Año VI
La Habana

5 al 11 de ABRIL
de 2008

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Caricatura: arte de circunstancias

Axel Li • La Habana

 
Cuando uno procura entender el pasado, o al menos profundizar en él, deberá prestársele atención a cualquier pista de interés. Así, más de una vez he escuchado que el célebre gallego Posada —por ejemplo— solía ser muy receloso con los originales de sus dibujos, caricaturas, grabados…. Por suerte, la filosofía de José Luis Posada en torno a sus obras quedó documentada por escrito, aunque fuese en una arista mínima.
 


Benny Moré por Tony López

Esto expresó Posada en una entrevista sobre ese afán de preservar su arte bidimensional: "Era una ambición más que una disciplina… Vamos a suponer que se nos ocurra reunir obras de los humoristas que han hecho esta nación. Quiero que sepas que no existen… Juan David, por ejemplo, no existe (…) ¿Cómo tú puedes decir que existe? Cuando uno muere lo que existe es lo que uno deja, lo que ha hecho. Pero si quieres hacer una colección de Juan David ¿dónde está? ¿Cuál es el humorista, antes de Juan David en la historia republicana? Blanco. Vete a buscar 50 dibujos de Blanco y enséñamelos, ¿cómo demuestras que existió?: Rafael Blanco no existe. Lo que pasa es que yo soy un cabrón. Inevitablemente me van a tener que tragar por muchos siglos, pero me entristece no acompañar a Blanco, a David, a Torrientes (sic). Te das cuenta de que el caldo tiene muchos ingredientes, pero le faltan los principales… nunca va a llegar a ser caldo, ni va a ser una caldosa para un gorrión para que lo sepas. No puedes evitarlo, ya no están".1

Originales de Juan David, Rafael Blanco y otros nombres más, existen, pero no en cantidad suficiente como deseaba o pensaba el gallego Posada. Tal vez, ahora mismo por esa ambición sana, contemos con más originales suyos en lugar de los de aquellos otros dos caricaturistas. Pero, no, aclaremos, ese posible caos en torno a las obras originales de Blanco y David no es tan así, según lo vislumbró Posada. No es el caso de ellos. Por suerte, en varios sitios —institucionales, privados— flamean a la vista pública o dormitan guardados los grafismos, las temáticas e intenciones de estos dos principales de la caricatura cubana.

Al menos en Cuba la historia de la caricatura es mayoritariamente el discurso visual que logre hilvanarse a través de las copias que aún perduran en la prensa periódica. Y ese pasado visual depende, en parte, de la conciencia surgida por guardar el patrimonio bibliográfico. De algo similar estaba quejándose el gallego Posada: la dejadez de los mismos caricaturistas respecto a sus creaciones y al importante sentido de la preservación que ellos debieran adquirir y tener.

La caricatura cubana como género artístico es suficiente en copias u originales. Lo importante es la información visual, amén de su naturaleza. El gran público cubano está más habituado a interactuar con el humor gráfico a partir de una publicación y de una exposición, en lugar de hacerlo en el recinto de un museo (cubano), donde todo se aprecia sacramente y donde es poco habitual apreciar caricaturas de manera permanente. Con el Palacio de Bellas Artes, ahora Museo Nacional de Bellas Artes, Cuba tuvo por unos escasos años a la caricatura en su perímetro de exhibición desde 1955. Luego, a partir de 1979, tendría el honor de tomar esta función legitimadora el Museo del Humor, ubicado en San Antonio de los Baños, La Habana.2 Ambos sitios han servido más bien para atesorar originales que para mostrarlos ininterrumpidamente. Existe y tenemos, por tanto, un patrimonio de caricaturas originales que está reservado a los ojos de una minoría, porque a las bóvedas de Bellas Artes no todos pueden entrar, como es lógico, y la ida a San Antonio de los Baños se torna un viaje de pericia para quienes allí no viven y, quienes además, apenas están saturados del mito creado a fines de los años 70 que promueve el criterio de que esa localidad habanera es la Villa del Humor… de Cuba. (Se sobrentiende entonces que el resto del país es la gran urbe del humor nacional o cubano, ¿no?). Mientras, la caricatura pasea por nuestras manos con un periódico o una revista, podemos coleccionarla si es de nuestro interés, aun cuando se trate de una de índole digital. Es lo más rico, y nos llega sin avisar, a diferencia de un museo, a donde sí se debe ir por deseo.


