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Manifiesto del cine pobre
El intento de globalización acentúa el
abismo entre el cine pobre y un cine
rico. Ello comporta, definitivamente, el
peligro de la implantación de un modelo
único de pensamiento, sacrificando a su
paso la diversidad y la legitimidad del
resto de las identidades nacionales y
culturales.
Hoy día, es la revolución tecnológica en
el cine, la portadora de eficaces medios
de resistencia a este proyecto
despersonalizador, al consolidarse
progresivamente nuevas posibilidades
técnicas, que como en el caso del video
digital y su ulterior ampliación a 35mm
reducen notablemente los procesos
económicos de la producción
cinematográfica.
Ello repercute en una gradual
democratización de la profesión, al
desequilibrar el carácter elitista que
ha caracterizado a este arte vinculado
inexorablemente a la industria.
Aprovechar y estimular esta reducción de
costos de producción, significará en un
futuro inmediato la inserción en la
cinematografía de grupos sociales y de
comunidades que nunca antes habían
tenido acceso al ejercicio de la
producción del cine, a la vez que dará
perdurabilidad a las incipientes
cinematografías nacionales.
Ello será el baluarte fundamental para
escapar de un sentimiento de indefensión
ante el vandalismo globalizador y
permitirá legitimar, de una vez y por
todas, la polivalencia de estilos,
legados y propósitos de un arte que no
será patrimonio de un solo país ni de
una sola e impositiva concepción del
mundo.
Para que esto ocurra eficazmente, habrá
que derribar el muro del control de la
distribución cinematográfica por un solo
grupo de mayores o transnacionales, que
genera la alienación del público, al no
tener este acceso a las obras de sus
autores nacionales.
Ello nos permitirá luchar contra el
espectáculo de la violencia gratuita
cinematográfica, que envilece a las
audiencias y especialmente a los
espectadores más jóvenes.
Una gradual desalienación del público
solo será fecunda si los diferentes
gobiernos implantan acciones legales que
apoyen la producción y la distribución
de sus obras cinematográficas
autóctonas.
Entonces el cine habrá salido,
definitivamente, de la era de la
barbarie. |