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Aramís Acosta:
Creo que al referirnos a las
experiencias cubanas en la producción de
animados por los niños, no podemos
olvidar que desde el año 1961 tuvimos un
primer acercamiento a este tema con
La guerra de la caña, luego un poco
más serio en 1991 con Un domingo en
Duendilandia —donde toda la idea fue
de los niños que participaron en el
proyecto— y ya definitivamente
comprometido con la investigación, la
documentación y la total incorporación
de los niños fue la Versión #3 de
King Kong. Esta la crearon ellos a
partir del original, solo que
cambiándole el final y haciendo ellos
mismos todos los dibujos. Eran niños de
escuelas completamente comunes, ni
siquiera de arte. A partir de esas
experiencias concretas se creó el primer
Cineclub infantil y juvenil cubano, en
Villa Clara.
Es decir, la acumulación de estas
realizaciones se ha ido perfeccionando,
hasta llegar a producciones tan
recientes como Pubertad, una
serie próxima a estrenarse sobre las
inquietudes que enfrentan los púberes,
donde las voces las hacen los niños de
La Colmenita. Es una idea
original de Mariela Castro y los
especialistas del CENESEX, en la que
participaron estos niños extraordinarios
contribuyendo incluso al desarrollo de
la historia y a la conformación de los
personajes.
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Mariela Castro:
Toda esta idea del tema de la pubertad
comenzó hace algunos años, con una
experiencia del CENESEX, en la que
estábamos buscando un programa para
púberes y otro para adolescentes, con
una metodología de investigación
cualitativa que permitiera conocer qué
es lo que les pasa en la pubertad desde
los propios protagonistas de esa etapa
de la vida, qué preguntas se hacen,
cuáles son sus fantasías, sus proyectos…
lo que les pasa en la pubertad. Eso
queríamos saber, y de alguna manera
ofrecer algunos elementos de análisis
que les ayudaran a comprender algunas de
esas cosas y a vivir la pubertad con un
poco más de alegría, a hacerles entender
que es un momento de la vida muy
importante donde se está creciendo y
para ello tienen que darle la bienvenida
a todo un proceso de aprendizaje.
A partir de ahí, con todo el material
que recogimos, sentí el deseo de hacer
un libro en el que ellos pudieran buscar
informaciones por sí mismos, ya que a
veces los padres no estamos preparados
para responder a todas sus preguntas.
Luego se hizo una evaluación del libro y
fue entonces que surgió la idea de
llevar el tema a dibujos animados; al
principio no tenía idea de cómo hacerlo,
pues el libro no tiene historias, algo
que el animado sí necesita. Entonces
comenzó el trabajo conjunto con los
Estudios de Animación, donde nos dimos
cuenta de que necesitábamos volver a
retroalimentarnos de los propios
protagonistas.
Así llegó el vínculo con La Colmenita,
cuyos niños están más o menos en esa
etapa de la vida y de seguro podría
aportarnos mucho con su trabajo. Desde
los primeros encuentros con ellos, nos
dieron justo lo que necesitábamos:
primero, la crítica a los personajes.
Decían: “esos muñecos no se parecen a
nosotros”, así que pudimos encontrar
ideas valiosas para transformar los
personajes y caracterizarlos según sus
ideas. De esa forma pudimos representar
mucha variedad: la gordita, la que está
preocupada porque no le ha caído la
menstruación, el que tiene que ponerse
aparaticos…así como en los contextos
familiares en que se desarrollan.
Tratamos así de que en cada capitulo se
vean tres temas fundamentales: las
transformaciones del cuerpo y la
curiosidad por la sexualidad, la
relación con los padres y la relación
con el grupo de coetáneos, tratando de
que los mensajes puedan comprenderse a
través de las historias. Es un proyecto
en el que hemos puesto mucho empeño y
los niños de La Colmenita han sido casi
protagonistas. Las experiencias
personales que nos han transmitido han
sido una guía fundamental.
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Ernesto Piña:
Para mí esta experiencia es única,
porque mis trabajos anteriores no habían
tenido esta investigación tan profunda.
Y sobre todo es única mi interacción con
los niños, de esta forma… Que ellos
literalmente me “batearan” los
personajes con sus críticas fue
definitivo en la conformación de cada
uno. Ya la segunda vez me dijeron:
“estos sí somos nosotros”. Entonces vino
el trabajo con las voces, el trabajo
propiamente de dirección.
Ernesto (integrante de La Colmenita):
Bueno, yo hago de Javier. Me ha parecido
muy bueno hacer este personaje, porque
Javier es un niño muy travieso… como yo.
Nosotros somos púberes, y sentimos todo
lo que se dice en la serie, hemos
entendido muchas cosas que nos pasan.
Alberto (integrante de La Colmenita):
Mi personaje se parece mucho a mí, no
sé… es un poco torpe. Ha sido una gran
experiencia, porque nos puede servir
para la vida, para cuando seamos padres.
Creo que es una gran idea.
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Carlos Alberto Cremata:
Para nosotros, como colectivo, es un
sueño que yo creía ya casi irrealizable.
Tenemos algunas experiencias en radio,
pero yo, que vengo de una familia de
artistas, sé que es algo extraordinario
y siempre estuvo entre mis utopías.
Además, es algo poco común esto de que
sean los niños quienes pongan las voces,
y nos han sucedido cosas
extraordinarias. Aquí hay niños que no
tienen mucha experiencia, como Magela,
así que me imagino que para ella
signifique mucho. Particularmente, creo
que esto nos ha crecido como grupo, por
ejemplo, el caso de Magela… yo me quedé
muy impresionado con sus resultados: en
el primer capítulo hace una de las risas
más orgánicas que he visto. Creo que
como experiencia es sumamente
enriquecedora para nosotros como adultos
y para ellos, como púberes que juegan
todos los días a hacer arte.
Panelistas:
Aramís Acosta, productor
de los Estudios de Animación del ICAIC
Mariela Castro, Directora
del Centro Nacional de Educación Sexual
(CENESEX)
Ernesto Piña, Realizador
y Director de los Estudios de Animación
del ICAIC
Niños de la compañía
teatral La Colmenita, Embajadores de
Buena Voluntad de la UNICEF
Carlos Alberto Cremata,
director de La Colmenita
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