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“Los niños pueden cambiar los puntos de
vista más académicos e intransigentes.
Trabajar con ellos y para ellos es
sentir que estás en el lugar correcto”…,
y Cuba “anima” a sentirlo por tercera
vez. El Festival Internacional del
Audiovisual para la Niñez y la
Adolescencia (Cubanima) reunió en La
Habana —desde el 28 de mayo— a creadores
como el belga Jean-Luc Slock, miembro
del jurado profesional, que conciben a
este público especial no solo como un
destino: ellos también —¿quién lo duda?—
pueden ser los artistas.
“Yo pienso que cuanto más libres en la
creación sean los chicos, más calidad
hay en el trabajo —comentó a La
Jiribilla el cineasta español Jorge
Viroga, también miembro del jurado
profesional—. De esa forma vemos que el
resultado son productos mucho más
críticos, mucho más profundos y
comunicativos. Y en definitiva lo que
hacemos los cineastas es para comunicar
a los demás, así que esta forma también
lo logra y a la vez es una contribución
a su desarrollo personal.”
El cine producido para y por niños
devino eje temático fundamental de los
tres encuentros teóricos del Festival,
desarrollados en forma de paneles de
discusión. Las experiencias de cuatro
países —Bélgica, España, EE.UU. y Cuba—
en cuanto a la creación de espacios de
formación cinematográfica para niños,
demostraron cuánto puede hacerse no solo
en relación con el aprendizaje técnico,
sino en función de concebir al
audiovisual como principio más general
de sensibilización humana y artística.
Además, los paneles incluyeron
reflexiones sobre el diálogo entre
investigación y producción audiovisual
en función de un mayor acercamiento al
público infantil y adolescente, así como
el reflejo en los productos de las
principales experiencias,
contradicciones, sueños y angustias de
quienes transitan ambas etapas de la
vida, apasionantes y complejas.
Como parte de las actividades
principales del Festival, fueron
exhibidas en las salas de video de la
capital las obras en concurso, unos 60
audiovisuales procedentes de naciones de
América y Europa, con una representación
numerosa de realizadores
latinoamericanos.
Los días de encuentro de “la gran
familia” —o de “los parientes”, como
bautizó el presidente del Festival, Juan
Padrón, a los cineastas que trabajan
para el público infantil y adolescente—
acogieron además un homenaje al
realizador de animados Tulio Raggi,
cercano a su 60 cumpleaños. El negrito
cimarrón, el sucio Canela y el coronel
Valdés volvieron a sus andanzas por las
salas capitalinas.
Junto a ellos, en la complicidad de
quienes han sido culpables de tantas
risas, recobraron la gran pantalla
aquellos personajes de movimientos casi
imperceptibles, como recortados en
papel, frutos del cine de animación
soviético y de Europa del Este.
Personajes del recuerdo, como Bolek y
Lolek o el perrito Rex, que aún tienen
en nosotros el sabor de lo cotidiano.
“Todas estas actividades son necesarias,
y para nosotros como jurados son una
base para mirar luego críticamente lo
que vamos a evaluar —agregó Viroga—.
Cierran un equilibrio que es esencial
para todo encuentro que se proponga ser
serio y realmente útil.”
Tal vez sea ese el secreto de mover
tanta creación: un Festival, aún niño,
donde realizadores de todas las edades
pretenden trascender las fronteras
competitivas y convertir sus reflexiones
en acciones concretas… Entonces, ¿quién
podría dudarlo, si ya cubanimó los
primeros pasos? |