa dirección ha quedado establecida la nueva sede de La Jiribilla, o quizá de las jiribillas. La que hace ya muchos años campea en los cuatro vientos del ciberespacio y “la de papel”, su parienta más cercana.

No niego que estoy entre quienes le cogieron un especial apego a la habitación reducida donde nació La Jiribilla. Allí al fondo y a la derecha de la planta baja del Palacio del Segundo Cabo, se fraguó esta publicación con un entusiasmo de sus miembros y colaboradores, que no pocas veces llegó a los lindes de la consagración. Por ello se reconoció enseguida fuera y dentro de la Isla como un medio poderoso para decir desde nosotros mismos, quiénes somos y qué hacemos.

Sin abandonar nunca los temas más intrincados de la política, la historia, la filosofía y cuanta disciplina teórica sea meritorio atender; la revista llamó desde sus primeros días a cuanto  trovador le pasara cerca, y lo convocó a cantar en el patio del Palacio, o en los parques aledaños o en las casas de cualquier “trovadicto”. Y en cuanto pudo hizo sonar sus músicas para todo el mundo.

Ahora que La Jiribilla tiene casa nueva y patio espléndido, es lo más lógico que no quiera perder de su práctica social las mejores tradiciones que perfiló en La Habana Vieja. Y el hecho es que llena de felicidad que el pasado 28 de marzo, en un coro apretado de compañeros y amigos, arrancarán los jolgorios en El Patio de Baldovina. Esta vez pudimos escuchar viejas y nuevas canciones a Karel García, que hace tiempo está radicado en España, y a sus coetáneos Inti Santa y Fernando Bécquer.  Cerró la fiesta el animador de La Séptima Cuerda, Adrián Berazaín.  Pasaba el tiempo y uno ni se daba cuenta, porque una vez más se pudo disfrutar la intensa diversidad que muestran nuestros trovadores. 

En las palabras del programa se puede leer: “Este espacio para la difusión de jóvenes intérpretes de la canción cubana propone también el intercambio abierto entre el público y los invitados sobre diversos temas del universo cultural”. Me parece muy importante dar a conocer esas otras posibilidades del sitio, porque creo que a la tal Baldovina le debe interesar que todo el universo cultural y del pensamiento que de continuo deja su huella en La Jiribilla, pueda expresarse en estos encuentros, incluyendo la presentación de La Jiribilla de papel. Claro, siempre con el tono desembarazado que reina en las buenas descargas.

La muy gentil amiga y parcial constante de la trova, Marihué Fong, estará a cargo del espacio, y aseguró que lo de mensual es por ahora, pero que nada impide en un futuro podernos ver allí, en lo de Baldovina, con más frecuencia. Qué así sea.

 
 
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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