Año VI
La Habana

7 al 13 de JUNIO
de 2008

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7 MUERTES A PLAZO FIJO

Mayoría de edad del cine cubano pre-revolucionario

Ignacio Omar Granados • La Habana

 

Calificada por algunos como un thriller y por otros como comedia de humor negro —clasificación que acepto y considero la más adecuada— la cinta cubana 7 muertes a plazo fijo, representó sin dudas un paso de avance en el cine cubano que se había hecho durante las primeras 4 décadas del siglo pasado y en los primeros 12 años de cine sonoro. Algunos precedentes que llevaron a la realización de este filme —histórico para el cine cubano— y los principales medios con que se contó para lograrlo son tratados en este artículo, así como una valoración del mismo, desde una perspectiva actual.

Se lucha por hacer cine en Cuba

Después del comienzo del cine sonoro en Cuba con aquel éxito taquillero de La serpiente roja en 1937, basado en las aventuras radiales del detective Chan Li Po1, prosiguieron los últimos años de la década del 30 con una especie de “fiebre” de cine. Los “enamorados” de hacer cine en Cuba trataron de hacer un número relativamente grande de filmes, y lo lograron en algunos casos, tomando en cuenta las condiciones que existían en aquellos años. Se llegó a crear inclusive la Escuela Cubana de Arte Cinematográfico, en los jardines de los manantiales de agua La Cotorra, en Guanabacoa.

En total, hasta 1939 pudieron filmarse 9 cintas, entre las que destacan:   Sucedió en La Habana y Romance del palmar (otro gran éxito de taquilla) ambas de Ramón Peón, el director más experimentado en aquellos años, quien había regresado de una estancia en EE.UU. y México2, y Mi tía de América, de Jaime Salvador, como las más significativas. Posteriormente, en la década del 40, la producción fílmica cubana bajó bastante y el promedio fue de menos de dos películas por año, ya que solo llegaron a 14 largometrajes los que se realizaron, sin contar algunas cintras extranjeras que se filmaron en Cuba, con participación pequeña de técnicos o artistas cubanos, y algunos documentales y cortos musicales. De estas películas es poco también lo que hay de destacar, pues en general fueron de baja calidad, tanto artística como técnica. Solo pudieran señalarse la filmación de la primera película de dibujos animados en colores: El hijo de la ciencia, en 1948; la realización de María la O, producción mexicana-cubana basada en la famosa zarzuela, con participación de Rita Montaner y fotografiada por el mexicano Gabriel Figueroa, y una producción realizada por Manuel Alonso, el llamado Zar del Cine Cubano, con el título de Hitler soy yo, una especie de comedia burlesca sobre el personaje de Adolfo Hitler, basada en varios cortos cómicos que se habían filmado anteriormente y tomando la idea de Chaplin en El gran dictador, de donde se copió inclusive parte de la escenografía del despacho de Hitler. Esta cinta no fue lograda totalmente, pero demostró cierto talento de su realizador.  

Manuel Alonso

Alonso, que hasta ese momento, y también después, llevó una trayectoria ambiciosa y dirigida a dominar todo lo relativo a la filmación y proyección del cine en Cuba, lo cual casi llegó a poseer totalmente, se propone entonces dar un paso adelante en la calidad del cine de ficción que se realizaba en esos momentos y acomete la tarea de aunar factores para lograrlo tanto en lo técnico como en lo artístico. 

Equipo técnico 

Como primer paso en esa dirección, Alonso contrata un equipo técnico de lujo, envidiable para cualquier realizador en esos años: Hugo Chinea, un fotógrafo suizo-argentino que había sido laureado en Cannes, un año antes, como jefe de fotografía, auxiliado además con un camarógrafo como Ricardo Delgado, que era de lo mejor en Cuba en esa fecha; Dean Cole, un ingeniero de sonido norteamericano de buena experiencia en el cine sonoro, secundado por un técnico muy capaz como Alejandro Caparrós y con la utilización de sonido RCA Victor de Alta Fidelidad (recién adquirido), y el cubano Mario González para el corte y edición, con lauros en el cine mexicano, entre ellos un premio Ariel también el año anterior. A esto se agregó un grupo de actores de primera línea, algunos con poca experiencia en el cine, pero con probada calidad en el teatro y la radio y algo no usado anteriormente: una supervisora para todo lo referente al guión y los diálogos: María Julia Casanova. La música de la cinta se encomendó a un compositor de primera línea como Osvaldo Farrés y para los números musicales, que fueron reducidos en relación a lo acostumbrado en las cintas cubanas, se utilizaron a dos buenos intérpretes como Manolo Fernández y Elizabeth del Río. Los puntos más débiles quedaron en la escenografía y los decorados, en que pudieron buscarse, quizá, artistas de mayor experiencia y calidad, tómese en cuenta que tampoco era acostumbrado una dirección de Arte, en aquellos años.

