La revancha
(la crítica cubana se dedica al
arte), acogida entre
marzo y abril de 2008 por la galería
Servando bien pudo titularse La
descarga. En definitiva, el arte
contemporáneo es una descarga
inevitable en sus modalidades
extremas: tanto para quienes lo
asumen desde un compromiso
ético-social, como desde un cinismo
gozoso del plagio, del soborno y la
repetición de gestos y fórmulas sin
límite de copias. Pero esta cuasi
mediática exhibición no desembocó en
el fracaso que sus detractores
auguraban. Con el menudo interés de
unos y la inesperada entrega de
otros, los 14 participantes llenaron
el espacio vacío con una dignidad
que evadió las muecas indolentes.
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El pagador
de promesas,
2008 de Héctor Antón Castillo.
Metal y tela |
La iniciativa del crítico y curador
Píter Ortega no pretendía desafiar
el estigma del oficio de la crítica
o el ensayo como asidero para
“creadores frustrados” o “parásitos
de la imaginación ajena”. Todo fluyó
a la manera de irrumpir en el
terreno desconocido. Algo así como
una aventura que trascendiera el
reto de suplantar, con ínfulas
cerebrales, los roles establecidos.
Al final, los llamados artistas
continuarán produciendo artefactos
de diversas formas, colores y
precios, mientras que los
denominados críticos seguirán
escribiendo sobre lo que productores
grandes o pequeños valoran (o
patentizan) bajo el rubro de
“ARTE”.
La revancha...
ilustró una suerte de anatomía
visual de sus protagonistas. También
demostró que los críticos se parecen
a las fantasías de sus objetos de
análisis-fetiche. ¿Acaso un
continente identificado por el modo
de nombrar el sexo masculino y
femenino en América Latina o un loro
hecho de alambre con una corbata
roja no resultan bromas comparables
a las de un Wilfredo Prieto o un
Maurizio Cattelan, perpetrando
desacatos chistosos que parecen
jugárselo todo sin arriesgar nada?
¿Qué diferencia hay entre una
instalación reciclada de Nelson
Herrera Ysla y una catarsis
intimista de Ezequiel Suárez, o la
“columna infinita” de Yolanda Wood
—erigida
con libros, videos, catálogos—
y un ensamblaje de Kcho imitando una
espiral de Tatlin?
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Por su propio peso (Entre
muchos, mi obra), 2008
de Yolanda Wood.
Libros, revistas,
catálogos, gaveteros y
videos |
Entre las propuestas de Nelson y
Yolanda se estableció un contrapunto
azaroso desde la
autorreferencialidad, como segmentos
identitarios, y la noción de
autor-lector como pose intelectual.
El regodeo hedonista inspirado en su
propia vida se desbordó en la
Biografía de un curador (2008),
donde Herrera Ysla recapituló viajes
y reencuentros, antiguas
complicidades y nostalgias
recientes. Con este recuento
autocomplaciente, N. H. Y. desahogó
un secreto de su ego disfrazado de
humildad: presumir de sus vivencias
antes que de su larga trayectoria
profesional.
La operación contraria se percibió
en la oferta tridimensional de
Yolanda Wood. En la “cumbre
literaria” de volúmenes de su
autoría o revistas especializadas
donde colaboró, se reafirmó el sesgo
encartonado de la academia que, a la
vista pública, escamotea la
confesión de obsesiones vitales. En
fin, que la profesora de arte
caribeño no dejó de ser la profesora
ni al abandonar las aulas.
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Mariano vs.
Mariano,
2008 de Píter Ortega.
Intervención: gallos de pelea y
valla |
La reacción polémica de la muestra
la generó el propio curador Píter
Ortega. Este trasladó a la galería
una pelea de gallos finos. La
intención primaria era
recontextualizar un divertimento
natural del campo cubano. En este
sentido, la tradición rebasaba a la
transgresión. No hay evidencia mayor
que uno de los propósitos de la
maniobra performática: un homenaje
en tiempo real al pintor de gallos
Mariano Rodríguez. No obstante, la
caída momentánea del "débil"
causó repulsión en los conservadores
más tercos que, según parece,
ansiaban un simulacro. ¿Qué rango
maldito posee esta intervención si
nos detenemos en las truculencias
censurables del arte
contemporáneo, diseñadas para
asegurar el gancho publicitario y
sus repercusiones comerciales?
Mariano vs. Mariano devino una
alegoría de la ley fundamental de la
vida moderna: quiénes vencen y
quiénes pierden, como saldo de una
contingencia que no perdona la
fragilidad del cuerpo o la mente, en
una pugna que incluye macropoderes y
micropoderes.
La revancha
(com)probó cuán absurdos son los
roles que separan al artista “como
productor de ideas” del crítico
“como exégeta-deudor de la
experiencia del otro”. ¿Acaso los
buzones-emblemas recopilados por
Darys Vázquez y Azael Ferraz no
simbolizan ese “arte de la espera”
que ha reemplazado el correo postal
por el correo electrónico aguardando
un mensaje esperanzador? ¿No podrían
formar parte de un Salón de Arte
Cubano Contemporáneo o hasta figurar
en una Bienal de La Habana?
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El reloj
tiene cuerda // las
circunstancias están en orden //
Los platos fregados // el último
ómnibus pasa de largo // … vacío
// No podemos quejarnos // ¿Qué
estamos esperando?, 2008 de
Darys J. Vázquez (en
colaboración con Azael Ferraz).
Buzones de correo postal y
sonido |
El arte de la desaparición escapó de
las manos de Sandra Sosa, editora
del sello editorial Artecubano
en su etapa más cuestionadora
(2002-2006). Ella repartió a los
interesados cien ejemplares de su
texto Mambo happy (2008). En
un abrir y cerrar de ojos ya no
quedaba rastro del ensayo sobre los
altibajos de la política cultural,
aplicada a nuestras artes plásticas,
ni de su autora. Un texto que se
reparte al primero que lo solicita
es tan efímero como un
environment hermético o
panfletario. ¿Retroconceptualismo a
pulso de los 60 o mero interés de
“participar sin participar”? ¿Apego
a la escritura, o hastío de
cualquier variante de engaño visual?
Por suerte, la actitud de Sandra
Sosa logró desmarcarse de quienes
desecharon la oportunidad de
intervenir en La revancha
porque: “no se les ocurría nada
"pertinente" que valiera la pena
enseñar”. Una reticencia traducida
en concederle (sin merecerlo) un
aura de complejidad al libertinaje
del arte contemporáneo.
La revancha
es una provocación que se verificará
cuando algún artista con manía de
escribano se disponga a romper el
silencio: solo un gesto semejante
completaría el intercambio de roles.
En lo que llega una posible
respuesta, mantendrá su condición de
mambo presto a matizar el olvido de
quienes optaron por ignorarla.