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| 10
minutos con Evo Morales |
| El reloj
revolucionario de las urgencias comunicacionales |
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Fernando Buen Abad Domínguez
•
Rebelión |
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Vino con paso lento mientras sus ojos
escudriñaban fraternalmente a los
presentes. Sin aparatos de seguridad,
sin halo de poder intimidante, con su
vicepresidente como acompañante y con la
mano bien abierta para homenajear la
solidaridad de los pocos, privilegiados,
que ahí estábamos. La Paz, Bolivia,
Salón Rojo del Palacio Quemado. Primero
de mayo. Más de 12 mil firmas solidarias
estampadas electrónicamente desde todo
el mundo para hacerse presente en
Bolivia a estas hora de tensión y
decisiones, hora de balances y
profundización.
Un grupo pequeño de la Red de
Intelectuales y Artistas en Defensa de
la Humanidad (Carmen Bohórquez, Fernando
Báez, Adolfo Pérez Esquivel, Nora
Cortiñas y yo) asumimos la tarea de
representar, al menos esta vez, lo que
sabemos es voluntad, patente y latente,
de hacer saber al pueblo boliviano de
qué manera habita en los corazones y en
las cabezas la solidaridad cierta y
decidida, no necesariamente a-crítica y
sí fraternal siempre, con el proceso
revolucionario boliviano.
Fue un encuentro informal y generoso
como pocos. Cada uno de nosotros tuvo
oportunidad de saludar al presidente
Morales, decirle unas palabras liberadas
de todo individualismo, escucharlo de
cerca, percibir su temple y algunas de
sus emociones más a flor de piel en esas
horas. Días difíciles no sólo por la
cantidad de tareas que normalmente tiene
un presidente, días difíciles porque a
las oligarquías serviles se les antojó
desplegar su berrinche de inventarse un
país propio, quedarse con los recursos
energéticos bolivianos y financiar un
golpe de estado contra “la indiada” ,
como gustan de vociferar los lebreles
del capitalismo.
Esa “indiada”, tan odiada por la
burguesía boliviana, estaba en la plaza,
llenando con el alma de una revolución -
ya finalizado el acto del primero de
mayo- la atmósfera de nuestro encuentro
con su líder. Escuchábamos hasta el
Salón Rojo, la música y las voces de la
unidad llamado a luchar sin reservas
contra la agresión imperialista, en
estas horas y siempre. Obreros,
campesinos e indígenas a una sola voz
revolucionaria, entre consignas de lucha
y música con alma rebelde.
Así, visto muy de cerca y mientras
estrechábamos su mano con un abrazo
compañero, a uno se le agolpan mil
preguntas y no pocas ganas de aportar
mucho más que gestos solidarios, por más
firmas de intelectuales que seamos
capaces de reunir. Las urgencias en
Bolivia son inmensas. A uno la palpitan
en pecho algunas desesperaciones
amorosas cuando mira lo que falta y lo
indispensable. Queda claro que es fácil
“desesperarse”, que es muy fácil pedirle
más al presidente Evo; que decida, que
haga, que profundice... uno sabe que es
muy fácil imaginar soluciones, inventar
proyectos, intelectualizar tesis. Uno
busca datos, escucha voces, se acerca
como puede y se antoja. Y uno sabe que
lo “fácil” es, a veces, sospechoso y no
pocas veces irresponsable. Evo nos
escucha, nos mira, no pierde la sonrisa
cálida, su mano sobre las espaldas de
sus interlocutores nos acerca a la
historia de una lucha en desarrollo
desigual y combinado. Uno sabe que él
quiere más de lo que a estas horas
puede. Uno sabe que puede más de lo que
a veces quiere y uno sabe que en muy
poco tiempo ha dado pasos progresistas
importantes, y aun insuficientes. Dicho
por el propio presidente Morales.
