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Poema para el alba
Arrebatos de carne viva
en los estíos explayados de la corteza
cerebral
han flagelado los contornos de la tierra
los ranforinquios en el sarcasmo de sus
colas
captan el viento
el viento que ya no tiene espada
el viento que ya no es sino una caña de
pescar los frutos de
todas las estaciones del cielo
manos abiertas
manos verdes
para las bellas fiestas de las funciones
anhídridas
nevarán adorables crepúsculos sobre las
manos tronchadas de las
memorias respirantes
y de ahí
sobre las grietas de nuestros labios de
Orinoco desesperado
la feliz ternura de las islas mecidas
por el pecho adolescente
de las fuentes del mar
y en el aire y en el pan siempre
renaciente de los esfuerzos
musculares
el alba irresistible abierta bajo la
hoja
cual claror el impulso espinoso de las
belladonas
Visitación
oh marejada anunciadora sin nombre sin
polvo de toda palabra
vinosa
marejada y mi pecho salado en las
ensenadas de los antiguos días
y el joven color
tierno en los senos del cielo y de las
mujeres eléctricas
de qué diamantes
fuerzas eruptivas trazad vuestros orbes
comunicaciones telepáticas retomad a
través de la materia
refractaria
los mensajes de amor extraviados en los
cuatro rincones del mundo
volved a nosotros reanimados
por las palomas viajeras de la
circulación sideral
en lo que a mí se refiere a nada temo
soy de antes de Adán no
dependo siquiera del mismo león
ni del mismo árbol soy de otra caloría y
de otro frío
oh mi infancia leche de luciérnaga y
estremecimiento de reptil
pero ya la víspera se impacientaba hacia
el astro y la poterna
y huíamos
sobre un combado mar increiblemente
sembrado de popas de
naufragios
hacia una orilla donde me aguardaba un
pueblo agreste y penetrador
de bosques con
ramas de hierro forjado en las manos -el
sueño camarada sobre
la escollera- el perro azul de la
metamorfosis
el oso blanco de los témpanos de hielo y
Tu muy salvaje des-
aparición
tropical como una aparición de lobo
nocturno en pleno mediodía
Supervivencia
Te evoco
bananero patético que agitas mi desnudo
corazón
en el día salmodiante
te evoco
viejo hechicero de las montañas sordas
por la noche
justamente la noche que precede a la
última
y sus redobles de tedio golpeando en la
poterna loca de las ciudades
enterradas
pero no es sino el preludio de las
selvas en marcha sobre el cuello
sangrante del mundo
es mi odio singular
llevando a la deriva sus témpanos de
hielo en el aliento de las
verdaderas llamas
dadme
ah dadme el ojo inmortal del ámbar
y sombras y tumbas de granito
cuadriculado
pues la barrera ideal de los planos
húmedos y de las hierbas
acuáticas
escucharán en las zonas verdes
los intérpretes del olvidos anudándose y
desanudándose
y las raíces de la montaña
exaltando la estirpe real de los
almendros de la esperanza
florecerán por los senderos de la carne
(la penuria de vivir pasando como una
tempestad)
mientras que bajo el cartel del cielo
un fuego de oro sonreirá
al canto ardiente de las llamas de mi
cuerpo
De Las armas
milagrosas, 1946
Traducción de Lizandro Z.D.Galtier, 1974
Batuque (fragmento)
(...)