El tema escogido, fue sencillo y sin grandes complicaciones, y esto según afirmó Mirta Aguirre3, fue una jugada inteligente de Alonso y apropiada para la inexperiencia del cine cubano, el argumento era original de Obón y Correón y había sido situado originalmente en Ciudad México, donde se filmaría la cinta. Alonso solicitó a los guionistas Rita Arroyo y Antonio Ortega que lo trasladaran a La Habana, pero sin pretensiones localistas, la historia que se cuenta podría desarrollarse en cualquier capital latinoamericana.

Otro tanto a favor de Alonso en esta cinta es, sin duda, “el gancho” de las escenas iniciales, la introducción a la trama de una forma ágil y entretenida que atrapó sin duda al espectador de la época y que aún ahora podría atrapar.

Veamos una sinopsis de la misma: En la noche de fin de año un banquero prepara una pequeña fiesta con su familia y amigos allegados, para la tradicional espera del año nuevo. Se conecta la radio y la noticia de última hora es que un peligroso asesino, “7 Caras” (Alejandro Lugo), escapado de la prisión, se esconde en la misma zona donde se está celebrando la fiesta. El asesino aprovecha la llegada de dos invitados y entra con ellos a la casa, previa amenaza de pistola en mano, atemoriza a todos y plantea su objetivo de escapar de la policía que tiene rodeada la zona. En ese momento hay otra visita de un personaje inesperado: un brujo o adivino, no puede definirse, ni se sabe de donde ha llegado, que se dice llamar Crisantemos (Ernesto de Gali). Sin el menor temor a “7 Caras” le anuncia la fecha de su muerte y le dice que esa noche no será, que escapará sin problemas. Después anuncia la fecha de la muerte de otros de los presentes, con fechas y horas exactas, y de un papagayo existente en la casa, el cual moririría a las 12 en punto. “7 Caras” finalmente logra escapar por el balcón, la sentencia del papagayo se cumple a causa de un rayo y la tensión aumenta: las primeras profecías de Crisantemos se han cumplido, ¿se cumplirá el resto?

Aunque estas escenas están tratadas con seriedad y rigor, hay un cierto tono de comedia en el ambiente, luego completado por el funerario (Adolfo Otero), que empieza a proponer la venta de panteones a los presuntos futuros fallecidos.

Podemos decir que en estos 20 primeros minutos, solo falla un tanto la escenografía de la casa del banquero, algo cursi y fuera de tono, pero no hay duda de que la cinta “atrapa” al espectador y fluye con agilidad e interés continuado.  

Desarrollo de la trama

Al marcharse Crisantemos, el reportero de El País (Rosendo Rosell), lo sigue y lo interroga. Está preocupado por ser uno de los siete anunciados para morir. Crisantemos le confiesa que solo morirán 3 en realidad de los anunciados (esto da un vuelco a la profecía inicial).

La trama continua, siguiendo el personaje del bandido “7 Caras” y su desenlace, lo cual se consigue de una forma bastante lograda, sobre todo su captura, cuando este visita a su madre enferma. Hay una delación y la policía lo cerca, con el consiguiente tiroteo, que recuerda escenas del cine “negro” de los 40. La muerte de “7 Caras” confirma la predicción del enigmático Crisantemos y entonces la acción se deriva a los siguientes profetizados para morir, los cuales en realidad serán solo dos de los seis anunciados.

El hilo de la cinta es seguido ahora a través de dos personajes principales: el reportero y el funerario, quienes van recorriendo la vida de los distintos personajes, lo cual se va desarrollando con toques de dramatismo y de humor, y  son manejados con un balance muy nivelado que es a nuestro juicio uno de los mejores tantos a favor de Alonso.

La presuntas fechas de la muerte para el banquero (Eduardo Casado) y el detective (Hugo Montes), son tratadas en diferente forma: mientras la crisis del primero se hace dramática y se relaciona con la venta de acciones en la bolsa y la incredulidad de sus subalternos que no entienden sus decisiones, otra historia se cuenta con el detective, quien tiene que hacer su boda un día antes de la fecha fijada para su muerte, con el fin de aprovechar por lo menos una hora de luna de miel. Esta historia es tratada en un tono de comedia ligera, que sin duda se logra con éxito y en la cual aparecen actores cómicos de primer nivel como Julito Díaz y una aparición especial de Garrido y Piñero.

El personaje del reportero, interpretado por Rosendo Rosell, que aquí se nos presenta en el papel de un joven dinámico que posteriormente cae en depresión al ver que es uno de los señalados para morir, centra la etapa final de la cinta cuando el desarrollo de las predicciones va creando una soga alrededor de su cuello, hasta llegar al clímax, cuando él o el sacerdote deben morir. El desenlace final, a mi juicio, es acertado de acuerdo al estilo en el que se desenvuelve la cinta. 

