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Ha llegado a su fin la Temporada
de Teatro Latinoamericano y
Caribeño Mayo Teatral 2008 y es
necesario decir, a modo de
balance general, que esta
temporada marca un hito evidente
en cuanto a un alto nivel
artístico alcanzado por la gran
mayoría de las puestas
participantes. Obras como
“Huevo” de la compañía brasileña
Udi Grudi, “Antígona” de La
Candelaria o “La razón blindada”
de Malayerba, quedarán por largo
tiempo, en la memoria de
estudiantes, teatristas y
aficionados en general, así como
puestas notables del patio ya
vistas, pero no por ello menos
sugestivas, como “Visiones de la
Cubanosofía” y “Delirio
habanero”. Un nivel que habrá
que sostener en toda forma
posible en las próximas
ediciones, si se quiere que esta
temporada funcione como un
espacio de referencia e
intercambio para los teatristas
del país, tal y como es de rigor
por su naturaleza selectiva. La
Casa de las Américas, por su
prestigio continental, tiene el
potencial para convocar a buenos
grupos, pero es hora ya de
pensar, en la actual reanimación
cultural del país, si fuera
posible la creación de un Premio
en metálico que funcione como un
estímulo adicional para los
teatristas del continente. No
tiene que ser muy elevado,
porque sabemos que somos un país
pobre. Homólogo quizá al premio
de dramaturgia de 3000 usd, que
la Casa otorga y siempre
manteniendo el carácter
selectivo, aunque vaya creciendo
lentamente, y tal vez de
apertura en su convocatoria
hacia otros continentes. Este
premio pudiera prestigiarse aún
más con algún donativo de obras
pictóricas de artistas plásticos
nacionales, que seguramente
estarán de acuerdo por la
promoción que esto representa.
Todo paso a paso, como debe ser
logrado en términos de promoción
que abarque diversos renglones,
y en términos también de
efectividad de toda la
promoción, en cuanto a lograr
mayor asistencia a las salas
teatrales, donde lamentablemente
se notaron algunos vacíos.
Hay que ver con luz larga las
inversiones en la cultura
—reparación de teatros incluida—
pues nuestro país tiene un
potencial a desarrollar en
cuanto al turismo cultural, por
la gran cantidad de artistas
excepcionales —aunque esta no
sea la meta— y todo evento de
magnitud artística verdadera
puede despertar una incalculable
repercusión en este y otros
órdenes. También en la
sensibilidad y valores de la
gente, cosa que se ha venido
planteando en foros públicos en
los últimos tiempos. Es lo que
corresponde recuperar totalmente
en justicia, mejor incluso que
antes del período especial, a un
país que tanto tiempo y energías
ha invertido en la cultura, a lo
largo de muchos años.
En otro orden de cosas, tuve la
oportunidad de ver en
programación paralela el
espectáculo “De hortensias y de
recuerdos” en el noveno piso
del Teatro Nacional como un
homenaje del grupo Buscón a
estos días intensos de Mayo. Un
espectáculo sencillo y sobrio
dirigido por Simón Carlos, que
sin proponernos una estética
extraordinaria lograba una
singular empatía con el público.
Poemas, canciones, escenas como
viñetas y algunos cuentos
conforman este espectáculo de
variedades que el público
agradece. Sobresale en él una
actriz tan notable como Mirta
Lilia Pedro, a la que hemos
visto desarrollarse paso a paso.
Lo cual me lleva a pensar en la
casi total ausencia de la
estética del Café Teatro en
Cuba, modalidad muy vigente en
la vida nocturna de otras
ciudades de Latinoamérica, y que
permite mantener espacios vivos
y caracterizados por su
teatralidad. Ahora que poco
tiempo atrás fueron abiertos los
Cafés Literarios en la Calle 23,
nada mejor que un lugar homólogo
pero con una pequeña plataforma,
para difundir lo mejor de las
artes escénicas cubanas —danza
incluida— y a precios asequibles
en moneda nacional. Un lugar así
ayudaría tremendamente a
reconquistar la bohemia y el
espíritu de “descarga y goce”
que tuvo nuestra ciudad años
atrás, de un modo culturalmente
mejor, además de ser otro
espacio para contratación y
promoción de artistas del patio,
que tanto necesitan de estas
brechas.
En un sentido rudimentario el
café Fresa y Chocolate ha jugado
este rol en los últimos tiempos,
pero lo cierto es que no reúne
ni espacial ni operativamente
las condiciones necesarias para
esta idea. Habrá que pensar
detenidamente qué espacio en la
ciudad reúne las condiciones si
queremos una Habana
culturalmente activa, también en
cuanto a lo escénico. Yo, que no
me siento crítico en absoluto
—aclaro por esta vez—, sino más
bien creador y teatrólogo, tal
vez por esta razón puedo
observar con más fluidez esas
necesidades, siempre a medio
camino entre lo artístico y lo
promocional, entre lo cultural y
lo espiritual. Y ponerlas en
blanco y negro con el deseo de
inspirar decisiones necesarias.
Todo lo dicho vale también para
el Mayo Teatral, porque es
necesario para un evento de tan
buen calibre un espacio diario
para reunirse cada noche al
cierre de la jornada, entre
cócteles, por qué no. Y una
buena descarga teatral, no por
improvisada, menos pensada.
Esperemos entonces con ansiedad
la próxima edición del Mayo, a
veces la palabra escrita tiene
el poder de generar cierta
energía… |