Vino Evo, hizo una pausa contra los
agobios de la lucha, gracias en mucho a
las gestiones del embajador cubano
Rafael Dausá Céspedes, para
privilegiarnos con su saludo amigo que,
a esas horas, nos regaló semejante
atención generosísima como si no tuviese
encima las preocupaciones más terribles
bajo el cañoneo mediático burgués
inclemente y las conspiraciones
imperiales. Vino, nos miró y nos
escuchó. Aceptó el abrazo, las
informaciones de la hora, las opiniones
y las sugerencias. No fue sólo una
cortesía ni un acto de campaña
electoral. Hubo respeto admirable y fue
visible, para todos, el gesto reflexivo
de un líder que anota en su memoria lo
que le gusta y lo que le disgusta en
horas de valoración política decisiva.
Será preciso para nosotros, visitantes
solidarios, estudiar la coincidencia
entre nuestras “ideas” y los programas
de lucha que, desde abajo, presionan
democráticamente a su líder y lo
cuestionan –como debe ser- para que
apure pasos al rimo de la historia
revolucionaria mundial y de Bolivia.
Será necesario caminar hombro con hombro
con los obreros, los campesinos y los
indígenas bolivianos. Ser de ellos para
que, incluso, todos los intelectuales y
los artistas, además de los ya
solidarios, de una vez por todas, se
queden al lado de la revolución no sólo
en las coyunturas.
Contribuir en la Batalla de las ideas,
la revolución de la conciencia, el
combate contra el terrorismo mediático y
tomar lugar en la Guerra Simbólica para
que Bolivia y la revolución mundial,
deje de estar a merced de la agenda
alienante imperialista, para que
abandone todo grado de orfandad en
materia de Políticas Comunicacionales
Revolucionarias apoyándose en una
Corriente Internacional de la
Comunicación hacia el Socialismo. Contra
el bloqueo mediático, contra la
alienación y en la búsqueda de los
lenguajes nuevos para garantizar que no
repetiremos el discurso, ético o
estético, del patrón. Habrá modo de
mirar la contribución de la Red de
Artistas en Intelectuales en defensa de
la Humanidad, más temprano que tarde. Es
buena hora.
Vino con paso lento mientras sus ojos
escudriñaban fraternalmente a los
presentes. Sin aparatos de seguridad,
sin halo de poder intimidante, con su
vicepresidente como acompañante y con la
mano bien abierta para homenajear la
solidaridad de los pocos, privilegiados,
que ahí estábamos. La Paz, Bolivia,
Salón Rojo del Palacio Quemado. Primero
de mayo. Más de 12 mil firmas solidarias
estampadas electrónicamente desde todo
el mundo para hacerse presente en
Bolivia a estas hora de tensión y
decisiones, hora de balances y
profundización.
Un grupo pequeño de la Red de
Intelectuales y Artistas en Defensa de
la Humanidad (Carmen Bohórquez, Fernando
Báez, Adolfo Pérez Esquivel, Nora
Cortiñas y yo) asumimos la tarea de
representar, al menos esta vez, lo que
sabemos es voluntad, patente y latente,
de hacer saber al pueblo boliviano de
qué manera habita en los corazones y en
las cabezas la solidaridad cierta y
decidida, no necesariamente a-crítica y
sí fraternal siempre, con el proceso
revolucionario boliviano.
Fue un encuentro informal y generoso
como pocos. Cada uno de nosotros tuvo
oportunidad de saludar al presidente
Morales, decirle unas palabras liberadas
de todo individualismo, escucharlo de
cerca, percibir su temple y algunas de
sus emociones más a flor de piel en esas
horas. Días difíciles no sólo por la
cantidad de tareas que normalmente tiene
un presidente, días difíciles porque a
las oligarquías serviles se les antojó
desplegar su berrinche de inventarse un
país propio, quedarse con los recursos
energéticos bolivianos y financiar un
golpe de estado contra “la indiada” ,
como gustan de vociferar los lebreles
del capitalismo.
