Cuando uno procura entender el pasado, o
al menos profundizar en él, deberá
prestársele atención a cualquier pista
de interés. Así, más de una vez he
escuchado que el célebre gallego Posada
—por ejemplo— solía ser muy receloso con
los originales de sus dibujos,
caricaturas, grabados…. Por suerte, la
filosofía de José Luis Posada en torno a
sus obras quedó documentada por escrito,
aunque fuese en una arista mínima.
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Benny Moré por
Tony López |
Esto expresó Posada en una entrevista
sobre ese afán de preservar su arte
bidimensional: "Era una ambición más que
una disciplina… Vamos a suponer que se
nos ocurra reunir obras de los
humoristas que han hecho esta nación.
Quiero que sepas que no existen… Juan
David, por ejemplo, no existe (…) ¿Cómo
tú puedes decir que existe? Cuando uno
muere lo que existe es lo que uno deja,
lo que ha hecho. Pero si quieres hacer
una colección de Juan David ¿dónde está?
¿Cuál es el humorista, antes de Juan
David en la historia republicana?
Blanco. Vete a buscar 50 dibujos de
Blanco y enséñamelos, ¿cómo demuestras
que existió?: Rafael Blanco no existe.
Lo que pasa es que yo soy un cabrón.
Inevitablemente me van a tener que
tragar por muchos siglos, pero me
entristece no acompañar a Blanco, a
David, a Torrientes (sic). Te das
cuenta de que el caldo tiene muchos
ingredientes, pero le faltan los
principales… nunca va a llegar a ser
caldo, ni va a ser una caldosa para un
gorrión para que lo sepas. No puedes
evitarlo, ya no están".
Originales de Juan David, Rafael Blanco
y otros nombres más, existen, pero no en
cantidad suficiente como deseaba o
pensaba el gallego Posada. Tal vez,
ahora mismo por esa ambición sana,
contemos con más originales suyos en
lugar de los de aquellos otros dos
caricaturistas. Pero, no, aclaremos, ese
posible caos en torno a las obras
originales de Blanco y David no es tan
así, según lo vislumbró Posada. No es el
caso de ellos. Por suerte, en varios
sitios —institucionales, privados—
flamean a la vista pública o dormitan
guardados los grafismos, las temáticas e
intenciones de estos dos principales de
la caricatura cubana.
Al menos en Cuba la historia de la
caricatura es mayoritariamente el
discurso visual que logre hilvanarse a
través de las copias que aún perduran en
la prensa periódica. Y ese pasado visual
depende, en parte, de la conciencia
surgida por guardar el patrimonio
bibliográfico. De algo similar estaba
quejándose el gallego Posada: la dejadez
de los mismos caricaturistas respecto a
sus creaciones y al importante sentido
de la preservación que ellos debieran
adquirir y tener.
La caricatura cubana como género
artístico es suficiente en copias u
originales. Lo importante es la
información visual, amén de su
naturaleza. El gran público cubano está
más habituado a interactuar con el humor
gráfico a partir de una publicación y de
una exposición, en lugar de hacerlo en
el recinto de un museo (cubano), donde
todo se aprecia sacramente y donde es
poco habitual apreciar caricaturas de
manera permanente. Con el Palacio de
Bellas Artes, ahora Museo Nacional de
Bellas Artes, Cuba tuvo por unos escasos
años a la caricatura en su perímetro de
exhibición desde 1955. Luego, a partir
de 1979, tendría el honor de tomar esta
función legitimadora el Museo del Humor,
ubicado en San Antonio de los Baños, La
Habana.
Ambos sitios han servido más bien para
atesorar originales que para mostrarlos
ininterrumpidamente. Existe y tenemos,
por tanto, un patrimonio de caricaturas
originales que está reservado a los ojos
de una minoría, porque a las bóvedas de
Bellas Artes no todos pueden entrar,
como es lógico, y la ida a San Antonio
de los Baños se torna un viaje de
pericia para quienes allí no viven y,
quienes además, apenas están saturados
del mito creado a fines de los años 70
que promueve el criterio de que esa
localidad habanera es la Villa del
Humor… de Cuba. (Se sobrentiende
entonces que el resto del país es la
gran urbe del humor nacional o cubano,
¿no?). Mientras, la caricatura pasea por
nuestras manos con un periódico o una
revista, podemos coleccionarla si es de
nuestro interés, aun cuando se trate de
una de índole digital. Es lo más rico, y
nos llega sin avisar, a diferencia de un
museo, a donde sí se debe ir por deseo.
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Luis Carbonell:
una de las primeras
representaciones caricaturescas
que Tony López le realizara en
yeso |
Varios caricaturistas se han
despreocupado por el destino futuro de
sus trazos. A veces da igual si perdura
el original, pero en otras ocasiones no
ocurre igual. Hoy por hoy, basta con un
indicio. Vital es que contemos con una
pista tangible, que nos brinde la
posibilidad de interactuar directamente
con la imagen de la obra, aunque para
ello tengamos que rastrear colecciones
«enteras» de publicaciones periódicas
hasta el cansancio o solicitar permiso
en el mismísimo Museo Nacional de Bellas
Artes para ver incluso lo que allí
atesoran en bóveda en materia de
caricatura (cubana). Lo demás es un
preciosismo utópico, entre otras
razones, porque en ocasiones —yo diría
que muchas veces— no han trascendido
para los investigadores y curiosos los
archivos personales de nuestros
caricaturistas. Por consiguiente, cuanto
ellos hicieron estará sujeto al
exhaustivo rastreo y también al
adentrarse en una aventura de
arqueología visual en todas direcciones.
