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La culpa
Adán
la vio primero
incitó
insistió
a la llegada de Dios no quise culparlo
pensé que en el último momento
de ser preciso
él diría la verdad
le
miré a los ojos
cuando Dios lanzó la pregunta
intuí el peligro
me sentí desnuda
el
índice de Adán se levantó contra mí
Dios
no es tonto
y conoce muy bien a sus hijos
pero siempre nos ha dejado elegir
nos
miró con tristeza
e impartió justicia
al
final
fue mejor así
él no hubiera soportado
El
séptimo día
Dios
conoció mi insomnio
sonrió como
si esperara desde siempre mi necesidad
y dijo
hágase
abrió mis carnes
junto a la costilla
señaló lo más valioso
multiplicó
exhalé agradecida
vi que todo cuanto había
hecho
es
bueno
El
nuevo principio
El
universo se ensancha
un latido prístino
definitivo
me habita
su
simiente
ha penetrado en mi sangre
hasta viscerarme la más blanca alegría
el
blando susurro del agua
sobre la desnudez de nuestro abrazo
la tersura
el labio
el pistilo de luz
entibian mi vientre
en la
calma de este reposo
siento correr un nuevo aliento
puedo palpar el destello
he
visto a Dios en el silencio
Adán
Puedo
marcar un nombre en tu frente
como quien sella el futuro
mirarte a los ojos
disimular cuánto he entregado
para ver elevarse del polvo
el preciado regalo
divino antídoto de mi antigua soledad
puedo
enfrentar el peligro de disfrutarte
olvidar tus descuidos de criatura
reciente
mientras resguardo la quietud en el
descanso de tus párpados
incluso
sonreír indulgente cuando presumas de
cierta primacía
como una madre que perdona
las nimiedades del hijo
y le corrige las ínfulas en el amor
no lo
esperes todo
debo
callarme cuánto he cedido
y asumir el riesgo
no he
de revelar
cuánto
si hubiera sido preciso
en lugar de la costilla
La conquista del fuego
No había otra forma de inventar la luz
noche cerrada
amenazaba el frío
en la caverna tiritaban las sombras
una danza de fieras se acompasaba
en cerco
ya cerca
hambre
dentro y fuera de las piedras
temblaban
aquellas entrarán en cualquier momento
una sola
basta para saciar
la vida o la
muerte
la oscuridad
decidirá la pelea
fuera
rabia fauces
dentro
miedo silencio
apretaron los cuerpos
frotaron
se fundieron
la primera chispa
Atenea mediante
Aún soy ánfora
vacía
me han guardado al
mejor premio
y mía ha de ser la gloria de saciar al
vencedor
Atenea descansa en mi vientre
mi
elegancia y el peplo de la diosa
peligran de idéntica languidez
la
fragilidad de mi textura aguarda el gran
final
y la vigilia desespera el golpe del
aceite
apresúrate atleta
no
flaquees en
el salto
Poesía tomada
de
Del diario de Eva y otras prehistorias.
Yanelys Encinosa Cabrera.
(Pinar
del Río,
27 de diciembre de 1983).
Licenciada en Letras en la Facultad de
Artes y Letras de la Universidad de La
Habana. Actualmente trabaja en el
departamento de creación literaria del
centro Dulce María Loynaz. Reseñas suyas
han sido publicadas en revistas como
La Letra del Escriba y Cuba
Literaria. Mereció el Premio Cauce
de Ensayo 2006 con el trabajo “La rueda
de la fortuna o el infortunio del
círculo”. Las poesías publicadas forman
parte del
poemario
Del diario de Eva y otras
prehistorias
merecedor
del Premio David de Poesía 2007. |