El guión y las actuaciones

Los mayores lauros de la actuación, un factor de gran importancia en el éxito que tuvo esta cinta, se otorgan a Ernesto de Gali en el papel de Crisantemos, el enigmático adivino. Alejandro Lugo estuvo muy completo en la personificación del bandido “7 Caras” y el “gallego” Adolfo Otero como el funerario brindó el tono de humor negro que adereza la cinta, aunque el elenco de actores en general tiene una actuación bastante pareja, ayudados por un guión mejorado por María Julia Casanova, que logra romper la ramplonería de los diálogos acostumbrados en el cine cubano precedente y le otorga fluidez y agilidad a los mismos. Entre los personajes femeninos, todos muy bien, destacan Raquel Revuelta (como la esposa del banquero), Maritza Rosales (en su primera actuación de importancia en el cine cubano) y Carmita Ignarra (como la novia del detective), que logran momentos brillantes en las diferentes situaciones, sin necesidad de utilizar en ningún caso el erotismo o “sensualismo oroliano” predominante en esa etapa. 

Fotografía y edición

Si exceptuamos la ausencia casi total de primeros planos y los pocos exteriores que se muestran en la cinta, la fotografía del binomio Chiesa-Delgado puede considerarse entre lo mejor del cine cubano logrado hasta esa fecha. La misma logra sobresalir también por el magnífico corte y edición a cargo de Mario González, con la supervisión de Alonso que logran por vez primera que una cinta cubana se desarrolle con una fluidez y agilidad que no envidiaba a ninguna cinematografía latinoamericana de la época, eliminando todas las tomas y planos innecesarios que eran acostumbrados y las largas escenas musicales que nada aportaban.  

El sonido y la banda sonora

Si la mayoría de las películas cubanas sonoras de los 30 y los 40 basaban en la música sus escenas principales y llenaban de canciones una gran parte de ellas, esta cinta es una excepción que rompe con lo acostumbrado. No hay un tema musical que predomine en ella, ni es la música un pretexto para desarrollar el argumento o parte del mismo. Sin embargo, el sonido, encomendado al norteamericano Dean Cole, es el mejor logrado por una película cubana hasta ese momento. Todavía hoy las copias de la cinta pueden disfrutarse con un sonido fresco y claro, algo difícil de lograr con otras cintas de la época. La música encomendada a un exquisito compositor como era Osvaldo Farrés, cumple su cometido sin que sobresalga como algo especial.

Es cierto que hay momentos musicales que hoy nos parecerían un poco largos e inadecuados, pero recordemos que eso era lo usual en aquel cine sobre todo méxico-cubano de los años 40 y no podía suprimirse todo de un brochazo. Hay solamente tres números musicales en la cinta y esto ya es bastante. La primera coreografía es la más larga y, sin duda alguna, un corte hubiera dado un mayor dinamismo al filme. El resto de los momentos musicales, puede decirse que son aceptablemente adecuados al ritmo de la trama, con lucimiento para los intérpretes.  

Una valoración final

Vista a 58 años de su estreno, que fue también un éxito de taquilla y se mantuvo en cartelera durante varias semanas, la cinta que analizamos (2do. largometraje de Manuel Alonso) representó sin duda un paso de avance notable para el cine cubano de ficción, principalmente en el aspecto técnico, sin demeritar sus méritos artísticos.

Como conocemos, una gran parte del “viejo cine cubano”, principalmente el silente, se ha perdido definitivamente y no es posible hacer un análisis completo de los primeros 60 años de cine en Cuba —período pre-ICAIC. Sin embargo, esto no quita que podamos hacer una evaluación bastante aproximada, sobre todo del cine sonoro realizado en aquella etapa, ya que por suerte y gracias a algunas situaciones casuales que salvaron una gran parte de largometrajes sonoros de los 40 y 50, aún podemos ver y analizar gran parte de ellos. Partiendo de esto, podemos afirmar que la cinta 7 muertes a plazo fijo clasifica sin lugar a dudas entre las cinco mejores cintas sonoras de ficción realizadas en todos esos años, a la que pudieran unirse Casta de Roble, del propio Alonso, La Renegada y La única, ambas de Ramón Peón, y La vida comienza ahora, de Vázquez Gallo, en una selección realizada rápidamente y quizá a vuelo de pluma, pero que no debe alejarse mucho del criterio de la mayoría de los historiadores del cine cubano. Adicional a esto, no hay dudas de que por ser la primera realizada de ese grupo, 7 Muertes a Plazo Fijo significó “la mayoría de edad para el cine cubano”5.
 

 

Notas:
1-Para más datos sobre esta cinta, ver el artículo “70 Años de la Serpiente Roja”, del mismo autor en “La Jiribilla” digital, No. 347.
2-Una ampliación de la obra de Ramón Peón, puede verse detalladamente en la obra “El hombre de los glóbulos negros” de Arturo Agramonte y Luciano Castillo Ed. Ciencias Sociales, 2003.
3-Aguirre, Mirta: Siete Muertes a Plazo Fijo, en Hoy, Revista Popular del Sábado, 21 de Octubre de 1950. Incluido en la obra Crónicas de Cine, selección de O. Miranda y M.Castillo. Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1989. Tomo II, Pág. 97-100.
4-Aguirre, Mirta, Obra citada.
5-Aguirre, Mirta, Obra citada.

 

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