Mientras en otras geografías del planeta
existen inclusive avances sustanciosos
sobre historia de la caricatura
(regional), todavía en esta ínsula
estamos en la fase del gateo,
porque la caricatura cubana resulta una
asignatura pendiente de los estudios
crítico-historiográficos. Por supuesto,
algo ha sido realizado, pero no es
suficiente, no ha sido aún suficiente.
Lo sabemos porque ignoramos puntos
básicos, principios obvios, datos
elementales, premisas necesarias,
exégesis concienzudas… En resumidas
cuentas, nos faltan las biografías de
nuestros caricaturistas y sus etapas
gráficas y hasta sus medulares
creaciones. Y no tanto hablamos de los
imprescindibles y/o los conocidos (a
medias). Me vuelvo a repetir, desde la
publicación del libro Escultura en
Cuba siglo XX (2005), a la
caricatura o humorismo gráfico le
corresponde el "honor" de ser la nueva
Cenicienta de las artes visuales
cubanas.
El pasado de nuestra caricatura exige en
demasía de la faena de arqueología
visual: rastrear, señalar, puntualizar,
argumentar, acotar, priorizar, decantar…
También así tendríamos una idea
—aproximada— de la visualidad de cuanto
ha sido en esta isla a través de la
caricatura en las publicaciones
periódicas y las exhibiciones
humorísticas. Son dos caminos para
lograr saber y retener lo esencial, lo
intermedio, lo mediano, lo riguroso, lo
mediocre sobre humorismo gráfico cubano.
Buscar y ver se tornan facultades para
los interesados que, al final, serán los
encargados de socializar y retomar el
suceso visual divulgado en un contexto
social otro. Se trata de la caricatura
como documento y arte, como posibilidad
de reafirmación formal de un hecho que
resulta interesante, incluso desde
nuestra actual perspectiva.
Desde el siglo XIX entramos en sintonía
en esta isla con el humor gráfico,
porque el humor cotidiano, el de boca a
boca, el de oído a oído, es muy
anterior. Extranjeros y cubanos, juntos
y por separados, dieron los pasos
primeros para hacer de esta ínsula un
sitio común del dibujo humorístico.
Ocurrido esto, el público nació para
este género, se reacomodó, comenzó a
entender las claves y (des)ventajas de
ver con caricaturas para reír, pensar,
rechazar o mofarse. Ya casi tenemos dos
siglos de producción humorística visual
y todavía carecemos —por ejemplo— de una
rigurosa y especializada antología de
caricatura cubana. Fácil es decirlo,
difícil es lograrla, tenerla disponible:
hacerla (con rigor). Mientras tanto,
cuanto ha sido, está casi disponible en
las hemerotecas de nuestras bibliotecas
y, por supuesto, en colecciones
individuales y de museos. Eso sí, a
veces los ímpetus se minimizan, a causa
del estado de conservación de algunas
publicaciones (revistas, periódicos,
semanarios). Sin ellas la posible noción
se esfuma, porque la caricatura ante
todo es un hecho visual.
No obstante, existe algo así como que la
excepción de la regla con la variante
humorística de las piezas
tridimensionales u objetuales que, de
por sí, se deben al espacio. Es un arte
humorístico distante del papel como
soporte, aunque en un momento
determinado pudiese ir a éste para bien
de todos. Así, al menos, lo valoro con
las piezas caricaturescas del escultor
Tony López (La Coruña, España, 1918) que
fueron inspiradas en individuos de la
Cuba de décadas pasadas. Un total que
superó las 30 piezas fueron expuestas en
mayo de 1955 en un local distinto al
habitual de trabajo de este creador,
donde era normal encontrarlas entre
otros encargos o soluciones para cierto
fin estético-funcional. Sé que aún
quedan entre nosotros conocidos de Tony
López, algunos de los cuales me han
ofrecido reminiscencias de aquellas
caricaturas, imposibles de ver en la
actualidad si no es por medio de una
copia fotográfica.
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Además de haberle
hecho la mascarilla mortuoria a
Eduardo R. Chibás,
en barro lo caricaturizó además
Tony López |
"¿Qué ha sido de la rica colección de la
época cubana del escultor Tony López?",
formula a manera de título el periodista
francés Michel Porcheron en un texto de
asunción, finalidad divulgativa y
reflexión en torno a las caricaturas de
años atrás de ese escultor y
caricaturista que reside fuera de Cuba
desde finales de los años 50.
