Año VI
La Habana
2008

Regresar a la Página principal

SECCIONES

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS

EL GRAN ZOO

PUEBLO MOCHO

NOTAS AL FASCISMO

LA OPINIÓN

APRENDE

LA CRÓNICA

EN PROSCENIO

LA BUTACA

LETRA Y SOLFA

LA MIRADA

MEMORIA

LA OTRA CUERDA

FUENTE VIVA

REBELDES.CU

LA GALERÍA

EL CUENTO

POESÍA

EL LIBRO

EPÍSTOLAS ESPINELAS

EL PASQUÍN

EN FOCO

POR E-MAIL

¿DÓNDE QUIERES QUE
TE PONGA EL PLATO?

El grande y el chiquito
Amado del Pino • La Habana

En una liga europea de fútbol (UEFA) el humilde equipo de Getafe acaba de empatar con el poderoso Bayern de Münich, representante de la ciudad alemana. Hasta no hace mucho ignoraba que Getafe es un pueblote cercano a Madrid, que fue noticia el año pasado porque ahí se construyó buena parte de un avión gigantesco. Ahora los infinitos viajes del balón lo ponen de moda y los comentaristas no se cansan de comparar el manojo de miles de habitantes a los que representan los españoles y los millones que se enorgullecen del estandarte alemán. La televisión pone imágenes del supermoderno y gigantesco estadio de los ricos y del casi municipal de los pobres. 

Industriales se ha quedado fuera en la discusión del título del campeonato cubano de béisbol, que por estos días repleta de entusiasmo y pasiones todo nuestro archipiélago. El conjunto representado por el color azul es el de la capital cubana, que triplica en población a cualquiera de las demás capitales provinciales. Por lo demás ―y este tema me llevaría a otro debate interminable con mi linda cuñi Tamara― Industriales se gasta todo un equipo-escuela en el mismo nivel en el que compite.  

Lo más emocionante del deporte es que la maestría súbita o el esfuerzo adicional pueden emparejar lo que la lógica o los pronósticos dan por desproporcionado. Ese tipo de sorpresas se dan también en otras esferas de la vida.  En los festivales de teatro puede ocurrir que una puesta en escena crece en la función de la competencia y deja fuera a los espectáculos favoritos. Los escritores estamos más tranquilos cuando mandamos a un concurso en el que nuestras posibilidades son remotas que cuando nos suponemos entre los posibles finalistas. Ser finalista es precipitarse en el abismo del desconsuelo. Sabes que puedes quedar a un voto, a una opinión, a un soplo del necesario dinero y la fugaz gloria del galardón. 

En las fiestas de la juventud no siempre la muchacha más hermosa era la primera en encontrar novio. La “bonitilla” oficial, la buena hembra catalogada, suele imponer demasiado. Uno va al baño, se mira en el espejo, se toca el trémulo bolsillo y  se dice: "¡Qué va! ¡Yo no puedo aspirar a tanto!”.  

También sucede que los pequeños crecen o maduran y las cosas cambian. Mi equipo de pelota fue alguna vez muy tierno y le llamaban “la joven tropa avileña”. Han pasado los años y muchos de esos jugadores maduraron, otros hasta ya dicen adiós al deporte. Ahora se le pide no solo que avance en la competencia sino que alguna vez termine por ganar el campeonato. Algo similar ocurre cuando el escritor gana en nombre, canas y relaciones. Entonces puede caer en el espejismo de pensar que los galardones le tocan por su trayectoria y olvidar que los jurados están en la obligación de atender y deslumbrarse con el texto de ese veinteañero de pelo intacto y nombre perfectamente desconocido.

 

ARRIBA

Página principal Enlaces Favoritos Enviar correo Suscripción RSS
.

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
IE-Firefox, 800x600