Año VI
La Habana

19 al 25 de ABRIL
de 2008

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Gibara: puerta abierta de par en par

J. L. Estrada • Holguín

 Fotos: La Jiribilla

 

Los organizadores del Festival Internacional de Cine Pobre nunca están conformes. Ya no les basta con que las películas se exhiban en el Cine Jibá y en su Sala de Video o en la Casa de Cultura, ahora, al fin, el séptimo arte está, sencillamente, al alcance de todos, con el cielo por cobija. El sueño que se venía amasando desde hace algún tiempo, ya se hizo realidad: allí, en el mismo espacio donde cada día, después de las 11:00 p.m., tienen lugar los conciertos fabulosos de músicos del más alto nivel, en la Plaza Da Silva, se exhiben también importantes obras audiovisuales, las cuales son presentadas por reconocidos actores, realizadores, guionistas..., mientras dure el certamen, siempre desde las 7:45 p.m.

Para comenzar, fueron proyectadas las películas A pesar de los pesares, filme argentino de ficción que tiene como centro a la ciudad Gibara, y la ecuatoriana Qué suerte, Carmela. Ocupa un lugar especial en esta exhibición la muestra del Concurso Internacional de Spots Sociales ZureVision SocialVision, convocado por la ONG Mugarik Gabe, gran auspiciador de esta cita multicultural que desde hace seis años se desarrolla en esta hospitalaria Villa Blanca.

Juan Carlos Vázquez Velasco, responsable del Área de Sensibilización y Educación al Desarrollo de Mugarik Gabe explicó que “la muestra es la respuesta a un concurso que pusimos en marcha con el objetivo de promocionar este tipo de cine pobre, el cual permite que, gracias a las nuevas tecnologías, todo el mundo pueda hacer cine; quizá no una película de 60 ó 100 minutos, pero sí un spot publicitario de 45 segundos, y aquí están los resultados.

“Son 35 spots publicitarios de temática social, donde se abordan la equidad de género, la mujer, la interculturalidad, los derechos humanos, la ecología, el desarrollo sostenible, la globalización neoliberal... La muestra, donde están representados países como Argentina, México, Bolivia, Cuba..., así como diferentes estados de España, como el País Vasco, evidencia que es suficiente con tener un poquito de ganas puede convertirse en un comunicador, en un realizador o una realizadora. Hemos dado un premio de mil euros al mejor anuncio. Hay obras del País Vasco y de diversas partes de España como Valencia, Madrid.”

¿Qué impulsó a Mugarik Gabe a dirigir su visión hacia el Festival de Cine Pobre y convertirse en su gran auspiciador?

Mugarik Gabe lleva haciendo cooperación al desarrollo con diversos países de América Latina desde finales de 1987. Con Cuba comenzamos en 1993, en pleno período especial, porque considerábamos que el país estaba pasando por un proceso muy complejo, así que resolvimos apoyar el desarrollo económico de la Isla.

Por otra parte, hace 14 años decidimos mostrar las diferencias existentes entre el Norte y el Sur, utilizando el cine que, además de ocio, sirve como un instrumento de educación y de cultura, lo que nos daba la posibilidad de mostrarle otros mundos y otros pueblos —sobre todo desde la visión de esos mismos pueblos—, a nuestra población vasca. En el transcurso de ese tiempo, conocimos primero al cine indígena realizado por los propios indígenas, al cual apoyamos desde hace muchos años, y más tarde entramos en contacto con el Festival Internacional de Cine Pobre, del que nos atrajo su filosofía.

Nos pareció una idea genial, porque permitía no solo abordar la relación norte-sur, sino abrir más el diapasón y hablar de norte-norte, sur-norte, norte-sur, al caber tanto las películas producidas en el norte rico por artistas muy pobres, como aquellas filmadas por gente del sur que han sabido utilizar el audiovisual como herramienta de comunicación y desarrollo. De ese modo comenzamos, y aquí estamos.

Se refería al hecho de que Mugarik Gabe buscaba sensibilizar, sobre todo, a la población vasca...

Hace dos años decidimos dedicar una muestra a Cuba, por ejemplo. Porque, aunque existen buenas relaciones con Cuba a nivel empresarial, de cooperación, a nivel de turismo, conocíamos que hay un desconocimiento muy grande de la Isla en nuestra gente. Cuando escuchamos conversaciones en los bares o en tertulias donde se habla sobre Cuba, salen los típicos estereotipos sobre las cubanas y los cubanos, y todo se queda en sus playas y sus dirigentes, y pensamos que Cuba es mucho más que eso, mucho más.

Con esta muestra intentamos reflejar las diferentes Cubas, y eso nos ha animado a implicarnos más con el Cine Pobre, y con lo que se hace desde este pueblecito pequeñito de Gibara, que se ha convertido en una puerta abierta al mundo, lo que ya se reflejaba en la edición pasada, donde pudimos ver películas lo mismo de Irán y Alemania, que de Perú, México y la propia Cuba.

¿Cómo han reaccionado las personas a las diferentes proyecciones que han realizado en el País Vasco?

Nosotros hacemos las muestras en salas de cine comercial, como es allí donde la gente va a ver películas, dijimos: ese tiene que ser el lugar donde tiene que estar Mugarik Gabe, y así ha sido desde hace 14 años. La muestra del Festival de Gibara que llevamos a cabo en febrero, que duró una semana, posibilitó que, durante cinco días, fueran a las tres salas 3 000 personas, o sea, no estamos hablando de un cine marginal, sino de proyecciones a salas llenas, donde la gente incluso repite, y es que están conscientes de que, a pesar de ser películas de escasos recursos, poseen un elevado valor cultural.

Este es un festival que se distingue por entregar mucho más que trofeos, y en eso Mugarik Gabe ha jugado un papel importante...

Sí, nosotros entregamos dos premios. Una de nuestras inquietudes de desarrollo es lograr que se visibilice el trabajo de las mujeres, porque se dice mucho que ella se ha integrado al trabajo, que ella no sé qué, pero lo cierto es que no se les ve en las esferas de poder, ni en otros apartados de la vida. Y nos percatamos de que a este festival también llegaban realizadoras, así que se nos ocurrió entregar un Premio a la Mejor Ficción y al Mejor Documental hecho por mujeres, no solamente para hacer visible ese trabajo, sino, además, para apoyarlas económicamente y animar a que sean cada vez más las que participen en este tipo de eventos. Desde hace dos años otorgamos sendos premios de mil euros cada uno.

¿Ha valido la pena?

Tuvimos claridad desde el principio, sabíamos que con un poquito más de apoyo el festival podía llegar a muchas más personas, y así ha sido. Eso quiere decir que la gente va conociendo el evento de Cine Pobre de Gibara, y que este vínculo está recibiendo sus frutos. La riqueza y diversidad de las películas, y la cantidad de realizadores que se presentan a cada edición demuestra que este festival funciona.

Por ahora, solo me resta decirles a los gibareños que no permitan, bajo ningún concepto, que se cierre esta puerta abierta al mundo; que no olviden que las puertas abiertas hay que aprovecharlas.   
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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