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Lo que voy a contarles comenzó en agosto
del año 2000.
Solo una pequeña idea de la dimensión
cuantitativa de lo que hemos logrado: el
año pasado recibimos 6 mil historias
escritas por chicos de unas 14
nacionalidades. Pero lo más importante,
a mi juicio, es lo que está detrás de
todo eso. Unos descubren una vocación,
para luego desarrollarla; los otros se
divierten… y ese también es nuestro
objetivo.
La libertad de creación y expresión, con
un mínimo de asistencia profesional, es
la clave que los ha llevado a producir
incluso largometrajes, donde todo —desde
la dirección de arte hasta el montaje—
está hecho por ellos. El resultado es un
nivel de integración tal de los niños al
proyecto, que los hace rodar una escena
una y otra vez solo porque una manga
quedó más levantada que la otra.
Con todos somos muy exigentes, pero el
sistema educativo y la factura final
producen satisfacciones incluso a nivel
de la autoestima de cada uno de ellos.
Confiamos en un proceso de creación que
sea de ellos más del 90 por ciento: que
se equivoquen, que ellos mismos
descubran el error y que en el futuro
miren lo que hicieron y no se
avergüencen. Por el contrario, tal vez
estamos formando los cineastas del
futuro.
No obstante, creemos de verdad en que
algún día, aunque sean médicos o
ingenieros, volverán sobre lo que
hicieron de pequeños y sentirán que aún
llevan el arte por dentro. Creo que esa
es una sensación que deberá permanecer
en ellos por toda la vida… como también
en la nuestra.
*Director de la escuela Orson The Kid,
España. |