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de 2008

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Gibara: leyendas e historia

P. A. Fonseca • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)

 

Hasta en el origen de su nombre Gibara acumula mitos e historia. Para algunos su nombre nace de Jibá, palabra indígena que identificaba un arbusto abundante en las tierras húmedas hasta anegadizas de la zona. Para otros proviene del vocablo Jíbaro,  también de origen indio y que significa rústico, indomable.  Otro grupo de investigadores dice que el nombre de la villa se debe al Guiabara, árbol  de una singular madera, utilizado en la fabricación de carbón.

No son pocos los estudiosos que aseguran que por Gibara fue por donde el 28 de octubre de 1492 arribó Cristóbal Colón a la mayor de Las Antillas. Al  ingeniero Luis Morales y Pedroso se debe tal estudio que fue dado por cierto por la Sociedad Geográfica de Cuba.

Gibara fue fundada el 16 de enero de 1817 aunque la categoría de municipio le fue quitada por un tiempo y luego restituida. Se considera fecha de fundación el día en el que se colocó la primera Piedra del Casquillete de San Fernando y dio origen al poblado. 

Fue una de las primeras villas de Cuba y una de las más descollantes en la zona norte oriental entre el segundo tercio del siglo XIX y las primeras décadas del XX, justamente cuando el comercio dependía del transporte marítimo y el ferroviario. La construcción de la carretera central (de 1927 a 1931) acarreó de cierta manera el declinar económico de la también llamada Villa Blanca.

El esplendor mercantil del que gozó hizo que Gibara contara con un asentamiento en el que se mezclaran españoles, otros europeos, con holguineros y bayameses, que gracias al negocio acumularon considerables fortunas. Esta bonanza es la que permitió la construcción de bellos edificios tanto particulares, como públicos.

Se cuenta, por ejemplo, que instituciones culturales como el Gran Teatro de Gibara era una de las mejores salas del país y que en sus pisos bailó nada menos que Isadora Duncan. El hecho ha sido narrado de forma oral porque no hay constancia escrita, pero se asegura que por una rotura la goleta donde viajaba la famosa artista recaló en la costa del poblado, y al estar al tanto de la existencia de la singular instalación danzaria conocida entonces como Casino Español pidió, y se lo concedieron, bailar para el público.  De todas formas haya bailado o no la Duncan en ese escenario, lo que sí es verídico que en sus salas actuaron Brindis de Salas, Ignacio Cervantes y  Bola de Nieve, entre otras singulares personalidades.

Otra de las historia de Gibara  narra la existencia de un hombre muy rico, que construyó un palacete y lo llenó con exquisiteces de todas las latitudes. Pero eso no le bastaba: hacía fiestas, para algunos hasta orgías, donde tomaban parte hombres y mujeres muy conocidos por distintas razones. La lista de asistentes es numerosa y los actos a veces impúdicos también.

En el Museo de Artes decorativas existe un cuadro, elaborado con cabellos humanos, que tiene su origen, según la leyenda, en un amor contrariado entre una joven que enfermó de manera mortal y su novio, que inmortalizó su recuerdo mandando a construir la singular pieza.

En fin, mitos e historias verdaderas se abrazan  en ese pueblo que cultiva como pocos el contar leyendas de los lugareños, acto que hacen con orgullo y, por supuesto, que muestra la extraordinaria fantasía popular que habita en esa zona al norte de Holguín.

La Villa Blanca, ostenta importantes conjuntos arquitectónicos, que emulan no solo con los de Holguín, sino con el de otras localidades en las que reina la arquitectura colonial. A Gibara, declarada Monumento Nacional en 2004, se le considera la segunda ciudad amurallada de Cuba en importancia.  Las ruinas del Cuartelón y la Batería de Fernando VII son blasones del país, no solo de ese municipio. 

Desde el punto geográfico despunta la Silla de Gibara, nombrada así según cuentan por el propio Colón dado su parecido a una silla de montar caballos. Otra elevación que nombró el Almirante fue la  Loma de la Mezquita,  parecida a la Peña de los Enamorados, de Andalucía.

Con unos 630 km2, Gibara limita por el norte con el océano Atlántico, al sur con Holguín, al este con  Rafael Freyre y al oeste con  Calixto García y la provincia de Las Tunas.

En esa ciudad donde historia y presente se dan la mano de forma armónica, nació el Festival del Cine Pobre en el 2002. Quizá la aureola singular del terruño se ha vertido en un encuentro que tiene como fin reivindicar el cine como arte y que ya va por su exitosa sexta edición.
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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