Año VI
La Habana
2008

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Deportes
Amado del Pino • La Habana

El gran poeta Nicolás Guillén se preguntaba una vez qué sabía él de deportes. A pesar de que confesaba confundir los rudimentos del boxeo, logró un espléndido poema, en el que (sin el texto delante) recuerdo el elogio a Martín Dihigo, pelotero legendario que se desempeñó con eficacia en todas las posiciones de un campo de béisbol.

También Fina García Marruz –mi preferida entre las mujeres poetas- habla alguna vez del deporte nacional nombrando como nadie ese jonrón que levanta las gradas delirantes. Pablo de la Torriente, desde la prosa y desde su propio sudor, nos dejó elogios y reflexiones sobre los que afinan sus músculos y destrezas para felicidad de los demás.

Yo he sido un deportista con resultados pésimos en la práctica, aunque de aceptables logros en la tertulia callejera o la peña de amigos. Como protagonista sólo tuve algunas tardes de gloria en el tenis de mesa, pero con un bate en la mano o a la hora de recibir un saque de voleibol no acumulo ningún recuerdo edificante. En cierta competencia con mis entrañables estudiantes de Periodismo de una década atrás, sólo me destaqué devorando dulces en la enloquecida celebración del partido.

Habré contado alguna vez el orgullo que me produjo acceder a las páginas del diario en el que trabajaba en los ochenta con un texto sobre pelota. Raúl Arce –que era y es un rotundo especialista en nuestro deporte nacional- andaba de viaje, cubriendo alguna competencia de esas que dejan sin sueño a La Habana. Entré al departamento de diseño para estar junto a los magos de esa especialidad en el emplane de la página de Cultura. Veo que la máquina me pone en rojitas la palabra con la que nombrábamos aquella delicada operación de meter el texto y las fotos en una pauta fija, una de las prácticas que la computación ha condenado al museo. Pues bien, en esa madrugada de antigua práctica editorial, el colega que se encargaba de los deportes comentó que andaba escaso de fuerzas en su equipo. Inmediatamente me brindé para asumir un par de jornadas del campeonato juvenil.

Hace unos veinte años se llevaba, se usaba, estaba de moda contraponer el deporte al arte. Ahora, por suerte, parece imponerse la idea de que en la fiesta del músculo hay mucho de espectáculo y hasta de disfrute estético. En algunos países se abusa de los detalles en la información y promoción de un par de deportes, en contra del destaque de otras actividades. Pero –aunque me impacienta que un telediario dedique 15 de sus cuarenta minutos al fútbol- en mí sigue siendo más fuerte la defensa del entretenimiento, la ilusión, la compañía que los deportistas nos regalan.
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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