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Tres obras de una docena de los más
significativos artistas plásticos
cubanos pudieron ser apreciadas, cuando
se inauguró una nueva Muestra en el
Museo Municipal de Gibara, calle
Independencia, número 19. De cada
tríada, al menos una de las obras, ya
sean pictóricas o escultóricas, serán
donadas por los artistas al Museo, que
de este modo se transforma en uno de los
más actualizados y rotundos, en cuanto a
la pintura cubana actual, en esta región
de la Isla.
Predomina la diversidad de técnicas y
estilos: desde las pequeñas esculturas
de gorditas hirsutas, de la holguinera
Martha Jiménez, autora de la famosas
figuras que adornan la Plaza del Carmen
camagüeyana; hasta el tríptico de las
palmas, los precisos y preciosos dibujos
a blanco y negro de Rafael Pérez: en uno
el árbol típico de nuestras sabanas se
encierra en embalajes de madera, como
para ser vendido, en un segundo cuadro,
la cintura de la palma está presa por un
carrete fílmico; y en el tercero, su
longitud atraviesa tres bohíos de un
solo “palmazo”.
Buena parte de estas obras, en realidad
la mayoría, fueron pintadas en la
anterior edición del Festival, cuando
nuestro evento fue literal y noblemente
invadido por estos artistas que ahora
nos revisitan con sus creaciones; y el
retorno está mediado por el muy generoso
gesto de donar algunas al Museo local,
donde por cierto, se atesora también
absolutamente toda la información en
papel que ha generado el Festival en sus
cinco ediciones anteriores.
Ese maestro de la escultura ambiental,
cinética y erótica que es Osneldo
García, premio nacional de artes
plásticas en 2003, también nos propone
sus piezas menos provocativas de lo que
parecen a primera vista, con
detenimiento aparece una singular poesía
perceptible sobre todo en los colores o
en los materiales elegidos, se puede
colegir una historia en estas
reminiscencias genitales tal vez
provenientes del Decamerón o del
capítulo ocho de Paradiso. Esa
cintura de metal, de vulva abierta y
provocativa, rodeada de cinturones en el
preciso instante del desabroche,
constituye una adorable bofetada a la
mojigatería de
Tampoco faltan las pintoras y, por
ejemplo, la delicadeza vegetal de una
mulata cargada de peces según Alicia
Leal, o la mujer-sirena que comparte
entorno con un güije embotellado, según
delirio de Aziyaidée Ruiz, quien también
envió dos obras muy similares, influidas
quizás por el op art, ambas describen a
lo mejor sendas abstracciones de la mar
rizada, inspiradas en el Malecón de
Gibara, o en el de La Habana, qué más
da, y resueltas en azules y amarillos,
celestes y naranjas, combinaciones
arriesgadas pero que provocan inefable
placidez.
Por lo marino espectacular optan también
Agustín Bejarano y Miguel Ángel Leyva,
el primero, con las centenarias
caparazones de caguamas o galápagos,
sobre una de las cuales el creador pintó
sus meditabundos guajiros que tanto nos
sugieren, mientras que Miguel Ángel
Leyva nos expone un pez de ojos saltones
y cola de tenedor, junto a un homólogo
que describe a un sapo montado en una
cuchara con cola de helicóptero.
Figuran en la galería de clásicos
actuales otros como Nelson Domínguez,
Rafael Pérez, William Hernández y Nadia
García, pero no quisimos revelar el
carácter de otras obras para que, como
bien nos advirtieron en la galería,
dejemos algo a cargo de la sorpresa. |