Luis Carbonell: una de las primeras representaciones caricaturescas que Tony López le realizara en yeso

Varios caricaturistas se han despreocupado por el destino futuro de sus trazos. A veces da igual si perdura el original, pero en otras ocasiones no ocurre igual. Hoy por hoy, basta con un indicio. Vital es que contemos con una pista tangible, que nos brinde la posibilidad de interactuar directamente con la imagen de la obra, aunque para ello tengamos que rastrear colecciones «enteras» de publicaciones periódicas hasta el cansancio o solicitar permiso en el mismísimo Museo Nacional de Bellas Artes para ver incluso lo que allí atesoran en bóveda en materia de caricatura (cubana). Lo demás es un preciosismo utópico, entre otras razones, porque en ocasiones —yo diría que muchas veces— no han trascendido para los investigadores y curiosos los archivos personales de nuestros caricaturistas. Por consiguiente, cuanto ellos hicieron estará sujeto al exhaustivo rastreo y también al adentrarse en una aventura de arqueología visual en todas direcciones.

Mientras en otras geografías del planeta existen inclusive avances sustanciosos sobre historia de la caricatura (regional), todavía en esta ínsula estamos en la fase del gateo, porque la caricatura cubana resulta una asignatura pendiente de los estudios crítico-historiográficos. Por supuesto, algo ha sido realizado, pero no es suficiente, no ha sido aún suficiente. Lo sabemos porque ignoramos puntos básicos, principios obvios, datos elementales, premisas necesarias, exégesis concienzudas… En resumidas cuentas, nos faltan las biografías de nuestros caricaturistas y sus etapas gráficas y hasta sus medulares creaciones. Y no tanto hablamos de los imprescindibles y/o los conocidos (a medias). Me vuelvo a repetir, desde la publicación del libro Escultura en Cuba siglo XX (2005), a la caricatura o humorismo gráfico le corresponde el "honor" de ser la nueva Cenicienta de las artes visuales cubanas.

El pasado de nuestra caricatura exige en demasía de la faena de arqueología visual: rastrear, señalar, puntualizar, argumentar, acotar, priorizar, decantar… También así tendríamos una idea —aproximada— de la visualidad de cuanto ha sido en esta isla a través de la caricatura en las publicaciones periódicas y las exhibiciones humorísticas. Son dos caminos para lograr saber y retener lo esencial, lo intermedio, lo mediano, lo riguroso, lo mediocre sobre humorismo gráfico cubano. Buscar y ver se tornan facultades para los interesados que, al final, serán los encargados de socializar y retomar el suceso visual divulgado en un contexto social otro. Se trata de la caricatura como documento y arte, como posibilidad de reafirmación formal de un hecho que resulta interesante, incluso desde nuestra actual perspectiva.

Desde el siglo XIX entramos en sintonía en esta isla con el humor gráfico, porque el humor cotidiano, el de boca a boca, el de oído a oído, es muy anterior. Extranjeros y cubanos, juntos y por separados, dieron los pasos primeros para hacer de esta ínsula un sitio común del dibujo humorístico. Ocurrido esto, el público nació para este género, se reacomodó, comenzó a entender las claves y (des)ventajas de ver con caricaturas para reír, pensar, rechazar o mofarse. Ya casi tenemos dos siglos de producción humorística visual y todavía carecemos —por ejemplo— de una rigurosa y especializada antología de caricatura cubana. Fácil es decirlo, difícil es lograrla, tenerla disponible: hacerla (con rigor). Mientras tanto, cuanto ha sido, está casi disponible en las hemerotecas de nuestras bibliotecas y, por supuesto, en colecciones individuales y de museos. Eso sí, a veces los ímpetus se minimizan, a causa del estado de conservación de algunas publicaciones (revistas, periódicos, semanarios). Sin ellas la posible noción se esfuma, porque la caricatura ante todo es un hecho visual.   

