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El punto de mira de los 60 en Cuba,
fotográficamente hablando, hurga en los
acontecimientos de la flamante
Revolución. No se escaparon desde sus
hechos más heroicos, hasta el recurrente
protagonismo de los personajes épicos y
populares de la cotidianidad.
Hasta finales de 1965 la
catapulta informativa
de la Revolución Cubana
es el
fotoperiodismo.
El
movimiento fotográfico “fue la expresión
artística más representativa de la
Revolución en su nacimiento. Fue esta
manifestación, por su propia naturaleza,
la que primero dio respuesta —en
bloque—, como imagen artística, a los
imperativos políticos y estéticos del
nuevo proceso. Y no es de extrañar que
este haya sido el momento de mayor
reconocimiento del valor social del
fotógrafo y la fotografía en Cuba”,
escribe la investigadora y fotógrafa
María Eugenia Haya (Marucha) en un
artículo publicado en mayo de 1980 en la
revista Revolución y Cultura.
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Foto de
Osvaldo Salas |
Para ser justos en el recuento, debemos
partir de la publicación especial de
tres números de la revista Bohemia
con motivo del triunfo revolucionario.
Salieron con el nombre de Bohemias de
la Libertad y una tirada de un
millón de ejemplares.
El
11 de enero
de 1959
salió el primero con 208 páginas, el 18
del propio mes continuaría su segunda
parte y el 1 de febrero la tercera.
El magazín hizo un amplio
despliegue gráfico nunca antes visto en
medios nacionales. Los temas se
centraron en el triunfo del pueblo y el
Ejército Rebelde; la marcha triunfal de
la Caravana de la Libertad por toda la
Isla; un recuento de los crímenes
cometidos por la tiranía derrocada y los
juicios públicos hechos a los esbirros
batistianos. Muchas de las fotos nunca
antes habían sido publicadas por motivo de
la férrea censura establecida en Cuba
desde el golpe de estado de Fulgencio
Batista, el 10 de marzo de 1952.
En efecto, la mayor parte de esa
iconografía catalogada hoy como épica,
fue producida para publicaciones
periódicas del momento tales como el
diario
Revolución
y la revista INRA, del entonces
recién creado Instituto Nacional de
la Reforma Agraria. El
fotoperiodismo no solo acaparó las
páginas de estos medios sino que
irrumpió en otros espacios públicos.
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Fotorreportaje
de las honras fúnebres de las
víctimas de la explosión del
buque La Coubre |
“Esta nueva imagen —escribe Marucha en
el referido artículo— ahora lo invadía
todo, donde tradicionalmente se pintaban
muros con imaginarias y sublimadas
muchachas publicitando algún producto,
ahora aparecía insólitamente una
maravillosa escena, especie de ceremonia
(agraria), donde Fidel hace entrega a
algunos campesinos de los títulos de
propiedad de la tierra.”
Los marcos ideológicos que envuelven a
estas fotografías están ajustados a una
responsabilidad social, con fines
educativos. Es una condición espontánea
que asumen los fotógrafos de la época
envueltos en la ola del nuevo proceso
social. Según describe Marucha, los
fotógrafos de estos años se tropezaron
“con una realidad que violentó sus
conceptos en todos los sentidos. Lo
inmediatamente evidente fue un cambio en
el especto formal de esta fotografía.
Los equipos tradicionales no resultaron
adecuados para la movilidad requerida
por la nueva situación y se generalizó
un estilo de fotografiar con luz
ambiente y cámara de 35 mm”.
Los que graficaron los primeros años de
la Revolución tuvieron que adaptarse a
las pocas condiciones materiales que en
sentido fotográfico existían —existen—
en Cuba. Las carencias ocurrían
fundamentalmente con las cámaras, los
objetivos, las películas, etcétera.
Cuenta Liborio Noval, fotorreportero de
Revolución y de Granma
casi por cuatro décadas, que la
necesidad los hizo “especialistas en
cuanto al trabajo con las luces” pues
nunca contaron con flashes ni
pudieron escoger películas de alta
sensibilidad. “Trabajábamos —cuenta
Liborio— con carretes que en la mayoría
de los casos venían del ICAIC. Entonces
teníamos que revelar un pedazo para ver
si ya no se había expuesto antes porque
fácilmente te encontrabas debajo de tus
fotos un pedazo de filmación del
noticiero de Santiago Álvarez”.
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Clausura de la
campaña de alfabetización, 1961.
Foto de Liborio Noval |
A partir de estos fotógrafos, comienza a
verse una marcada destreza técnica y
empírica que legan a sus semejantes de
las décadas posteriores. De esta forma y
sin proponérselo, instauraron un ingenio
particular que de alguna manera permitió
que el fotoperiodismo del primer
quinquenio de la Revolución sea el
paradigma gráfico dentro de la historia
de la fotografía en Cuba.
Muchos de los protagonistas del quehacer
fotográfico venían —en su mayoría— de
laborar en medios publicitarios y de
prensa existentes entonces. La madurez
de los conocimientos para la fotografía
de prensa, los fueron obteniendo con el
trabajo diario. Sin embargo, tenían a
su favor que ya desde la década del 40
se había visto en Cuba, sobre todo en el
campo publicitario, el incremento del
uso de la imagen fotográfica en
detrimento del lenguaje escrito. La
representación más naturalista de la
realidad pasaba a ser paulatinamente, a
partir de los cuarenta, del dominio de
la fotografía.
La
euforia masiva por el triunfo necesitaba
ser fotografiada para legitimar lo que
para muchos resultaba ser una utopía.
Así quedó la caballería de mambises
barbudos entrando, triunfantes esta vez,
a cada rincón de Cuba; los testimoniales
escenas de Ernesto Fernández; las milicianas y
la Plaza desbordada por el pueblo, de Korda; los alfabetizadores de Mayito o
los guajiros en La Habana y las
enérgicas multitudes de Liborio Noval.
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