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No les quepan dudas de que será incómodo
estar en los zapatos del jurado que
extraerá un ganador entre 22
cortometrajes de ficción para la beca
que otorga como Premio el Colegio de
América, de la prestigiosa Universidad
Pablo de Olavide, de Sevilla.
Intentemos un vuelo rápido sobre la
galería de competidores para irles
acondicionando desde ya el paladar con
lo que se degustará en materia de
historias mínimas, por estos días, en
las salas del Cine Pobre. Empecemos con
las ofertas de casa, que incluye seis
productos nacionales y otros tres
gestados dentro de la Escuela
Internacional de Cine de San Antonio de
los Baños, con la presumible
colaboración entre jóvenes de distintas
banderas.
La familia, entorno micro desde el cual
mirar la sociedad entera, parece
obsesionar a los jóvenes realizadores
cubanos, y así lo comprobamos en El
patio de mi casa, de Patricia Ramos
y Domingo del pez, de Lianed
Marcoleta. Adriana F. Castellanos hace
de todo: guión, fotografía, edición y
dirección en El pez de la torre nada
en el asfalto, título
contradictoriamente extenso para solo
tres minutos de metraje, en blanco y
negro, donde una tragedia doméstica se
desencadena bajo el agobio de la
cotidianidad difícil.
Vuelve el entorno casero en Homo
sapiens, una prueba del sarcástico
costumbrismo sobre la Cuba de hoy que
puede brindarnos el escritor Eduardo del
Llano, en plan de guionista y director
cinematográfico, y bien acompañado por
los actores Luis Alberto García, Laura
de la Uz, Mirta Ibarra y Néstor Jiménez
y la música del incombustible Frank
Delgado.
Cuando el bache económico de los 90
trajo un cambio de prioridades en los
nativos de la Isla pasaron cosas como
las que revela Siberia, de la
ecuatoriana Renata Duque; mientras que
en La Habana del año futuro de 2027,
ocurre el relato de sexo y muerte que
Jorge Molina cuenta en Molina's Mofo.
También la sexualidad acercándose a los
límites provoca El grito, un
corto de Milena Almira. Y La cura,
del alumno brasileño de ICTV Rodrigo
Alves Melo, mira hacia la locura, en un
escenario de alucinaciones que destaca
por su fotografía y dirección de arte.
La portorriqueña Claudia Calderón
ambienta su corto El año del Cerdo
en el habanero Barrio Chino, donde un
“efecto dominó” trastorna el destino de
sus habitantes.
De Alemania es una versión del famoso
cuento Solo vine a hablar por
teléfono, de Gabriel García Márquez,
que lleva como título Von Fall zu
Fall. Llegado de la escuela de cine
de Hamburgo es Dealer, un
ajustado ejercicio cinematográfico que
describe las peripecias de un chico por
rescatar la unión de sus padres. Otra
germana es Weekend, impresionante
ensayo fílmico sobre la dualidad de
civilización-animalidad que está en el
centro de la naturaleza humana.
Vejez, soledad y una fiesta de
cumpleaños conforman la singular
Setenta, de los españoles Paco
Torres y Alexis Morante. También del
país ibérico es José Corral y The
darkside, con estupendos recursos de
animación digital puestos en función de
esa fusión de género negro y ciencia
ficción que en el cine ha parido
clásicos como Blade Runner. Otras
de España son Máquina (Gabe
Ibáñez) y Sálvame (Javier Veiga).
Europa tiene un par más de buenas
representantes en La fábrica, de
Claudia Clemente (Portugal), en que la
alienante modernidad industrial se
muestra vencida por el impulso gregario
del ser humano; y Meandro
(Bélgica), de Joke Liberze, donde un
grupo de adolescentes es dibujado con
tintas de impresión documental.
Arduo es hablar de la totalidad de los
cortos, más por si acaso el triunfador a
la postre se me quedara fuera, anoto los
títulos que me faltan: Tu Chat
(Jorge Lorenzo, Argentina), EV (Asif
Rustamov, Azerbaiján), Por unas
canicas más (Jelmar Hufen, España) y
The fear of Mr. G (Adina Pintilie,
Rumanía). |