batuque
cuando el mundo quede desnudo y tostado
como la matriz calcinada por los grandes
soles
del amor
batuque
cuando el mundo sea sin búsqueda
un corazón maravilloso en que se estampe
el decorado
de las miradas hechas pedazos
por vez primera
cuando las querencias lleguen a atrapar
a las estrellas
cuando el amor y la muerte sean
una misma serpiente coral enroscada a un
brazo
sin ajorca
sin hollín
sin densa
batuque del río en crecida de lágrimas
de cocodrilos
y látigos a la deriva
batuque del árbol de serpientes de los
bailarines
de la pradera
rosas de Pensilvania miran a los ojos la
nariz las
orejas
a las ventanas de la cabeza serrada
del ajusticiado
batuque de mujer de brazos de mar y
cabellos
de manantial submarino
la rigidez cadavérica transforma los
cuerpos
en lágrimas de acero
todos los fantasmas frondosos forman un
mar de
yucas azules
y armadías
todos los fantasmas neuróticos se han
desbocado
batuque
cuando el mundo sea, de abstracción,
seducida,
de brotes de sal gema
los jardines del mar
por primera y última vez
un mástil de carabela olvidada arda
almendro del
naufragio
un cocotero un baobab una hoja de papel
un rechazo en casación
cuando el mundo sea una mina a cielo
abierto
batuque
cuando el mundo sea una pasarela
mi deseo
tu deseo
conjugados en un salto en el vacío
respirado
al alero de nuestros ojos afluyan
todo el polvo de los soles poblados de
paracaídas
de incendios voluntarios de oriflamas de
trigo rojo
batuque de los ojos podridos
batuque de los ojos de melaza
batuque del mar doliente abrumado de
islas
el Congo en un salto de sol levante
pendiente de
un hilo
pozal de ciudades sangrantes
manojo de toronjil en la noche violada
batuque
cuando el mundo sea una torre de
silencio
en que seamos la presa y el buitre
todas las lluvias de loros
todas las dimisiones de chinchillas
batuque de trompas partidas de párpados
de aceite
de chorlitos reales virulentos
batuque de lluvia que se extingue
finamente hendida
de orejas enrojecidas
purulencia y vigilancia
Habiendo violado hasta la trasparencia
el sexo
estrecho del crepúsculo
el gran negro de la mañana
hasta el fondo del mar de piedra
reventada
atenta a los frutos del hambre de las
ciudades
trabadas
batuque
¡Oh! Sobre el íntimo vacío
—chorreante chorreado—
hasta la rabia del lugar
¡las prescripciones de un sangre severa!
Y el navío voló sobre el cráter en las
mismas puertas
de la hora surcada por las águilas
el navío avanzó por manojos calmos de
estrellas
fugaces
en manojos flavos de muelles cortados y
de panoplias
y el navío lanzó una andanada de ratones
de telegramas de caurís de quechemarines
un bailarín wolof hacía puntas y señales
en la punta del mástil más elevado
toda la noche se le vio danzar cargado
de amuletos y
de alcohol
saltando a la altura de las estrellas
feraces
un ejército de cuervos
un ejército de cuchillos
un ejército de parábolas
y el navío combado soltó un ejército de
caballos
A medianoche la tierra penetró en el
canal
del cráter
y el viento de diamantes tapizado de
sotanas rojas
olvidando el olvido sopló los cascos de
caballo cantando la aventura
de la muerte de su voz lechosa
sobre los jardines del arco iris que
enarbola algarrobos
batuque
cuando el mundo sea un vivero en el que
pesque
mis ojos con el anzuelo de los tuyos
batuque
cuando el mundo sea el látex de
prolongado cauce
de las carnes de sueño debido batuque
batuque de oleajes y singultos
batuque de búfalos burlados
batuque de los retos de avisperos
carminados
en el pillaje del fuego y del cielo
humeantes
batuque de las manos
batuque de los pechos
batuque de los siete pecados decapitados
batuque del sexo de beso de pájaro en la
huida
del pescado
batuque de princesa negra en diadema de
sol que
se derrite
batuque de la princesa atizando mil
guardianes
desconocidos
mil jardines olvidados bajo la arena y
el arco iris
batuque de la princesa de muslos del
Congo
de Borneo
de Casamancia.
(...)
Aimé Fernand David
Césaire (Basse-Pointe, Martinica, 26 de
junio de 1913 — Fort de France, 17 de
abril de 2008) Poeta y político francés.
Fue el ideólogo del concepto de la
negritud y su obra ha estado marcada por
la defensa de sus raíces africanas. Sus
obras fueron editadas en Euvres
complètes (tres volúmenes), Fort-de-France,
1976. Su poesía se compone entre otros
por Cahier d'un retour au pays natal,
Paris, 1939; Les Armes miraculeuses,
1946; Soleil cou coupé, 1947;
Corps perdu (grabados de Picasso),
Paris, 1950; Ferrements, Paris,
1960; Cadastre, Paris, 1961;
Moi, laminaire, Paris, 1982; La
Poésie, Paris, 1994. En Teatro se
citan: Et les chiens se taisaient,
Paris, 1958; La Tragédie du roi
Christophe, París, 1963; Une saison
au Congo, París, 1966; Une
tempête, d'après (La Tempestad
de William Shakespeare: adaptación para
el teatro negro) ', París, 1969. También
escribió numerosos libros de ensayos
como Esclavage et colonisation,
París, 1948; Discours sur le
colonialisme, Paris, 1955 y
Discours sur la négritude, 1950. |