No obstante, existe algo así como que la excepción de la regla con la variante humorística de las piezas tridimensionales u objetuales que, de por sí, se deben al espacio. Es un arte humorístico distante del papel como soporte, aunque en un momento determinado pudiese ir a éste para bien de todos. Así, al menos, lo valoro con las piezas caricaturescas del escultor Tony López (La Coruña, España, 1918) que fueron inspiradas en individuos de la Cuba de décadas pasadas. Un total que superó las 30 piezas fueron expuestas en mayo de 1955 en un local distinto al habitual de trabajo de este creador, donde era normal encontrarlas entre otros encargos o soluciones para cierto fin estético-funcional. Sé que aún quedan entre nosotros conocidos de Tony López, algunos de los cuales me han ofrecido reminiscencias de aquellas caricaturas, imposibles de ver en la actualidad si no es por medio de una copia fotográfica.


Además de haberle hecho la mascarilla mortuoria a Eduardo R. Chibás,
en barro lo caricaturizó además Tony López

"¿Qué ha sido de la rica colección de la época cubana del escultor Tony López?",3 formula a manera de título el periodista francés Michel Porcheron en un texto de asunción, finalidad divulgativa y reflexión en torno a las caricaturas de años atrás de ese escultor y caricaturista que reside fuera de Cuba desde finales de los años 50.

Lo demuestra con sagacidad el periodista Porcheron al tomar como punto de partida los «estudios» más recientes que han brindado la existencia de otro tipo de caricatura en Cuba: la relativa al volumen y por medio de uno de sus cultores. Lo escrito por ese lector agradecido es reflejo de posturas similares por parte de quienes han tenido la oportunidad de visualizar y saber recientemente que nuestra patria cuenta con un caricaturista como Tony López que no se auxilió de la tinta y el lápiz para caricaturizar a sus contemporáneos: celebridades en algunos casos, en otros, hombres de la política o la cultura.

Ya lo expresé en otra oportunidad, casi todas las caricaturas tridimensionales de Tony de los años 40 y 50 del siglo XX hoy día nos resultan desconocidas, muy bien «valdría el conocimiento poco limitado para nuestra cultura de las realizadas por él a Víctor Manuel, Conrado W. Massaguer, Juan David, Benny Moré, Germán Pinelli, Luis Carbonell, el Caballero de París, Jorge Mañach, Eduardo R. Chibás, Ramón Grau San Martín y otras muchas más».4

Las piezas originales de todos esos personajes, tal vez, ya no existan. Claro está, exceptuando la de Mañach, que figura en los fondos del Museo Nacional de Bellas Artes. En este caso, es una obra que está en bóveda —guardada—, al igual que la mayoría de las caricaturas originales de la llamada Sala Torriente, que fue abierta en 1955 en una de las áreas del entonces Palacio de Bellas Artes.5 Melly, la hermana del escultor, en una de esas jornadas de diálogo del 2004 para reunir datos sobre él, mencionó dos hechos de pérdida de obras de Tony López. Corrían los años 50 y la policía hizo estragos en el taller de la calle Galiano, en La Habana. Mucho tiempo después, en el inmueble de trabajo de Melly López, de la calle Paseo, un miembro de la familia destruyó también originales de todo tipo del escultor y caricaturista Tony. ¿Acaso en ambas oportunidades no desaparecían algunas de las caricaturas exhibidas en 1955 o aquellas correspondientes a otro período? Solo Tony López podría responder.


El periodista y comentarista radial José Pardo Llada según lo vio Tony López en la década del 50

Por ahora, más importante sería la búsqueda de copias de tales caricaturas, tenerlas visibles y divulgarlas en el momento justo. Quizás, un buen y provechoso instante habría ocurrido con la inclusión de datos puntuales en el libro Escultura en Cuba siglo XX.6 Esto opina el periodista Porcheron en su artículo ya citado: "Curiosamente el crítico José Veigas no la menciona en su libro [alude a la caricatura en yeso a Fidel Castro] ni tampoco dice nada de la rica colección de estatuillas [caricaturas escultóricas] de la época cubana de Tony López". Es cierto, pero urge una aclaración. Ese libro a modo de diccionario vale más por el conjunto que por los detalles, aun cuando contenga detalles que engrandecen al conjunto. Es un "déficit" del libro, sí, semejante ausencia, mas en los archivos de Veigas para los escultores inclusive existen otros datos. Me consta. De Tony López conserva José Veigas, verbigracia, una postal fotográfica de la caricatura también en yeso realizada al pintor Víctor Manuel García. Esta imagen vale tanto como la pieza en sí. Se sabe esto, cuando el pensamiento ha redundado sin resultados óptimos, una y otra vez, sobre la posible apariencia de cierta caricatura personal de Tony López.

