Año VI
La Habana
2008

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Ángel de La Jiribilla: bendice y guarda este patio
Antonio López Sánchez • La Habana
Fotos: Kaloian (La Jiribilla)
 
 

En la sede capitalina de La Jiribilla, ese ángel travieso y defensor de la cultura en mayúsculas desde las páginas del ciberespacio, hay una nueva barricada de la buena música. El Patio de Baldovina, sutil invocación que mezcla en sí reminiscencias lezamianas y de criolla arquitectura, es un espacio que la publicación cultural recién inaugura. En su segunda edición (hasta el momento se programan para el último viernes de cada mes en horas de la tarde), estuvo invitado el trovador Tony Ávila.
 

Como rezaba el breve volante de presentación, El patio de Baldovina surge en ese mismo espíritu de Lezama que dio contenido y continente a la propia revista cultural cubana que ahora ampara este proyecto, físicamente en su sede y en su devenir conceptual. Contando como vehículo principal la difusión de jóvenes intérpretes de la canción cubana, El patio... propone también el intercambio abierto entre el público y los invitados sobre distintos temas del universo cultural. La trova, la poesía, las descargas, son el plato fuerte de este menú recién sacado del horno.

Y esta tarde soleada que cobijó a los complotados bajo las canciones de Tony Ávila, fue una veraz demostración de lo anterior. Aunque Tony desgranó con toda seriedad un puñado de sus canciones, con toda la calidad y hondura con que sabe hacerlo, primó el espíritu informal que propicia el espacio y se trató, más que de un concierto, de una íntima y amistosa reunión de un artista con su público, o más, con muchos de los amigos y seguidores de su canción.

Por cierto, y para curar en salud este reciente patio, me permito una digresión evaluativa: Qué bueno que a pesar de la informalidad prevaleció el silencio, la atención, la seriedad y el buen hacer de la entrega del artista y la escucha respetuosa y alegre de quienes lo secundaron y atendieron desde el lado de acá del escenario. Cierto nefasto “peñerismo”, desatado últimamente en algunos espacios para la difusión de los trovadores, no es el aire que debe prevalecer en un espacio de esta índole. Y ojo, que el respeto y la seriedad en los comportamientos, desde la escena y desde los asientos que escuchan, no significan hieratismo, aburrimiento, solemnidad forzada, ni un acto cultural en posición de firmes. Esta presentación de Tony Ávila nos dejó reír, bailar, divertirnos, gozar en toda la extensión de la palabra como sabemos hacer en Cuba con la música, pero también, como creo que es inherente al trovador y a sus escuchas, nos hizo mantener encendida y sin desconectar la máquina de reflexionar, el pensamiento, la profundidad en lo que se dice y se escucha, guitarra mediante.

Como no se trata de un concierto con todas las de la ley, aunque reitero que la propuesta fue excelente, prefiero añadir solo algunas notas al trabajo de Tony Ávila y al espacio en general. Del primero, va siendo hora, amén de grabaciones en vivo y otros registros, de que tenga la oportunidad de armar un disco en estudio, como dios y la trova mandan, producido y distribuido por una casa disquera. Su trabajo, sus buenas canciones, la necesidad de que esas obras lleguen al público, lo ameritan abrumadoramente. Mientras vivimos rodeados de un paisaje sonoro, no antes de la guerra pero sí acribillado inmisericordemente por la más descarnada tontería y vulgaridad, las canciones de este trovador, su visión cercana, su capacidad de aprehender la realidad y devolverla en vestimenta irónica (resignada o hasta triste a veces, pero derrotada jamás, pues siempre la acompaña, aún en el trance más amargo, una sonrisa), son uno de esos remedios necesarios que necesitamos con urgencia. Vale un auxilio por la obra de Tony Ávila. Y vale también el destacar aquí la presencia de los trovadores invitados Inti Santana, Erick Sánchez y David Torrens, que mantuvieron ese espíritu de buena magia.

También quisiera dedicar algunas palabras a la jovencita que siguió a Tony en varias canciones. Adaptados a verlo con su grupo, la presencia solo a guitarra no disminuye para nada la capacidad de entrega del trovador, más bien la transforma. Ahora, acompañado por las apariciones de Irina, que repartió sonoridades desde la flauta, la armónica y la percusión menor, todo de buen tino, las obras de Tony se movían en dimensiones otras, quizás más íntimas, pero sin perder su sabor y su hondura. A Irina solo le hace falta aprender un poco la necesaria mesura del músico que acompaña; el saber cuándo toca hacer del acompañamiento el protagonista y cuándo debe ser sólo complemento. Pero en general, desde sus interpretaciones y solos que dejaron citas y guiños a lo mejor del entramado sonoro ¿sonero? cubano (muy apropiado para seguir la rítmica y los géneros que explota Tony Ávila, siempre plenos de cubanía), hasta viajar al intertexto con unos aparentemente lejanos The Corrs, con algún recoveco andino, o hasta rozando un country cubanizado, fue muy válido su apoyo instrumental desde la flauta y la armónica.
 

Del espacio, me gustaría asimismo no pasar por alto algunos vitales detalles. Desde la amable y dedicada atención de sus hacedores y de todo el personal implicado para con los asistentes (y no hubo nada de recursos desbordados, pero de tan amables, ese té y ese breve refrigerio sabían a gloria), hasta lo acogedor que ese mismo espíritu cortés del sitio y su ubicación y distribución, a pesar del sol, hacen que este patio sea desde ahora merecedor de toda la magia y la buenaventura posible para su conservación y buen navegar. Buena prueba de que tan solo los detalles, tristemente tan olvidados a veces, pueden ser la marca que ponga bien alto el listón de las diferencias y haga preferir unas opciones sobre otras.

Ojalá que ese ángel travieso y poderoso de la cultura, que bajo su dominio hace florecer La Jiribilla, extienda también su manto para este patio y su trova y su poesía, sublimes todos y útiles para el alma divertir. Al ángel guardián que resulta Lezama, desde su más allá; a su inefable Baldovina, en el más acá eterno y literario de las páginas; a los trovadores y poetas y artistas en general; a nosotros, sus complotados asistentes y a los propios hacedores, seguidores y custodios de La Jiribilla, nos toca ahora repartir sortilegios y tangibles realidades para que hinche velas y vaya alzándose viento en popa este sonoro patio. Que así sea.

 
 
 

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La Habana, Cuba. 2008.
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