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La contemporaneidad, los medios
de comunicación y el arte son
conceptos hoy tan entrelazados
que su cita en obras,
curadurías, muestras colectivas
e individuales pudiera parecer
un leit motiv sobre todo
desde mediados del siglo pasado
y hasta este primer decenio del
siglo XXI.
Tema actual y de imprescindible
cita en las sociedades
comprometidas, de forma
inevitable, con las tecnologías
hoy, cualquiera que sea su nivel
de desarrollo, se relaciona con
los más diversos campos como la
economía, política, sociología,
o los estudios visuales. Y
asunto, en definitiva, sobre el
que pudiera volverse una y otra
vez desde los más diversos
enfoques, ya que el entorno del
hombre de nuestros días es aquel
del reino de la imagen.
Una tesis tan viva, compleja,
abarcadora y dinámica como
intrínseca a nuestra época es el
llamado del Centro Provincial de
Artes Plásticas, a los artistas
de la capital, por medio de la
convocatoria del XVII Salón de
la Ciudad: “Entender la ciudad
desde los mass media”. Nadie
dudaría que el lema aunque
recurrente no deja de ser
provocativo para problematizar
las tan múltiples variantes en
las que la imagen visual
discurre, ya sea a través de
dualidades intensas y presentes
y hablamos de conceptos
fecundos, entre estos, tiempo,
estatismo, simulación,
veracidad, manipulación,
legitimidad, arte público,
performance, entre muchos
otros.
Para todos estos y aquellos que
no cabe citar aquí, se han
propiciado nuevas definiciones,
y formas de producción de arte,
llamadas arte medial, net art,
que cuestionan el objeto
artístico, su distribución y
recepción a través de un medio
de comunicación, además de
emplear estos, ya sea el mail
art, publicidad, prensa, video,
televisión, radio, video.
Teniendo en cuenta nuestro
entorno complejo y cambiante y
el término de este primer
decenio del siglo XXI, y las
interesantes retículas que la
historia del arte contemporáneo
cubano ha trazado, resulta desde
todo punto de vista inquietante
el hecho de que este salón,
asistido por tradición en su
devenir, presente una selección
de nueve obras de 108 lo que
hace menos de un 10 % de la
participación total. Y no me
refiero a la calidad, que
siempre debe ser priorizada no
importa la merma en cantidad,
teniendo en cuenta que nuestra
provincia es la más poblada de
la Isla y, por tanto, el
promedio de artistas es mayor, y
que es nuestro, inevitablemente
este centro de cultura vital que
implica el ser la capital.
¿Es que no hubo una
participación de más indudable
valía como para que se
ensanchara la muestra? ¿Se trata
de la escasez de recursos para
trabajar un tema que requiere de
inversiones en medios? ¿Es la
premiación lo suficientemente
atractiva para implicar
participaciones más
interesantes?
Si bien es cierto que un salón
no bastaría quizá para abordar
la última interrogación, el
cuestionario pudiera seguir
escribiéndose a lo largo de
estas líneas.
Queda claro, eso sí, que la
participación en el salón fue
sobre todo de
jóvenes, la primera Mención
para La Historia nos
absorberá, de Marcel
Márquez Martínez, una cartulina
con recortes de la prensa plana,
que hace énfasis en el discurso
histórico y su frecuencia,
marcando sobre la cartulina
negra la monotonía de la
tipografía uniforme y el diseño
invariable. Segunda Mención a
Flash Back, de Manolo Castro
Inda, muy breve alusión a la
publicidad.
El Gran Premio fue a La obra
infinita, de Yaniezki Bernal
Farrada, según acta del jurado,
otorgado por “sintetizar las
pretensiones de la Convocatoria
del salón en un abordaje que se
resume por medio de una alegoría
en una imagen única y múltiple a
la vez”.
Yaniezki, una joven que hace
solo unos meses egresó del
Instituto Superior de Arte
trabajó parte del rostro de
Martí digitalmente a partir de
fotos de bustos que uno puede
hallar constantemente a nuestro
paso por la ciudad. Para ella
“Martí era una misma idea desde
muchos puntos de vista, pues
cada creador abordaba el busto a
su manera, lo que me proporcionó
ideas infinitas sobre una misma
imagen”. Se trata de una “obra
que no tiene fin, porque siempre
que haga un recorrido por la
ciudad uno encontrará nuevas
imágenes”.
Las texturas, los bordes, las
huellas del tiempo y los
formatos indistintos van
cambiando en la imagen digital
trabajada por esta muchacha que
aportó una poética eficiente,
capaz como nos dice el crítico
español José Luis Brea de
reflejar cómo “la
imagen técnicamente producida y
capturada en efecto, le es dado
producir esa expansión interna
de un tiempo propio, en el
ámbito de la representación.
Fuera de su ámbito, fuera del
ámbito de la imagen técnica como
tal, carecería en efecto de
sentido hablar de un time based art, de un arte
basado en el tiempo referido a
lo plástico, a lo visual”.
En otro sentido, a la inversa,
es decir, de cómo la sociedad ha
influido en los medios, es la
interesante pieza, no premiada
por el jurado, mas sí por la
Asociación Hermanos Saíz, la
Fototeca de Cuba, y Galerías
Génesis, de Jesús Hernández,
estudiante de 4to. año de
grabado del Instituto Superior
de Arte quien ha expuesto un
video del noticiario de la
televisión. Menos el generador
de caracteres y la presentación,
los reportajes que se transmiten
son otros que “ha construido
desde la ficción con los
patrones establecidos”. En
Recortes de la realidad
informativa realiza una
incursión ilegítima, a través de
una estructura verídica y
profesional, que filtra la
crónica mediante la materialidad
de reportes ausentes en los
medios.
Otros seleccionados emplearon la
tecnología mediante el diseño o
hacia su fin. Ángel Alonso
realizó un trabajo de delicado
guión mas con dibujo realizado a
modo naif o ingenuo en
computadora en el que se
refiere, entre otros motivos, al
arte y el mercado y Levi E. Orta
con modelos de publicidad
sociopolítica.
Llama la atención en este salón
la ausencia de propuestas más
relacionadas con el net art, los
espectáculos y su incidencia en
los media, los problemas
sociales y su relación
mediática, los desfases de
desarrollo respecto a la
globalización tecnológica,
acciones performáticas y la
relación arte-público. Asimismo
la propuesta del salón de haber
sido más amplia en cantidad y
calidad, hubiese además
proporcionado una dinámica de
retroalimentación eficaz para su
empleo en el entorno visual
capitalino y de la Isla. Y esa
cierta precariedad de la que es
muestra nuestro salón recién
abierto esta semana de inicios
de junio de 2008 debería,
ciertamente, desatar más
profundas indagaciones, que este
breve artículo no intenta sino
solo abordar, sobre el devenir
de nuestro arte hoy. |