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Del 19 al 27 de abril Matanzas deviene
la ciudad de los títeres. Una de las
citas teatrales más significativas de la
Isla reúne a titiriteros de todo el
mundo para confrontar, a través de
puestas en escenas, espacios teóricos,
talleres y exposiciones, las diversas
maneras de concebir el universo de los
muñecos.
Dos propuestas del centro del país se
muestran en esta octava edición del
Taller Internacional de Teatro de
Títeres: Eureka en apuros del
Proyecto Mejunje, e Historia de un
amor agridulce del grupo Alánimo.
Ambas pensadas desde la sencillez de una
acción titiritera, construida a partir
de la dinámica
títere-titiritero-público.
Eureka, cual Cenicienta campesina, ante
la ausencia de los actores que debían
ofrecer una función para los pequeños
que aguardan, decide realizar su sueño
de ser una actriz famosa y con los
elementos que trae (cubo y trapeador,
cesta de viandas, sombrero) improvisa
una bella historia donde fusiona y
chotea referentes clásicos de la
literatura infantil como El patico
feo de Andersen y El caballito
enano de Dora Alonso, entre otros.
Lo interesante de este montaje, bajo la
dirección artística de Nelson Águila,
reside en la labor actoral de Idania
García. Impecable en la caracterización
de la guajira que narra, interpreta,
manipula, canta, improvisa e interactúa
con los más pequeños, haciendo gala de
una gracia peculiar, articulada desde su
pauta gestual, el trabajo vocal y la
utilización de elementos provenientes
del folclor campesino. Espectáculo de
factura simple, que acontece y se
construye ante la presencia del
espectador, la actriz transforma objetos
cotidianos en figuras animadas
(sombrero/sol, trapeador/caballo,
calabazas/gallinas). La maestría de esta
entrega descansa en su potencia
comunicativa, en la gracia popular,
aunque agradecería un trabajo
dramatúrgico de mayor cuidado en la
imbricación entre los referentes
clásicos y los planos de
realidad-ficción.
Historia de un amor agridulce,
dirigida por Rafael Martínez Rodríguez,
nos llega desde el juego con recursos
melodramáticos: un amor de cítricos
(Naranja Dulce y Limón Partido)
interrumpido por el destino trágico de
un vodka, que ha de ser preparado con el
zumo de esta relación. Limón se
sacrifica, Naranja huye de luto, pero
queda la semilla de compromiso. Una
propuesta que cautiva por su ternura, el
diseño de los títeres, la técnica de
manipulación empleada y la
interpretación de Yurenia Martín; aunque
se resiente en la concepción de la
fábula escénica. Expone un conflicto
único (la imposibilidad de un amor ante
la muerte inminente) que se reitera
desde el discurso verbal y decae, por
ello, el ritmo del espectáculo.
No obstante, Eureka en apuros e
Historia de un amor agridulce
evidencian un camino investigativo de
compromiso con una estética titiritera
que apuesta por la sencillez de la
propuesta visual. La relación dinámica
actor-muñeco, el títere que se completa
en escena a partir de la resignificación
de accesorios de los actores
(lazos/crestas de gallina y gallo,
hebillas/ojos de la naranja, broche/ojo
del limón) y la recirculación de
mecanismos de probada eficacia
comunicativa (el folclor campesino,
recursos melodramáticos) son principios
constitutivos de ambos montajes, los
cuales prestigian la muestra de esta
octava edición. |