De igual manera, habría que aprovechar sus testimonios para bien de la desmemoria, porque es uno de los pocos con quien se puede hablar de la caricatura cubana del ayer. Una conversación de este tipo siempre resultaría provechosa. Pero, ¿cómo hacerlo a distancia?, ¿cómo solicitarle a un amigo que dedique parte de una jornada frente al escultor en nombre de un curioso investigador?

Sospecho que algunas otras incógnitas tienen un despeje racional en las propias arcas informativas del escultor y caricaturista, es decir, en su archivo personal. Tiene Tony López uno. No lo he revisado, conozco sólo algunas de sus teselas. Así me fue descrito: «Él tiene muchísimo material periodístico, son 4 gavetas con recortes de artículos, fotografías, etc., etc., tú no te puedes imaginar. Tomaría semanas poder catalogar todo eso».7 Dichoso aquel que se adentre en esos vestigios acumulados. Son las otras huellas de este caricaturista que ya casi alcanza los 90 años de edad.


 1-Estrella Díaz: "José Luis Posada: 'Me van a tener que tragar por muchos siglos'", disponible en http://www.lajiribilla.cu/2004/n155_04/155_10.html. Una versión de esta entrevista puede consultarse, bajo el título "Me gustaría ser un hombre hecho de musgo", en el libro sobre Posada Cabeza para pensar y corazón para sentir. Grabado y dibujo humorístico. Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, 2005, pp. 61-74. (La cita de nuestro interés en p. 67).

Algo curioso: mientras concluía este texto hallé en la web otro que comenzaba intencionalmente similar, con porciones de la cita que empleo de las ideas del caricaturista Posada. Mas, ¿Posada le expresó también lo mismo al periodista Porcheron, signo por signo, palabra por palabra, como lo hizo con Estrella Díaz?, ¿una coincidencia o una reiteración? Véase de Michel Porcheron el artículo "El dibujo humorístico en Cuba, sus cualidades y defectos (I parte)", disponible en http://www.cubarte.cult.cu/global/loader.php?id=6212&cat=actualidad&cont=showitem.php&tabla=entrevista&seccion=&tipo 

2-Más recientemente, en la provincia de Cienfuegos, originales de algunos caricaturistas ocupan una de las áreas del museo local. En Camagüey, por otro lado, el gestor y promotor del Salón de Humorismo Tintaenpié, el caricaturista Bermúdez, tiene entre sus sueños la creación de un Museo de la Caricatura Contemporánea, a partir de un volumen cuantioso de los originales remitidos al Tintaempié en sus distintas ediciones.

 3-Michel Porcheron: "¿Qué ha sido de la rica colección de la época cubana del escultor Tony López?", disponible en http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=4636&lg=es

[4-"Una curiosa caricatura escultórica", Noticias de Artecubano, año 8, No. 9, septiembre, 2007, p. [15].

 5-La Sala Torriente desapareció en los primeros años de la Revolución para la vista del público, aunque se trataba de algo transitorio, que resultó ser definitivo. Exhibió desde el verano de 1955 de modo permanente decenas de caricaturas originales, algunas de las cuales habían sido premiadas en varios de los Salones de Humorismo y, que por consiguiente, ya podían catalogarse como obras patrimoniales. Lo cierto es que desde entonces casi nadie las ha visto. Son, eso sí, obras extremadamente desconocidas de más de 30 caricaturistas de décadas pasadas. (La Sala Torriente podría verse como la "antesala" del célebre Museo del Humor, de San Antonio de los Baños).

Con la nueva y actual remodelación del Museo Nacional de Bellas Artes la caricatura cubana tiene presencia física en este inmueble con expresiones caricaturescas de Rafael Blanco, Eduardo Abela y Santiago Armada (Chago). Algo es algo después de muchos años de ausencia en salas, ¿no es así?

[6] José Veigas Zamora: Escultura en Cuba siglo XX. Fundación Caguayo y Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2005, pp. 245-247.

[7] Información remitida vía e-mail en mayo de 2005 por la arquitecta María Ayub, quien visitó —a solicitud mía— a Tony López para conocer algunos detalles históricos sobre su faceta de caricaturista. Muchas de las ideas expresadas por él en esa conversación de 2005 fueron publicadas en la revista La Gaceta de Cuba (No. 4, julio-agosto, 2006, pp. 43-45).

                    

 

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