|
En la sede capitalina de La Jiribilla,
ese ángel travieso y defensor de la
cultura en mayúsculas desde las páginas
del ciberespacio, hay una nueva
barricada de la buena música. El
Patio de Baldovina, sutil invocación
que mezcla en sí reminiscencias
lezamianas y de criolla arquitectura, es
un espacio que la publicación cultural
recién inaugura. En su segunda edición
(hasta el momento se programan para el
último viernes de cada mes en horas de
la tarde), estuvo invitado el trovador
Tony Ávila.
|
 |
Como rezaba el breve volante de
presentación, El patio de Baldovina
surge en ese mismo espíritu de Lezama
que dio contenido y continente a la
propia revista cultural cubana que ahora
ampara este proyecto, físicamente en su
sede y en su devenir conceptual.
Contando como vehículo principal la
difusión de jóvenes intérpretes de la
canción cubana, El patio...
propone también el intercambio abierto
entre el público y los invitados sobre
distintos temas del universo cultural.
La trova, la poesía, las descargas, son
el plato fuerte de este menú recién
sacado del horno.
Y esta tarde soleada que cobijó a los
complotados bajo las canciones de Tony
Ávila, fue una veraz demostración de lo
anterior. Aunque Tony desgranó con toda
seriedad un puñado de sus canciones, con
toda la calidad y hondura con que sabe
hacerlo, primó el espíritu informal que
propicia el espacio y se trató, más que
de un concierto, de una íntima y
amistosa reunión de un artista con su
público, o más, con muchos de los amigos
y seguidores de su canción.
Por cierto, y para curar en salud este
reciente patio, me permito una digresión
evaluativa: Qué bueno que a pesar de la
informalidad prevaleció el silencio, la
atención, la seriedad y el buen hacer de
la entrega del artista y la escucha
respetuosa y alegre de quienes lo
secundaron y atendieron desde el lado de
acá del escenario. Cierto nefasto
“peñerismo”, desatado últimamente en
algunos espacios para la difusión de los
trovadores, no es el aire que debe
prevalecer en un espacio de esta índole.
Y ojo, que el respeto y la seriedad en
los comportamientos, desde la escena y
desde los asientos que escuchan, no
significan hieratismo, aburrimiento,
solemnidad forzada, ni un acto cultural
en posición de firmes. Esta presentación
de Tony Ávila nos dejó reír, bailar,
divertirnos, gozar en toda la extensión
de la palabra como sabemos hacer en Cuba
con la música, pero también, como creo
que es inherente al trovador y a sus
escuchas, nos hizo mantener encendida y
sin desconectar la máquina de
reflexionar, el pensamiento, la
profundidad en lo que se dice y se
escucha, guitarra mediante.
Como no se trata de un concierto con
todas las de la ley, aunque reitero que
la propuesta fue excelente, prefiero
añadir solo algunas notas al trabajo de
Tony Ávila y al espacio en general. Del
primero, va siendo hora, amén de
grabaciones en vivo y otros registros,
de que tenga la oportunidad de armar un
disco en estudio, como dios y la trova
mandan, producido y distribuido por una
casa disquera. Su trabajo, sus buenas
canciones, la necesidad de que esas
obras lleguen al público, lo ameritan
abrumadoramente. Mientras vivimos
rodeados de un paisaje sonoro, no antes
de la guerra pero sí acribillado
inmisericordemente por la más descarnada
tontería y vulgaridad, las canciones de
este trovador, su visión cercana, su
capacidad de aprehender la realidad y
devolverla en vestimenta irónica
(resignada o hasta triste a veces, pero
derrotada jamás, pues siempre la
acompaña, aún en el trance más amargo,
una sonrisa), son uno de esos remedios
necesarios que necesitamos con urgencia.
Vale un auxilio por la obra de Tony
Ávila. Y vale también el destacar aquí
la presencia de los trovadores invitados
Inti Santana, Erick Sánchez y David
Torrens, que mantuvieron ese espíritu de
buena magia.
También quisiera dedicar algunas
palabras a la jovencita que siguió a
Tony en varias canciones. Adaptados a
verlo con su grupo, la presencia solo a
guitarra no disminuye para nada la
capacidad de entrega del trovador, más
bien la transforma. Ahora, acompañado
por las apariciones de Irina, que
repartió sonoridades desde la flauta, la
armónica y la percusión menor, todo de
buen tino, las obras de Tony se movían
en dimensiones otras, quizás más
íntimas, pero sin perder su sabor y su
hondura. A Irina solo le hace falta
aprender un poco la necesaria mesura del
músico que acompaña; el saber cuándo
toca hacer del acompañamiento el
protagonista y cuándo debe ser sólo
complemento. Pero en general, desde sus
interpretaciones y solos que dejaron
citas y guiños a lo mejor del entramado
sonoro ¿sonero? cubano (muy apropiado
para seguir la rítmica y los géneros que
explota Tony Ávila, siempre plenos de
cubanía), hasta viajar al intertexto con
unos aparentemente lejanos The Corrs,
con algún recoveco andino, o hasta
rozando un country cubanizado, fue muy
válido su apoyo instrumental desde la
flauta y la armónica.
|
 |
Del espacio, me gustaría asimismo no
pasar por alto algunos vitales detalles.
Desde la amable y dedicada atención de
sus hacedores y de todo el personal
implicado para con los asistentes (y no
hubo nada de recursos desbordados, pero
de tan amables, ese té y ese breve
refrigerio sabían a gloria), hasta lo
acogedor que ese mismo espíritu cortés
del sitio y su ubicación y distribución,
a pesar del sol, hacen que este patio
sea desde ahora merecedor de toda la
magia y la buenaventura posible para su
conservación y buen navegar. Buena
prueba de que tan solo los detalles,
tristemente tan olvidados a veces,
pueden ser la marca que ponga bien alto
el listón de las diferencias y haga
preferir unas opciones sobre otras.
Ojalá que ese ángel travieso y poderoso
de la cultura, que bajo su dominio hace
florecer La Jiribilla, extienda
también su manto para este patio y su
trova y su poesía, sublimes todos y
útiles para el alma divertir. Al ángel
guardián que resulta Lezama, desde su
más allá; a su inefable Baldovina, en el
más acá eterno y literario de las
páginas; a los trovadores y poetas y
artistas en general; a nosotros, sus
complotados asistentes y a los propios
hacedores, seguidores y custodios de
La Jiribilla, nos toca ahora
repartir sortilegios y tangibles
realidades para que hinche velas y vaya
alzándose viento en popa este sonoro
patio. Que así sea. |