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¡Qué bueno, Santiago de Cuba retuvo la
corona de campeón nacional! ¡Qué malo,
se acabó la serie! Esos son los
sentimientos que contrapuestos anidan en
los seguidores del béisbol,
especialmente en aquellos aficionados de
los muchachos de Antonio Pacheco y de
Jorge Fuentes.
Terminó la pelota, esa pasión nacional
que mueve el debate, la risa, la broma y
sobre todo las emociones, incluso de
aquellos que no tienen a sus equipos en
las finales de campeonato. Por unos días
seguirán las conversaciones y
discusiones, hasta que otra serie, la
48, se inicie en el Guillermón Mocada
con el primer enfrentamiento entre
Santiago y Pinar.
Pero ahora todo el honor del mundo para
mi equipo, ese Santiago de Cuba, que
barrió con casi todos los récords
ofensivos precedentes tanto en series
nacionales como post temporadas. Un
conjunto que a pesar de no contar con un
cuerpo de lanzadores como en el de La
Habana o el propio Pinar, a la hora
buena también se ha lucido, por ejemplo,
ha ganado el último juego dos por una
con un desempeño fabuloso del jovencito
de 20 años Reinier Roibal y un cierre
magistral del grande entre los grandes
Norge Luis Vera.
Las avispas constituyen el equipo más
ganador desde que se juegan 90 partidos
y tres play off, desde hace unos diez
años. Seis coronas de las disputadas
hablan por sí solas de la supremacía
santiaguera, con un impresionante
balance de
704-369, el mejor en esta composición y
década, lapso en el que en cuatro
ocasiones han ganado más de 60 partidos,
pero también es el equipo de actuación
más relevante desde que en 1977-1978
comenzaron a participar las 14
provincias e Isla de la Juventud.
Si Industriales tiene el merito de más
victorias –juega con ese nombre desde
1963- Santiago se ha ganado el derecho
de ser ubicado también en los más alto
de la historia de series nacionales en
Cuba.
Rolando Merino, Alexei Bell, Héctor
Olivera, Ronny Mustelier, Luis Miguel
Navas, y Vera, Biset, Ormani, Poll, José
Julio, Maikel, todos contribuyeron a
esta incuestionable victoria que
reafirma a las avispas como una nueva
versión de la aplanadora. Para su mentor
y líder, Antonio Pacheco, este conjunto
es más completo ahora que cuando él
formaba con Orestes Kindelán el mejor
dúo ofensivo de la pelota cubana en
mucho tiempo. Para el Capitán de
capitanes, este equipo tiene mucha más
velocidad que el otro y además la
ofensiva no recae solo en cuatro o cinco
hombres, sino en los nueve que juegan y
los que están en el banco.
Mucho ha influido en los resultados de
este equipo la dirección técnica de los
propios Pacheco y Kindelán, de Alemán,
Escaurido y todos los que dirigen al
grupo de jóvenes alegres que salen al
terreno a darlo todo.
Especial la labor de Pacheco: de cuatro
series en las que ha dirigido ha ganado
tres campeonatos y en otro fue
subcampeón. Su manera caballerosa dentro
y fuera del terreno se la ha impregnado
a sus discípulos que lo califican ante
todo como amigo.
Es superficial decir que a Santiago lo
dirige cualquiera: no se logra
ofensiva, cohesión y alegría en un juego
si no existe disciplina y camaradería
entre los integrantes del equipo.
Una vez más añoro estar en la trocha, en
el paseo Martí, en Padre Pico, o cerca
de la bahía donde los santiagueros
celebran el triunfo de sus muchachos,
que recibidos como héroes –lo son- ahora
descansarán unos días, para luego asumir
nuevos retos, incluso, esperamos todos,
el de defender por parte de unos cuantos
de sus jugadores y mentor, los colores
del equipo Cuba en Beijing. |