Esa “indiada”, tan odiada por la
burguesía boliviana, estaba en la plaza,
llenando con el alma de una revolución -
ya finalizado el acto del primero de
mayo- la atmósfera de nuestro encuentro
con su líder. Escuchábamos hasta el
Salón Rojo, la música y las voces de la
unidad llamado a luchar sin reservas
contra la agresión imperialista, en
estas horas y siempre. Obreros,
campesinos e indígenas a una sola voz
revolucionaria, entre consignas de lucha
y música con alma rebelde.
Así, visto muy de cerca y mientras
estrechábamos su mano con un abrazo
compañero, a uno se le agolpan mil
preguntas y no pocas ganas de aportar
mucho más que gestos solidarios, por más
firmas de intelectuales que seamos
capaces de reunir. Las urgencias en
Bolivia son inmensas. A uno la palpitan
en pecho algunas desesperaciones
amorosas cuando mira lo que falta y lo
indispensable. Queda claro que es fácil
“desesperarse”, que es muy fácil pedirle
más al presidente Evo; que decida, que
haga, que profundice... uno sabe que es
muy fácil imaginar soluciones, inventar
proyectos, intelectualizar tesis. Uno
busca datos, escucha voces, se acerca
como puede y se antoja. Y uno sabe que
lo “fácil” es, a veces, sospechoso y no
pocas veces irresponsable. Evo nos
escucha, nos mira, no pierde la sonrisa
cálida, su mano sobre las espaldas de
sus interlocutores nos acerca a la
historia de una lucha en desarrollo
desigual y combinado. Uno sabe que él
quiere más de lo que a estas horas
puede. Uno sabe que puede más de lo que
a veces quiere y uno sabe que en muy
poco tiempo ha dado pasos progresistas
importantes, y aun insuficientes. Dicho
por el propio presidente Morales.
Vino Evo, hizo una pausa contra los
agobios de la lucha, gracias en mucho a
las gestiones del embajador cubano
Rafael Dausá Céspedes, para
privilegiarnos con su saludo amigo que,
a esas horas, nos regaló semejante
atención generosísima como si no tuviese
encima las preocupaciones más terribles
bajo el cañoneo mediático burgués
inclemente y las conspiraciones
imperiales. Vino, nos miró y nos
escuchó. Aceptó el abrazo, las
informaciones de la hora, las opiniones
y las sugerencias. No fue sólo una
cortesía ni un acto de campaña
electoral. Hubo respeto admirable y fue
visible, para todos, el gesto reflexivo
de un líder que anota en su memoria lo
que le gusta y lo que le disgusta en
horas de valoración política decisiva.
Será preciso para nosotros, visitantes
solidarios, estudiar la coincidencia
entre nuestras “ideas” y los programas
de lucha que, desde abajo, presionan
democráticamente a su líder y lo
cuestionan –como debe ser- para que
apure pasos al rimo de la historia
revolucionaria mundial y de Bolivia.
Será necesario caminar hombro con hombro
con los obreros, los campesinos y los
indígenas bolivianos. Ser de ellos para
que, incluso, todos los intelectuales y
los artistas, además de los ya
solidarios, de una vez por todas, se
queden al lado de la revolución no sólo
en las coyunturas.
Contribuir en la Batalla de las ideas,
la revolución de la conciencia, el
combate contra el terrorismo mediático y
tomar lugar en la Guerra Simbólica para
que Bolivia y la revolución mundial,
deje de estar a merced de la agenda
alienante imperialista, para que
abandone todo grado de orfandad en
materia de Políticas Comunicacionales
Revolucionarias apoyándose en una
Corriente Internacional de la
Comunicación hacia el Socialismo. Contra
el bloqueo mediático, contra la
alienación y en la búsqueda de los
lenguajes nuevos para garantizar que no
repetiremos el discurso, ético o
estético, del patrón. Habrá modo de
mirar la contribución de la Red de
Artistas en Intelectuales en defensa de
la Humanidad, más temprano que tarde. Es
buena hora. |
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