Año VI
La Habana
26 de ABRIL
al 2 de MAYO
de 2008

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Mambo happy de una revancha imposible

Héctor Antón Castillo • La Habana
Fotos: Cortesía del autor

 

La revancha (la crítica cubana se dedica al arte), acogida entre marzo y abril de 2008 por la galería Servando bien pudo titularse La descarga. En definitiva, el arte contemporáneo es una descarga inevitable en sus modalidades extremas: tanto para quienes lo asumen desde un compromiso ético-social, como desde un cinismo gozoso del plagio, del soborno y la repetición de gestos y fórmulas sin límite de copias. Pero esta cuasi mediática exhibición no desembocó en el fracaso que sus detractores auguraban. Con el menudo interés de unos y la inesperada entrega de otros, los 14 participantes llenaron el espacio vacío con una dignidad que evadió las muecas indolentes.


El pagador de promesas, 2008 de Héctor Antón Castillo. Metal y tela

La iniciativa del crítico y curador Píter Ortega no pretendía desafiar el estigma del oficio de la crítica o el ensayo como asidero para “creadores frustrados” o “parásitos de la imaginación ajena”. Todo fluyó a la manera de irrumpir en el terreno desconocido. Algo así como una aventura que trascendiera el reto de suplantar, con ínfulas cerebrales, los roles establecidos. Al final, los llamados artistas continuarán produciendo artefactos de diversas formas, colores y precios, mientras que los denominados críticos seguirán escribiendo sobre lo que productores grandes o pequeños valoran (o patentizan) bajo el  rubro de “ARTE”.

La revancha... ilustró una suerte de anatomía visual de sus protagonistas. También demostró que los críticos se parecen a las fantasías de sus objetos de análisis-fetiche. ¿Acaso un continente identificado por el modo de nombrar el sexo masculino y femenino en América Latina o un loro hecho de alambre con una corbata roja no resultan bromas comparables a las de un Wilfredo Prieto o un Maurizio Cattelan, perpetrando desacatos chistosos que parecen jugárselo todo sin arriesgar nada? ¿Qué diferencia hay entre una instalación reciclada de Nelson Herrera Ysla y una catarsis intimista de Ezequiel Suárez, o la “columna infinita” de Yolanda Wood erigida con libros, videos, catálogos y un ensamblaje de Kcho imitando una espiral de Tatlin?


Por su propio peso (Entre muchos, mi obra), 2008 de Yolanda Wood.
 Libros, revistas, catálogos, gaveteros y videos

Entre las propuestas de Nelson y Yolanda se estableció un contrapunto azaroso desde la autorreferencialidad, como segmentos identitarios, y la noción de autor-lector como pose intelectual. El regodeo hedonista inspirado en su propia vida se desbordó en la Biografía de un curador (2008), donde Herrera Ysla recapituló viajes y reencuentros, antiguas complicidades y nostalgias recientes. Con este recuento autocomplaciente, N. H. Y. desahogó un secreto de su ego disfrazado de humildad: presumir de sus vivencias antes que de su larga trayectoria profesional.

La operación contraria se percibió en la oferta tridimensional de Yolanda Wood. En la “cumbre literaria” de volúmenes de su autoría o revistas especializadas donde colaboró, se reafirmó el sesgo encartonado de la academia que, a la vista pública, escamotea la confesión de obsesiones vitales. En fin, que la profesora de arte caribeño no dejó de ser la profesora ni al abandonar las aulas.


Mariano vs. Mariano, 2008 de Píter Ortega. Intervención: gallos de pelea y valla

La reacción polémica de la muestra la generó el propio curador Píter Ortega. Este trasladó a la galería una pelea de gallos finos. La intención primaria era recontextualizar un divertimento natural del campo cubano. En este sentido, la tradición rebasaba a la transgresión. No hay evidencia mayor que uno de los propósitos de la maniobra performática: un homenaje en tiempo real al pintor de gallos Mariano Rodríguez. No obstante, la caída momentánea del "débil" causó repulsión en los conservadores más tercos que, según parece, ansiaban un simulacro.  ¿Qué rango maldito posee esta intervención si nos detenemos en las truculencias censurables del arte contemporáneo, diseñadas para asegurar el gancho publicitario y sus repercusiones comerciales? Mariano vs. Mariano devino una alegoría de la ley fundamental de la vida moderna: quiénes vencen y quiénes pierden, como saldo de una contingencia que no perdona la fragilidad del cuerpo o la mente, en una pugna que incluye macropoderes y micropoderes.

La revancha (com)probó cuán absurdos son los roles que separan al artista “como productor de ideas” del crítico “como exégeta-deudor de la experiencia del otro”. ¿Acaso los buzones-emblemas recopilados por Darys Vázquez y Azael Ferraz no simbolizan ese “arte de la espera” que ha reemplazado el correo postal por el correo electrónico aguardando un mensaje esperanzador? ¿No podrían formar parte de un Salón de Arte Cubano Contemporáneo o hasta figurar en una Bienal de La Habana?


El reloj tiene cuerda // las circunstancias están en orden // Los platos fregados // el último ómnibus pasa de largo // … vacío // No podemos quejarnos // ¿Qué estamos esperando?, 2008 de Darys J. Vázquez (en colaboración con Azael Ferraz). Buzones de correo postal y sonido

El arte de la desaparición escapó de las manos de Sandra Sosa, editora del sello editorial Artecubano en su etapa más cuestionadora (2002-2006). Ella repartió a los interesados cien ejemplares de su texto Mambo happy (2008). En un abrir y cerrar de ojos ya no quedaba rastro del ensayo sobre los altibajos de la política cultural, aplicada a nuestras artes plásticas, ni de su autora. Un texto que se reparte al primero que lo solicita es tan efímero como un environment hermético o panfletario. ¿Retroconceptualismo a pulso de los 60 o mero interés de “participar sin participar”? ¿Apego a la escritura, o hastío de cualquier variante de engaño visual? Por suerte, la actitud de Sandra Sosa logró desmarcarse de quienes desecharon la oportunidad de intervenir en La revancha porque: “no se les ocurría nada "pertinente" que valiera la pena enseñar”. Una reticencia traducida en concederle (sin merecerlo) un aura de complejidad al libertinaje del arte contemporáneo. 

La revancha es una provocación que se verificará cuando algún artista con manía de escribano se disponga a romper el silencio: solo un gesto semejante completaría el intercambio de roles. En lo que llega una posible respuesta, mantendrá su condición de mambo presto a matizar el olvido de quienes optaron por ignorarla.

 
 
 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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