Durante la sexta edición del Festival
Internacional de
Cine Pobre de Gibara, el director de
fotografía francés Jacques Loiseleux,
diseñador de las imágenes en más de 75
filmes de ficción de los más
prestigiosos realizadores franceses, se
reunió delante del telecentro municipal,
para impartir un taller protagonizado
por la luz, su manipulación, y sobre
algunos modos para producir la
ilusión del paso del tiempo, y crear
sentidos a partir solo de la
iluminación.
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Cuenta Loiseleux que el taller de este
año no es más que la continuación de una
asidua y profunda participación en estos
festivales; Solás le solicitó que
realizara en pleno evento un taller con
el tema que le pareciera más útil, y
como el francés está convencido de que
la luz es un elemento tan primordial en
una película como los diálogos, los
actores, la música o el montaje, el
taller ocurrió en dos partes y en un
plano continuo que comenzó de día,
mientras la cámara se acerca al rostro
de una muchacha sentada en un muro con
una sombrilla amarilla, y terminó cuando
la cámara comienza a retroceder desde el
rostro, luego se va abriendo el plano
hasta percibir la sombrilla primero,
hasta percatarnos que ha caído la noche
sin cambiar de plano.
El paso del tiempo puede ser sugerido
perfectamente a través de la
iluminación; este es un precepto que
anima a Loiseleux a realizar este taller
con jóvenes realizadores, que se inspira
esta vez en un cuadro de la pintora
mexicana Frida Kahlo. La mitad del
cuadro, y de la figura de la pintora
está iluminada, y la otra mitad está
completamente en las sombras. Entre
otras cosas, el taller aspira a
demostrar las diferencias y ventajas del
cine respecto a la composición plástica
de la pintura.
En la plástica —asegura Loiseleux con un
nivel de convencimiento tan profundo que
contagia a quien lo escuche— se detiene
el tiempo, el instante, y el observador
puede cambiar solo la perspectiva, el
punto de observación, porque todo lo
demás ya está hecho y terminado, pero el
cine es el único arte que tiene la
eventualidad de mostrar diversos planos,
de atrapar el paso del tiempo, su
duración, su devenir; es como si a la
sucesión de fotogramas le fuera dada la
infinita posibilidad de evidenciar la
duración de las cosas y la dinámica de
los procesos, muchas veces mediante la
luz. La observación en el cine no es un
solo plano, como en la pintura, sino en
tantos planos como decida el autor de la
obra, quien también decide, por tanto,
la duración del tiempo preciso en esa
toma.
Fotógrafo preferido del célebre director
francés Maurice Pialat, Loiseleux
considera que los dos trabajos suyos que
más lo enorgullecen, por lo menos en
cuanto al trabajo con la luz, son
Bajo el sol de Satán y A nuestros
amores (ambas dirigidas por Pialat)
“porque en ambas me sentí muy cómodo y
pude expresarme a plenitud, aunque yo
estoy convencido de que en cada película
que hago estoy haciendo la luz para un
autor, para el director de la película,
yo simplemente selecciono lo que me
parece mejor para su película”.
Interrogado sobre los grandes autores y
títulos que lo han influido, o que más
le agradan, Loiseleux asegura que son
muchos, demasiado para enumerarlos
todos, pero que puede hablar de Jean
Vigo, Pier Paolo Pasolini, Andrei
Tarkovski, Jean Renoir, Ingmar Bergman,
varios japoneses, y los realizadores
chinos más contemporáneos. Presionado
casi por este redactor a que nos diera
un título paradigmático y de fecha
reciente, nos menciona, como en un
susurro evocador, In the Mood for
Love, de Wong Kar Wai.
A pesar de que es nombre fijo y
presencia asidua, estimadísima, en la
Escuela Internacional de Cine y
Televisión de San Antonio de los Baños,
particularmente en la cátedra de
fotografía, además de sus talleres y
conversatorios en Gibara, Loiseleux ha
decidido no dedicarse a la enseñanza en
Francia; dice que no le interesa por un
problema de método en aquella
escolástica, pero que en otros países
quisiera muy bien enseñar, transmitir lo
que sabe sobre fotografía, porque
considera que buena parte del cine
contemporáneo está perdiendo toda
intencionalidad en cuanto a la
iluminación.
“Constantemente vemos películas en las
cuales no se utiliza a fondo, ni en
ninguna medida, la luz. Es como la mala
televisión, sin ningún interés en el
encuadre, solo los actores, mal
fotografiados, diciendo sus diálogos. El
trabajo con la iluminación es algo
específicamente cinematográfico, que lo
distingue como medio de la televisión, y
cuando se pierde por completo, el cine
sacrifica buena parte de su esencia. Por
eso hago estos talleres, y los seguiré
haciendo.” |