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“Es un buen síntoma que a los jóvenes se
nos dé la palabra, otra demostración de
la confianza que tiene la dirección de
este Festival en los nuevos. (…) Hoy es
una realidad que una película puede ser
vista en casa, y en múltiples
reproductores, desde la pantalla de un
móvil, hasta la computadora o la
televisión de última tecnología, con
resolución y calidad óptimas. (…) Me
llama la atención cómo la evolución de
la tecnología nos lleva a cambiar la
manera de percibir y disfrutar las
historias. No concibo ver una película
de tres horas de Theo Angelopoulos, o
una de siete de Bela Tarr en un móvil,
con una pantalla de cinco centímetros,
menos aún si se tiene en cuenta el tempo
y la atmósfera que caracteriza a estos
autores.
“La dramaturgia está cambiando y no solo
debido al avance y los cambios en la
cadena de realización y exhibición de un
filme, sino también por la pérdida de la
inocencia y la saturación visual del
espectador medio, y también porque es el
reflejo de los tiempos que corren. La
dramaturgia en estos tiempos no se puede
desligar de la cultura visual, que
impone nuevas condiciones a la mirada.
Esa educación visual es inmediata porque
no se busca, se encuentra, y más que
encontrarte te asalta sin que te des
cuenta, porque es consustancial a la
vida contemporánea. Hablo de los
video-juegos, de Internet, de la
televisión, del móvil, pero también me
refiero a la vida cotidiana de las
ciudades contemporáneas, totalmente
diseñada en función de la comunicación
visual: toda información se transmite de
manera inmediata, las experiencias se
comparten instantáneamente, los aparatos
electrónicos sustituyen la percepción
directa del sujeto. […]
“Está claro que el espectador de hoy ha
visto mucho más que el espectador de
ayer, y de la misma manera el narrador
de hoy se ve precisado a introducir
cambios en sus relatos, porque el
receptor lleva miles de años escuchando
historias. Los cambios son tantos que el
oficio de guionista pudiera desaparecer,
sin embargo, me reconforta pensar que
siempre, sea el medio que sea, habrá que
organizar el relato, las imágenes y el
sonido.
“Hoy parece más interesante un picotillo
de información, como una droga de efecto
rápido, que el detenimiento y la
reflexión en una película que nos
despierte algo. Los picotillos, el
zapping llevan al vacío, a la nada, y
estamos viviendo tiempos tan cargados de
conflictos, de problemas por resolver,
que tan solo con prender una cámara ante
la realidad ya se conforma un discurso.
Lo que no hay es tiempo para historias
falsas, y en el cine cubano hay mucha
falsedad. En estos tiempos el autor debe
permitirse ironizar, parodiar,
reinterpretar o citar otras fuentes del
arte, referenciar el momento en que vive
y las etapas que atravesó el pensamiento
del hombre.
“El espectador de hoy, como el de todos
los tiempos, espera ver siempre la misma
historia, pero también aspira a que en
tres o cuatro minutos de filme se rompa
el paradigma y suceda algo impredecible.
Solo de esta manera puede engancharse al
espectador en un nuevo discurso. Aun
cuando se opte por un cine que solo
refleje los problemas reales y
concretos, el entretenimiento no puede
quedarse fuera. […]
“Es fácil, en los tiempos que corren,
caer en la fórmula fácil y anotarse una
película de éxito. Todos aspiran a un
éxito tremendo con su ópera prima, y
derivan en facilismos para alcanzar el
triunfo, como el acercamiento a temas
políticos escabrosos, y no estoy en
contra de que cada cual luche su pan,
pero teniendo en cuenta la tremenda
responsabilidad inherente al acto de
crear un discurso y soltarlo en el aire.
[…]
“No hay nada asegurado. No hay esquemas
ni recetas salvadoras. Cada historia
deberá ser distinta aunque sepamos que
no hay nada nuevo bajo el sol. A pesar
de tantas verdades falsas y tantas
mentiras verdaderas, hay cada vez más
personas con el olfato alerta para
detectar cuándo una película no es
auténtica, verosímil, real o bella.
Lamentablemente hay demasiado cine
falso, de narices arregladas y dientes
de funda. Esperemos que los dramaturgos
cubanos de cine, televisión, teatro,
video juegos, fiestas, móviles,
interacciones y descargas opten por
tejer historias que citen, ironicen,
satiricen, sean auténticas y logren
estremecernos. |