Año VI
La Habana

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de 2008

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El taller del tiempo y de la luz

Saulo Jordán • Holguín

 
Durante la sexta edición del Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara, el director de fotografía francés Jacques Loiseleux, diseñador de las imágenes en más de 75 filmes de ficción de los más prestigiosos realizadores franceses, se reunió delante del telecentro municipal, para impartir un taller protagonizado por la luz, su manipulación, y sobre algunos modos para producir la ilusión del paso del tiempo, y crear sentidos a partir solo de la iluminación.
 

Cuenta Loiseleux que el taller de este año no es más que la continuación de una asidua y profunda participación en estos festivales; Solás le solicitó que realizara en pleno evento un taller con el tema que le pareciera más útil, y como el francés está convencido de que la luz es un elemento tan primordial en una película como los diálogos, los actores, la música o el montaje, el taller ocurrió en dos partes y en un plano continuo que comenzó de día, mientras la cámara se acerca al rostro de una muchacha sentada en un muro con una sombrilla amarilla, y terminó cuando la cámara comienza a retroceder desde el rostro, luego se va abriendo el plano hasta percibir la sombrilla primero, hasta percatarnos que ha caído la noche sin cambiar de plano.

El paso del tiempo puede ser sugerido perfectamente a través de la iluminación; este es un precepto que anima a Loiseleux a realizar este taller con jóvenes realizadores, que se inspira esta vez en un cuadro de la pintora mexicana Frida Kahlo. La mitad del cuadro, y de la figura de la pintora está iluminada, y la otra mitad está completamente en las sombras. Entre otras cosas, el taller aspira a demostrar las diferencias y ventajas del cine respecto a la composición plástica de la pintura.

En la plástica —asegura Loiseleux con un nivel de convencimiento tan profundo que contagia a quien lo escuche— se detiene el tiempo, el instante, y el observador puede cambiar solo la perspectiva, el punto de observación, porque todo lo demás ya está hecho y terminado, pero el cine es el único arte que tiene la eventualidad de mostrar diversos planos, de atrapar el paso del tiempo, su duración, su devenir; es como si a la sucesión de fotogramas le fuera dada la infinita posibilidad de evidenciar la duración de las cosas y la dinámica de los procesos, muchas veces mediante la luz. La observación en el cine no es un solo plano, como en la pintura, sino en tantos planos como decida el autor de la obra, quien también decide, por tanto, la duración del tiempo preciso en esa toma.

Fotógrafo preferido del célebre director francés Maurice Pialat, Loiseleux considera que los dos trabajos suyos que más lo enorgullecen, por lo menos en cuanto al trabajo con la luz, son Bajo el sol de Satán y A nuestros amores (ambas dirigidas por Pialat) “porque en ambas me sentí muy cómodo y pude expresarme a plenitud, aunque yo estoy convencido de que en cada película que hago estoy haciendo la luz para un autor, para el director de la película, yo simplemente selecciono lo que me parece mejor para su película”.

Interrogado sobre los grandes autores y títulos que lo han influido, o que más le agradan, Loiseleux asegura que son muchos, demasiado para enumerarlos todos, pero que puede hablar de Jean Vigo, Pier Paolo Pasolini, Andrei Tarkovski, Jean Renoir, Ingmar Bergman, varios japoneses, y los realizadores chinos más contemporáneos. Presionado casi por este redactor a que nos diera un título paradigmático y de fecha reciente, nos menciona, como en un susurro evocador, In the Mood for Love, de Wong Kar Wai.

A pesar de que es nombre fijo y presencia asidua, estimadísima, en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, particularmente en la cátedra de fotografía, además de sus talleres y conversatorios en Gibara, Loiseleux ha decidido no dedicarse a la enseñanza en Francia; dice que no le interesa por un problema de método en aquella escolástica, pero que en otros países quisiera muy bien enseñar, transmitir lo que sabe sobre fotografía, porque considera que buena parte del cine contemporáneo está perdiendo toda intencionalidad en cuanto a la iluminación.

“Constantemente vemos películas en las cuales no se utiliza a fondo, ni en ninguna medida, la luz. Es como la mala televisión, sin ningún interés en el encuadre, solo los actores, mal fotografiados, diciendo sus diálogos. El trabajo con la iluminación es algo específicamente cinematográfico, que lo distingue como medio de la televisión, y cuando se pierde por completo, el cine sacrifica buena parte de su esencia. Por eso hago estos talleres, y los seguiré haciendo.”          
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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