Año VI
La Habana

19 al 25 de ABRIL
de 2008

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Cine Pobre: el destino de los perseverantes

Sergio Benvenuto • Holguín

 Fotos: La Jiribilla

 

La realidad del audiovisual y el cine de nuestros días ofrece un panorama más rico y heterogéneo que la trillada y simplona división en dos bandos opuestos: la existencia de un cine oficialista o cine de los monopolios —sea privado o estatal—, y la del llamado cine independiente, alternativo o Cine Pobre.

La estrecha frontera entre el cine independiente y el cine apoyado por las instituciones oficiales es a menudo difusa e imperceptible, una frágil demarcación, porque es el evidente resultado de una gran negociación o pacto subliminal entre los poderosos y los cineastas, entre los productores y el conjunto de profesionales que han incursionado en el campo de la producción independiente.

En el presente estamos ante un cambio en las relaciones de estos dos grupos y es notoria una fusión, ya sea por eventuales concesiones tácticas de los dueños de la producción y el mercado, o por el desgaste continuado protagonizado por muchos cineastas durante el largo proceso producción-exhibición. Ello también es fruto de una creciente demanda en sectores del público cinematográfico por un nuevo audiovisual alternativo.

No sería adecuado plantear que esta nueva realidad ha sido la consecuencia de un proyecto premeditado y prediseñado por los cineastas y productores independientes en los inicios de este movimiento, hace más de una década y media. Lo percibo, sobre todo, como una mutación que viene acompañada de pocos pros y muchos contras. Y, sin embargo, durante este largo proceso, realizadores consagrados junto con numerosos debutantes y productores del cine independientes han podido y han sabido influir, directa e indirectamente, en el surgimiento de espacios de exhibición paralelos a los circuitos oficiales.

Cada vez con mayor frecuencia, filmes con producción tanto oficial, como alternativa hallan fórmulas para la difusión que, en lugar de acontecer en los circuitos tradicionales, tiene lugar oficialmente en festivales alternativos, en casas clandestinas —que no tributan ni a los estados ni a los autores, con la consiguiente injusta no remuneración de ambos— o en el mano a mano de las infinitas cadenas de amigos. No perdamos de vista los innumerables caminos recorridos hacia la legalidad y en pos de la merecida retribución al autor, que prosiguieron a una anterior y extenuante lucha de sus actores por abandonar la marginalidad cultural.

Lo cierto es que hoy —salvo en numerosos espacios que ofrecen festivales y muestras periféricas en unos pocos países—, no se ha logrado definitivamente una verdadera ventana para la distribución independiente. La mayoría de las incipientes salas digitales ya surgen controladas por los distribuidores tradicionales, haciendo desaparecer a los pequeños exhibidores, mientras que cada día se desperdician los diferentes sitios en Internet, a pesar de lo mucho que se predica en los Foros internacionales sobre sus utilidades y potencialidades. Y, no obstante, Internet sigue siendo un camino cierto, pero solo si en el futuro inminente se aprovecha con velocidad esta herramienta de difusión, aunque todavía de escasa accesibilidad en el presente.

Por otro lado, y no sin razones, la gran mayoría de los cineastas no está dispuesta a perder su autonomía artística y, por ende, no dejará de ejercer sus legítimos derechos dentro de los espacios estándares, lo cual es comprensible y válido también. Por ello es estratégico ganar la mayor cantidad de espacios en la televisión, único medio de alcance verdaderamente masivo.

El Festival de Gibara, su modesta plataforma, ha sido y seguirá siendo accesible a aquellos autores y gestores cinematográficos que no se han conformado con aceptar barreras institucionales, limitaciones financieras y burocráticas, que a menudo estimulan la creciente producción de un cine anodino, cuya inocuidad contextual, vacío espiritual y pérdida de frescura, barnizada de trucos de factura, se propaga por todo el planeta con planificada y perversa intencionalidad inmovilizadora.

Hoy existe un Cine Pobre alternativo e independiente, pero también culto y sofisticado, que es vanguardista y se contrapone a esas estructuras que promulgan obras condicionadas en nuestros países, ya sea temática o comercialmente. Las burocracias conservadoras pierden terreno ante el resurgir del interés por el audiovisual autónomo en cada nuevo y pequeño espacio cultural. Debemos centrar los esfuerzos en transgredir el principal obstáculo: consolidar la distribución independiente, que un día tendrá que ser generalizada desde el ordenador personal de un artista. Mientras tanto, debemos estar preparados para seguir siendo “no prioritarios” y para asumir fórmulas de subsistencia que nos permitan defender un cine artístico e independiente, que ineludiblemente hallará nuevos senderos, y donde encontrarán refugio las minorías que retratan y cambian la vida de sus entornos sociales en contra del dictado inculto, nada revolucionario e insensible a la cultura que los “poderosos” intentan imponer a las pequeñas comunidades.

Inauguraremos el 6to. Festival con el largometraje Personal Belongings, sincero y hermoso filme cubano realizado íntegramente de manera independiente. Con esta película modesta, culminada ya plenamente, nos sentimos involucrados, pues recibió, en la pasada cita de Gibara, la necesaria financiación a través del Gran Premio Swiss Effects, lo cual facilitó su ampliado a 35 mm. Personal Belongings es una obra que nos enorgullece, porque sus autores transgredieron grandes barreras burocráticas para lograr sus propósitos.

Una vez más Gibara exhorta, en esta sexta edición, a los cineastas de todo el mundo a buscar la autonomía máxima, a barrer con fríos e incultos Mesías de la banalidad y del oportunismo, burócratas de academia que pululan sin ningún apego por el arte cinematográfico, a cambio de prebendas o palmadillas aprobatorias.

Los obstáculos solo crean nuevas escenas, nuevos conflictos y nuevas ideas revolucionarias. Las cámaras están al alcance por todas partes, en los campos y en las ciudades, y hoy se filman películas cuyos marcos de libertad y no oficialidad conceptual se sintetizan, pues no son pocos los realizadores, actores y técnicos que, conscientes de su minúscula existencia terrenal como artistas, han sabido sacrificarse y salir a grabar de manera independiente.

Los autores del Cine Pobre, de ficción y documental, no van a adherirse al status quo del audiovisual conservador, ante la oferta siempre disponible para comprar a los “débiles”. Nuestro espacio —el de Gibara— seguirá siendo el destino de los perseverantes; licencia deliciosa que se toma anualmente un grupo de cineastas, organizadores, amigos, músicos de vanguardia, plásticos, bailarines y teatristas.

Nos corresponde hacer valer el respeto a la intelectualidad, al libre pensamiento, a la sutileza constructiva y a la individualidad de perspectivas en este nuevo contexto que, sin duda, está renovando al cine.

¡Enhorabuena a estas formidables herramientas de colaboración y eticidad!                                           
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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