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La Habana

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Liborio Noval y la veta amarilla

Kaloian Santos Cabrera • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)

 


Liborio Noval es de los que ha inmortalizado con imágenes los años de la Revolución Cubana. Su obra fotográfica protagoniza hechos capitales dentro de la iconografía de la Isla. A la hora de contar la historia de la fotografía cubana habrá que poner fotos suyas en cada década del siglo XX a partir del año 59. Liborio es de los pocos fotógrafos que se ha mantenido cámara en ristre en favor siempre de la prensa. De esta forma tuvo la oportunidad, durante casi medio siglo, de captar sucesos históricos. Laborando como fotorreportero, convirtió en obras de arte escenas que lo mismo involucraban a personalidades de la talla de Fidel Castro, el Che, el Papa Juan Pablo II, que a Dominga, una humilde campesina.  No es un genio, tampoco ha revolucionado la fotografía. Es sencillamente una persona con una sensibilidad especial, “una veta amarilla que tenemos los fotógrafos”, confiesa.
 

¿Soñó con ser algo en la vida de pequeño?

Nada especial, cosas de muchachos… en mi tiempo unos querían ser aviadores, otros peloteros…. A mí no me gustaban las letras y no estudié bachillerato, sino comercio, que era como se le llamaba antes. 

Por el año 57 me propusieron entrar al Departamento de Fotografía en la publicitaria Siboney, que pertenecía a la firma Gravi. Allí había varios dibujantes y nada más que tenían un fotógrafo. Nunca me habían interesado las fotos, así que decidí probar.

¡Imagínate si estaba perdido!: la primera vez que entré en un cuarto oscuro
muy bien preparado, por cierto me pusieron un negativo en la ampliadora, me enseñaron cómo se imprimía y pregunté si el negativo se botaba. Eso es, si tú quieres, un enamoramiento a primera vista…que sigue hasta hoy. 

¿Cómo era el fotoperiodismo en Cuba cuando usted empezó?

Las fotografías que más recuerdo haber visto en los periódicos eran las de crónica social, las de crímenes pasionales publicados fundamentalmente en el Diario de la Marina, en Bohemia, El Mundo… Se publicaban los 15 de "fulanita" o la boda de tal senador.

¿Y sobre los problemas que existían en Cuba?

Muy esporádicamente se veía algo. Sobre todo en un periódico muy pequeño y perseguido llamado Hoy. Eso lo hacían Raúl Corrales junto a Oscar Pino Santos, Tabío con Onelio Jorge Cardoso, entre otros. 

¿Cuándo toma la cámara en ristre?

En la publicitaria de Siboney hacíamos algo en contra de Batista y por el M- 26-7. Se hacían bonos, algún tipo de fotografías y parte del periódico Revolución en su fase clandestina. Entonces conocí a algunos compañeros del Movimiento. Uno de ellos, al triunfo de la Revolución lo designaron administrador del periódico Revolución y me llamó para trabajar en el laboratorio de fotografía.

¿Entonces dejó la publicitaria?

No señor, seguí trabajando con dos fotógrafos en Siboney paralelamente al periódico. Uno de ellos era el propio Corrales, a quien conocía desde el año ′57. Gracias a él aprendí a hacer fotos. Así estuve de laboratorista hasta el año 60, en que se intervinieron todas las publicitarias y me quedé como fotógrafo en el periódico Revolución, con un solo salario.

Entonces nace la revista INRA y no tenía fotógrafos, así que se nutre de los mismos que estábamos en Revolución: Corrales, Néstor Fernández, Korda, Salitas, el viejo Osvaldo Salas, entre otros. 



Dominga, tomada en el año 1960

Eran tiempos de grandes sucesos como la Campaña de Alfabetización, la lucha contra bandidos, los trabajos voluntarios…en fin, ¿cómo se las arreglaban para cubrir todo ese panorama con un pequeño staff de fotógrafos para dos medios de prensa?

Trabajábamos de domingo a domingo, 16, 17 horas. El periódico Revolución o INRA nos mandaba a hacer un reportaje y entonces traíamos suficiente material para los dos medios. Es más… trabajábamos y nos quedábamos hasta que salía la publicación, nos metíamos en la caja y los linotipos para ver cómo se hacía el periódico.

Imagínate que desaparecieron los anunciantes de los periódicos y ese espacio lo teníamos que llenar con grandes fotorreportajes. A veces en una concentración en la Plaza de la Revolución trabajábamos seis y siete fotógrafos de un mismo medio. Salían tres o cuatros páginas solo de fotos y nunca nos repetíamos en las imágenes.

¿O sea, llegó a ser fotorreportero totalmente por los caminos del empirismo?

A mí nunca me enseñaron cómo hacer un reportaje. En ocasiones el periodista no iba conmigo, él estaba buscando los datos del trabajo y, cuando terminaba, ya yo había terminado tranquilamente de hacer las fotos y si le interesaba algo más me lo decía. Nunca antes había hecho fotos de prensa, a lo mejor tenía un fotorreportero dormido. 

Cuénteme de los medios técnicos con que contaban. Ya para esa fecha la industria fotográfica había dado un gran salto en su desarrollo...

Los medios con que contábamos eran escasos. Yo tenía una cámara chiquita de 35 mm Nikon S, sin motor, sin gatillo, sin fotómetro… sin nada. Fue la primera que hicieron los japoneses después de la Segunda Guerra Mundial, con un lente de 35 mm y uno de 50 mm. Usábamos la luz ambiente, pues no teníamos flash electrónico, eso no existía para nosotros. En algunas actividades estaba la televisión y tenían una iluminación que nosotros aprovechábamos. Las películas nos las daba el ICAIC y teníamos que revelar un pedacito para ver si no estaba ya expuesto. Porque te podías encontrar algunas escenas del noticiero ICAIC de Santiago Álvarez en tus fotos. Así se hizo el archivo fotográfico de los primeros años de la Revolución.



¡Ñooo que bohío más grande! Tomada en 1960

Para terminar... ¿Alguna vez estuvo consciente de que, haciendo su trabajo, estaba haciendo historia?

Con el tiempo te das cuenta de que has vivido una parte importante del proceso de la Revolución. Tuve la oportunidad de tomarle muchas fotos al Che, de cubrir muchos viajes de Fidel y estar en eventos importantes. Uno no puede creerse el ombligo del mundo, tampoco puedes dejar que los humos se te suban a la cabeza por vivir esas ocasiones históricas. Estás haciendo tu trabajo por tus principios y lo tienes que hacer tan bien afuera como adentro del país, lo mismo con Fidel que con un obrero.
 



Celia Sánchez y Ernesto Che Guevara. Tomada en diciembre de 1961.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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