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“Soy un hombre de
imágenes, no de palabras, eso explica todo mi proceder”,
expresó Raúl Corrales, uno de los protagonistas
históricos de la fotografía cubana, cuando se inauguró su muestra personal
Tres
temas en la galería Julio Larramendi del Hostal Conde
de Villanueva, dedicada a exponer esa manifestación
plástica.
Se
trata de una selección de obras de los 60, los años
duros del comienzo de la Revolución, que hallaron su
reflejo en un fotorreporterismo que reveló la epopeya,
de un modo realista y sin dejar de descubrir aquellas
metáforas subyacentes en la imagen más cotidiana y, por
tanto, etapa representativa de un período paradigmático
en la fotografía cubana.
"El sueño",
"La pesadilla", "Crisis de Octubre", "Sombreritos", "Hemingway y Fidel",
"Anselmo
Hernández, el viejo", develan a ese artista
tras el que se halla el periodista gráfico que ha sido Corrales
durante sus casi 80 años de vida. Porque como él
mismo expresara en la inauguración se considera “un
fotógrafo de prensa que ha sido consecuente con la época
en que he vivido”.
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Corrales se inició en
la agencia Cuba Sono Films a mediados de la década del
40, posteriormente y luego del cierre de aquella como
consecuencia del macartismo comenzó en los 50 a trabajar
en Carteles y Bohemia donde cubrió
principales reportajes de esas publicaciones,
después del triunfo de la Revolución
Cubana fue
fotógrafo acompañante de Fidel Castro,
entre otras labores que acometería como reportero. Es así como su
historia personal está indisolublemente vinculada a
acontecimientos trascendentes (la estancia de Hemingway
en Cojímar y su pasión por el mar, las grandes
concentraciones de pueblo, y las Escuelas al Campo), y a
personalidades de la cultura y política cubanas (Che,
Camilo, Fidel, Anselmo Hernández, el pescador y ayudante
del gran escritor norteamericano).
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“He sido consecuente
con la época en que he vivido, y creo que soy un
privilegiado porque ¡cuántos quisieran haber pasado por
los caminos que yo anduve!” expresó Corrales ante el
público asistente. Y, ciertamente, su
creación, sumamente extensa, aún espera por muestras
antológicas de mayor alcance y por curadurías capaces de
descubrir aristas obviadas por la historiografía o por
la crítica que, desde la contemporaneidad, privilegia
otras tendencias estéticas y margina a una expresión a
la que, entonces, no podía exigírsele el concepto de
construcción de nuevas realidades, ese que desde hace
dos décadas fluye en la poética de los fotógrafos
contemporáneos cubanos.
Las obras de Corrales, Premio Nacional de
Artes Plásticas, de inicios de los 60 constituyen una
invitación imprescindible para valorar un fragmento de
la historia y de la fotografía de la Cuba de ese
período, hoy mitificado gracias a esas imágenes
congeladas cuya trascendencia no es ni será posible
obviar.
Entrevista
publicada originalmente en
La
Jiribilla
en febrero de 2004 |