Año VI
La Habana

7 al 13 de JUNIO
de 2008

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Breve antología de la plástica insular

Virginia Alberdi • Gerona
Fotos: Iván Soca

 

Como un privilegio para las pupilas y un escenario para el enriquecimiento estético debe considerarse esta colección de obras que dan cuenta de diversos estadios en la historia de las artes plásticas cubanas.

Una colección de tal naturaleza posee el alcance de una antología mínima, sumamente útil no solo para el bautismo en los caminos de la apreciación artística, sino también para aprehender la consistencia de una construcción visual íntimamente vinculada a la forja de nuestra nación y el desarrollo de nuestra identidad cultural.

Desde la imaginería prebarroca de Vicente Escobar, aquel mulato de origen humilde que llegó a las aulas de la Academia madrileña y regresó a su isla con afanes propios, hasta la filiación expresionista de Antonia Eiriz; desde el realismo cultivado sucesivamente en el reflejo de personas y paisajes por parte de Leopoldo Romañach, Antonio Rodríguez Morey y Domingo Ramos, a las rupturas vanguardistas de Eduardo Abela, Fidelio Ponce de León, Amelia Peláez y Marcelo Pogolotti; desde los colores festivos de René Portocarrero y la evidencia de los temas recreados por Mariano Rodríguez a la explosión del pop en Raúl Martínez y la resonancia lírica de la línea de Servando Cabrera Moreno, sin olvidar la abstracción en la obra de Martínez Pedro, todos y cada uno de estos cuadros confirman un marcado sentido de pertenencia.

La visualidad cubana no es solo luz, color, estruendo y caricia; es también misterio, raíz, interrogación. Es múltiple y diversa. Pero, por sobre todas las cosas, es resistencia y afirmación. Continuidad y ruptura, que mantienen y reafirman nuestra versátil y plural identidad.

De cada uno y del conjunto que se muestra, podría decirse lo que alguna vez señaló nuestro José Martí al juzgar la distancia entre la intención y la plasmación artística: “Un pintor demasiado humano no podría concebir una figura que no está probablemente en su corazón, y que no está seguramente en la atmósfera que respira en la sociedad en que se mueve”.

Bueno será que esta colección se convierta en punto de partida para otra mayor, enriquecida en el tiempo. Que el gesto generoso promovido por un artista que donde quiera que va lleva en su alma los esplendores de esta pequeña isla, sirva de acicate para que los lugareños sientan como suya la riqueza que estas obras reparten. Que los dones de estos cuadros fertilicen para siempre la mirada de los espectadores privilegiados de hoy y de mañana.

Palabras del catálogo de la Sala de Arte Cubano, primavera de 2008.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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