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Los organizadores del Festival
Internacional de Cine Pobre nunca están
conformes. Ya no les basta con que las
películas se exhiban en el Cine Jibá y
en su Sala de Video o en la Casa de
Cultura, ahora, al fin, el séptimo arte
está, sencillamente, al alcance de
todos, con el cielo por cobija. El sueño
que se venía amasando desde hace algún
tiempo, ya se hizo realidad: allí, en el
mismo espacio donde cada día, después de
las 11:00 p.m., tienen lugar los
conciertos fabulosos de músicos del más
alto nivel, en la Plaza Da Silva, se
exhiben también importantes obras
audiovisuales, las cuales son
presentadas por reconocidos actores,
realizadores, guionistas..., mientras
dure el certamen, siempre desde las 7:45
p.m.
Para comenzar, fueron proyectadas las
películas A pesar de los pesares,
filme argentino de ficción que tiene
como centro a la ciudad Gibara, y la
ecuatoriana Qué suerte, Carmela.
Ocupa un lugar especial en esta
exhibición la muestra del Concurso
Internacional de Spots Sociales
ZureVision SocialVision, convocado por
la ONG Mugarik Gabe, gran auspiciador de
esta cita multicultural que desde hace
seis años se desarrolla en esta
hospitalaria Villa Blanca.
Juan Carlos Vázquez Velasco, responsable
del Área de Sensibilización y Educación
al Desarrollo de Mugarik Gabe explicó
que “la muestra es la respuesta a un
concurso que pusimos en marcha con el
objetivo de promocionar este tipo de
cine pobre, el cual permite que, gracias
a las nuevas tecnologías, todo el mundo
pueda hacer cine; quizá no una película
de 60 ó 100 minutos, pero sí un spot
publicitario de 45 segundos, y aquí
están los resultados.
“Son 35 spots publicitarios de temática
social, donde se abordan la equidad de
género, la mujer, la interculturalidad,
los derechos humanos, la ecología, el
desarrollo sostenible, la globalización
neoliberal... La muestra, donde están
representados países como Argentina,
México, Bolivia, Cuba..., así como
diferentes estados de España, como el
País Vasco, evidencia que es suficiente
con tener un poquito de ganas puede
convertirse en un comunicador, en un
realizador o una realizadora. Hemos dado
un premio de mil euros al mejor anuncio.
Hay obras del País Vasco y de diversas
partes de España como Valencia, Madrid.”
¿Qué impulsó a Mugarik Gabe a dirigir su
visión hacia el Festival de Cine Pobre y
convertirse en su gran auspiciador?
Mugarik Gabe lleva haciendo
cooperación al desarrollo con diversos
países de América Latina desde finales
de 1987. Con Cuba comenzamos en 1993, en
pleno período especial, porque
considerábamos que el país estaba
pasando por un proceso muy complejo, así
que resolvimos apoyar el desarrollo
económico de la Isla.
Por otra parte, hace 14 años decidimos
mostrar las diferencias existentes entre
el Norte y el Sur, utilizando el cine
que, además de ocio, sirve como un
instrumento de educación y de cultura,
lo que nos daba la posibilidad de
mostrarle otros mundos y otros pueblos
—sobre todo desde la visión de esos
mismos pueblos—, a nuestra población
vasca. En el transcurso de ese tiempo,
conocimos primero al cine indígena
realizado por los propios indígenas, al
cual apoyamos desde hace muchos años, y
más tarde entramos en contacto con el
Festival Internacional de Cine Pobre,
del que nos atrajo su filosofía.
Nos pareció una idea genial, porque
permitía no solo abordar la relación
norte-sur, sino abrir más el diapasón y
hablar de norte-norte, sur-norte,
norte-sur, al caber tanto las películas
producidas en el norte rico por artistas
muy pobres, como aquellas filmadas por
gente del sur que han sabido utilizar el
audiovisual como herramienta de
comunicación y desarrollo. De ese modo
comenzamos, y aquí estamos.
Se refería al hecho de que Mugarik Gabe
buscaba sensibilizar, sobre todo, a la
población vasca...
Hace dos años decidimos dedicar una
muestra a Cuba, por ejemplo. Porque,
aunque existen buenas relaciones con
Cuba a nivel empresarial, de
cooperación, a nivel de turismo,
conocíamos que hay un desconocimiento
muy grande de la Isla en nuestra gente.
Cuando escuchamos conversaciones en los
bares o en tertulias donde se habla
sobre Cuba, salen los típicos
estereotipos sobre las cubanas y los
cubanos, y todo se queda en sus playas y
sus dirigentes, y pensamos que Cuba es
mucho más que eso, mucho más.
Con esta muestra intentamos reflejar las
diferentes Cubas, y eso nos ha animado a
implicarnos más con el Cine Pobre, y con
lo que se hace desde este pueblecito
pequeñito de Gibara, que se ha
convertido en una puerta abierta al
mundo, lo que ya se reflejaba en la
edición pasada, donde pudimos ver
películas lo mismo de Irán y Alemania,
que de Perú, México y la propia Cuba.
¿Cómo han reaccionado las personas a las
diferentes proyecciones que han
realizado en el País Vasco?
Nosotros hacemos las muestras en salas
de cine comercial, como es allí donde la
gente va a ver películas, dijimos: ese
tiene que ser el lugar donde tiene que
estar Mugarik Gabe, y así ha sido desde
hace 14 años. La muestra del Festival de
Gibara que llevamos a cabo en febrero,
que duró una semana, posibilitó que,
durante cinco días, fueran a las tres
salas 3 000 personas, o sea, no estamos
hablando de un cine marginal, sino de
proyecciones a salas llenas, donde la
gente incluso repite, y es que están
conscientes de que, a pesar de ser
películas de escasos recursos, poseen un
elevado valor cultural.
Este es un festival que se distingue por
entregar mucho más que trofeos, y en eso
Mugarik Gabe ha jugado un papel
importante...
Sí, nosotros entregamos dos premios. Una
de nuestras inquietudes de desarrollo es
lograr que se visibilice el trabajo de
las mujeres, porque se dice mucho que
ella se ha integrado al trabajo, que
ella no sé qué, pero lo cierto es que no
se les ve en las esferas de poder, ni en
otros apartados de la vida. Y nos
percatamos de que a este festival
también llegaban realizadoras, así que
se nos ocurrió entregar un Premio a la
Mejor Ficción y al Mejor Documental
hecho por mujeres, no solamente para
hacer visible ese trabajo, sino, además,
para apoyarlas económicamente y animar a
que sean cada vez más las que participen
en este tipo de eventos. Desde hace dos
años otorgamos sendos premios de mil
euros cada uno.
¿Ha valido la pena?
Tuvimos claridad desde el principio,
sabíamos que con un poquito más de apoyo
el festival podía llegar a muchas más
personas, y así ha sido. Eso quiere
decir que la gente va conociendo el
evento de Cine Pobre de Gibara, y que
este vínculo está recibiendo sus frutos.
La riqueza y diversidad de las
películas, y la cantidad de realizadores
que se presentan a cada edición
demuestra que este festival funciona.
Por ahora, solo me resta decirles a los
gibareños que no permitan, bajo ningún
concepto, que se cierre esta puerta
abierta al mundo; que no olviden que las
puertas abiertas hay que aprovecharlas. |