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En breves reseñas de los últimos días he
venido comentando los títulos más
significativos que el flamante sello
Editorial Tablas-Alarcos trajo como
propuesta a la reciente Feria del Libro
de La Habana. Uno de los títulos de más
relieve es sin dudas Teatro, de
Friedrich Schiller. Con cinco obras de
lo más sobresaliente de la producción
del alemán, a saber: Los bandidos,
Intriga y amor, Wallenteins, Maria
Estuardo y Guillermo Tell. Una
selección que se les debía a teatristas
y estudiosos hace muchos años ya. No
solo por ser un clásico eminente de la
dramaturgia universal, cuyo conocimiento
se hace inevitable y necesario, para
entender la historia del texto
dramático. Sino porque algunas de sus
obras nos sorprenden con su aliento de
actualidad. Sobre todo Guillermo
Tell, que aborda el tema del poder
con cierto aire épico que aún hoy nos
emociona.
Schiller, inmenso en su imaginación y
lirismo, aunque hereda un fuerte aliento
romántico por su ligazón al Sturm und
Drang, asimila el sentido arquetípico
del drama popular y la profundidad de
Goethe en otro sentido, pero deriva
legítimamente a una nueva escuela, entre
el romanticismo heredado y el realismo
aún sin cristalizar. Se remonta a los
ejemplos del pasado, pero tiende a
concepciones universalmente humanas. Con
esas inspiraciones compone en 1790
Los Bandidos, que después fuera
llevada a escena por Konstantin
Stanislaski en la Rusia bolchevique para
su segunda fase naturalista. Obras como
La conjuración de Fiesco, y,
La intriga y el amor proceden de la
misma vena. Más tarde vendrían sus obras
maestras Wallenstein y Guillermo
Tell, en las que sin cesar se aplica
a ensanchar el ritmo, y cuyo alcance
trata de extender bajo la acción
misteriosa de lo sobrenatural, siendo
evidente aquí cierta aspiración hacia la
grandeza temática y formal.
Un punto que hace visible cuánto se
pierde también la tradición que desearon
implantar los dramaturgos alemanes, que
en muchos casos aparece ficticia y
libresca. Schiller, sin embargo,
trasciende en sus obras cumbres esta
tendencia, aunque por momentos se siente
en él cierta conceptualización o
didactismo innecesario. Lo cual no logra
restarle grandeza poética y épica, como
ya apuntamos.
En el presente volumen se le presenta al
lector deseoso una selección sólida y
representativa del teatro de Schiller,
que hacía tiempo demandaban nuestras
editoriales ya que, hasta donde tengo
noticias, solo se había publicado en
Cuba su obra cumbre Guillermo Tell
y en una edición de bajo costo a
cargo de la Editora Pueblo y Educación
dirigida a las Escuelas de Arte. Nada
más orgánico entonces que esta edición
presente. Instamos desde aquí al
incansable equipo editorial de Alarcos,
necesitamos seguir ampliando la
traducción y edición de nuevos textos
teatrales, pero sobre todo fortalecer
esta colección Biblioteca de Clásicos
para llenar vacíos tan esenciales como,
por ejemplo, una moderna edición del
Peer Gynt, de Ibsen, y otras muchas
obras dramáticas de la dramaturgia
universal que faltan en las bibliotecas
teatrales de artistas, estudiosos,
críticos y lectores interesados en
general. Por ahora, tenemos a nuestro
alcance este volumen. Se lo
recomendamos, amable lector, no será
usted defraudado. |