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La esperanzadora recuperación del
estado nacional |
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Andrés Soliz Rada
• Rebelión |
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Más allá de las ventajas económicas del
control público sobre las
telecomunicaciones y cuatro empresas
petroleras, “capitalizadas” y
privatizadas por el neoliberalismo, los
decretos del primero de mayo pasado
implican la esperanzadora recuperación
del Estado nacional. Las oligarquías de
la “media luna” (Santa Cruz, Tarija,
Beni y Pando) habían vetado, en la
práctica, el ingreso del Jefe de Estado
y sus ministros a las capitales de sus
departamentos. El despliegue de
efectivos policiales y militares en
dependencias de la italiana Euro Telecom
Internacional (ETI) y de compañías del
sector hidrocarburos, a lo largo y ancho
de la geografía patria, es un balón de
oxígeno en manos de un país asfixiado
por el separatismo y el indigenismo a
ultranza.
Después del derrocamiento de Gonzalo
Sánchez de Lozada (GSL), en octubre de
2003, Mike Falcoff, asesor del
vicepresidente de EEUU, Dick Cheney,
vaticinó la pronta desaparición de
Bolivia del mapa sudamericano. Su
predicción estaba basada en la demencial
liquidación de empresas estratégicas que
hizo el “gonismo”, lo que provocó la
desmoralización ciudadana. El holgado
triunfo electoral de Evo Morales en
diciembre de 2005 y la nacionalización
de los hidrocarburos en mayo de 2006,
revirtieron lo anterior por pocos meses,
ya que el proyecto de Constitución
Política del MAS, con el reconocimiento
de 36 naciones originarias, y la
respuesta de la cúpula cruceña, que
aprobó un proyecto de estatuto
autonómico disgregador, hicieron que las
palabras de Falcoff volvieran a resonar
en todas las regiones.
Lo anterior se vio agravado por el
incumplimiento del Decreto de
Nacionalización, la no aplicación de las
auditorias a las transnacionales del
petróleo y la suscripción de contratos
tan lesivos como los existentes antes
del gobierno del MAS, a los que el
régimen vigente les dio el respaldo
legal del que carecían anteriormente. En
este contexto, al lograr que YPFB
controle el 50 % mas uno del paquete
accionario de “Andina” (Repsol, de
España), de “Chaco” (Pan American Energy
de Argentina y British Petróleum de
Inglaterra) y de Transredes (de la
anglo-nortreamericana Enron-Shell, ahora
Ashmore), así con el 100 % de las
acciones de la peruano-alemana Compañía
Logística de Hidrocarburos Bolivia
(CLHB), Evo ha colocado a los
autonomistas de Santa Cruz en la
disyuntiva de apoyar con su voto a las
transnacionales afectadas por la
decisión de recuperar el patrimonio
nacional o defender los intereses
históricos de la nación oprimida.
La recuperación de soberanía asumida por
el gobierno tiene limitaciones. Se
trata, en realidad, de una compra
obligatoria de acciones, la que, en la
mayoría de los casos, determina que el
precio de las mismas esté sujeto a
futuras negociaciones. Ha trascendido
que las empresas foráneas tendrán una
cuota decisiva en los cargos ejecutivos,
que equivaldrá a un veto en el futuro
manejo empresarial. Por otra parte, es
innegable que el gobierno ha reiterado
su sensibilidad social al fortalecer el
fuero sindical y disponer la solución de
controversias laborales de manera
expeditiva.
Al ganar un tiempo precioso, el régimen
vigente debería comprender, sin embargo,
que los excedentes procedentes de los
altos precios del gas y del petróleo no
pueden destinarse sólo al pago de bonos
de beneficencias y, lo que es peor, a
préstamos a Bancos como el Lloyds de
Londres y el Santander Hispano, además
de Transredes, a un interés del 3 %
anual, mientras el país se presta al 8 %
de la CAF. Bolivia debería comenzar a
ser gobernada con metas estratégicas y
no pensando, como hacen hasta ahora
oficialistas y opositores, de manera
mezquina, en el próximo referéndum o en
las siguientes elecciones, en momentos
en que el Estado norteamericano, por
ejemplo, ha invertido 300 mil millones
de dólares en salvar al Banco de la
Reserva Federal, lo que demuestra que el
neoliberalismo se ha convertido en una
prédica vacía.
Las señales de recuperación del casi
agónico Estado nacional deben
transformase en una tendencia sostenida,
en la que se rescaten los postulados de
la Nacionalización de los Hidrocarburos
de 2006, cuya aplicación fue frenada por
posiciones fundamentalistas a ultranza.
Esos postulados deben volver a aglutinar
a los sectores productivos del país,
alrededor de empresas estratégicas
estatales manejadas con eficiencia y
transparencia, que garanticen la
vigencia de autonomías regionales en el
marco de la unidad nacional y erradiquen
las exclusiones que sufren las culturas
originarias, a fin de contar con un
Estado nacional sólido, único
instrumento que tiene Bolivia para
defenderse del imperialismo y sus
agentes internos.
Reiteramos que la recuperación
mayoritaria y la compra de acciones en
empresas estatales estratégicas, así
como los decretos que favorecen a los
trabajadores, como el fortalecimiento
del fuero sindical y la solución de
controversias laborales de manera
expeditiva muestran que el gobierno, son
señales positivas Pese a las
limitaciones citadas, lo ocurrido
demuestra que dentro del gobierno de Evo
existen tendencias que comprenden la
imposibilidad de defender al país con
posturas separatistas y etnico-racistas
que niegan la existencia de la nación
boliviana. |
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