Lo demuestra con sagacidad el periodista
Porcheron al tomar como punto de partida
los «estudios» más recientes que han
brindado la existencia de otro tipo de
caricatura en Cuba: la relativa al
volumen y por medio de uno de sus
cultores. Lo escrito por ese lector
agradecido es reflejo de posturas
similares por parte de quienes han
tenido la oportunidad de visualizar y
saber recientemente que nuestra patria
cuenta con un caricaturista como Tony
López que no se auxilió de la tinta y el
lápiz para caricaturizar a sus
contemporáneos: celebridades en algunos
casos, en otros, hombres de la política
o la cultura.
Ya lo expresé en otra oportunidad, casi
todas las caricaturas tridimensionales
de Tony de los años 40 y 50 del siglo XX
hoy día nos resultan desconocidas, muy
bien «valdría el conocimiento poco
limitado para nuestra cultura de las
realizadas por él a Víctor Manuel,
Conrado W. Massaguer, Juan David, Benny
Moré, Germán Pinelli, Luis Carbonell, el
Caballero de París, Jorge Mañach,
Eduardo R. Chibás, Ramón Grau San Martín
y otras muchas más».
Las piezas originales de todos esos
personajes, tal vez, ya no existan.
Claro está, exceptuando la de Mañach,
que figura en los fondos del Museo
Nacional de Bellas Artes. En este caso,
es una obra que está en bóveda
—guardada—, al igual que la mayoría de
las caricaturas originales de la llamada
Sala Torriente, que fue abierta en 1955
en una de las áreas del entonces Palacio
de Bellas Artes.
Melly, la hermana del escultor, en una
de esas jornadas de diálogo del 2004
para reunir datos sobre él, mencionó dos
hechos de pérdida de obras de Tony
López. Corrían los años 50 y la policía
hizo estragos en el taller de la calle
Galiano, en La Habana. Mucho tiempo
después, en el inmueble de trabajo de
Melly López, de la calle Paseo, un
miembro de la familia destruyó también
originales de todo tipo del escultor y
caricaturista Tony. ¿Acaso en ambas
oportunidades no desaparecían algunas de
las caricaturas exhibidas en 1955 o
aquellas correspondientes a otro
período? Solo Tony López podría
responder.
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El periodista y
comentarista radial José Pardo
Llada según lo vio Tony López en
la década del 50 |
Por ahora, más importante sería la
búsqueda de copias de tales caricaturas,
tenerlas visibles y divulgarlas en el
momento justo. Quizás, un buen y
provechoso instante habría ocurrido con
la inclusión de datos puntuales en el
libro Escultura en Cuba siglo XX.
Esto opina el periodista Porcheron en su
artículo ya citado: "Curiosamente el
crítico José Veigas no la menciona en su
libro [alude a la caricatura en yeso a
Fidel Castro] ni tampoco dice nada de la
rica colección de estatuillas
[caricaturas escultóricas] de la época
cubana de Tony López". Es cierto, pero
urge una aclaración. Ese libro a modo de
diccionario vale más por el conjunto que
por los detalles, aun cuando contenga
detalles que engrandecen al conjunto. Es
un "déficit" del libro, sí, semejante
ausencia, mas en los archivos de Veigas
para los escultores inclusive existen
otros datos. Me consta. De Tony López
conserva José Veigas, verbigracia, una
postal fotográfica de la caricatura
también en yeso realizada al pintor
Víctor Manuel García. Esta imagen vale
tanto como la pieza en sí. Se sabe esto,
cuando el pensamiento ha redundado sin
resultados óptimos, una y otra vez,
sobre la posible apariencia de cierta
caricatura personal de Tony López.
De igual manera, habría que aprovechar
sus testimonios para bien de la
desmemoria, porque es uno de los pocos
con quien se puede hablar de la
caricatura cubana del ayer. Una
conversación de este tipo siempre
resultaría provechosa. Pero, ¿cómo
hacerlo a distancia?, ¿cómo solicitarle
a un amigo que dedique parte de una
jornada frente al escultor en nombre de
un curioso investigador?
Sospecho que algunas otras incógnitas
tienen un despeje racional en las
propias arcas informativas del escultor
y caricaturista, es decir, en su archivo
personal. Tiene Tony López uno. No lo he
revisado, conozco sólo algunas de sus
teselas. Así me fue descrito: «Él tiene
muchísimo material periodístico, son 4
gavetas con recortes de artículos,
fotografías, etc., etc., tú no te puedes
imaginar. Tomaría semanas poder
catalogar todo eso».
Dichoso aquel que se adentre en esos
vestigios acumulados. Son las otras
huellas de este caricaturista que ya
casi alcanza los 90 años de edad.
Algo curioso: mientras concluía
este texto hallé en la web otro
que comenzaba intencionalmente
similar, con porciones de la
cita que empleo de las ideas del
caricaturista Posada. Mas,
¿Posada le expresó también lo
mismo al periodista Porcheron,
signo por signo, palabra por
palabra, como lo hizo con
Estrella Díaz?, ¿una
coincidencia o una reiteración?
Véase de Michel Porcheron el
artículo "El dibujo humorístico
en Cuba, sus cualidades y
defectos (I parte)", disponible
en
http://www.cubarte.cult.cu/global/loader.php?id=6212&cat=actualidad&cont=showitem.php&tabla=entrevista&seccion=&tipo
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