Año VI
La Habana

7 al 13 de JUNIO
de 2008

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ENTREVISTA CON EL TROVADOR INTI SANTANA

Café África: recompensa sin forma de billete

Estrella Díaz • La Habana

 

A partir de 2000 el trovador cubano Inti Santana no ha parado de generar canciones y proyectos: hoy, a pesar de su aún breve carrera, cuenta con varias producciones discográficas como El riesgo del juego de 2003 (Colección A guitarra limpia), Antologías Puntal Alto (Vol. I y III), todo producido por el Centro Cultural  Pablo de la Torriente Brau.  

Además el músico se las ha agenciado para, con factura independiente, concebir Todo empieza cuando..., Agujeros en la ruta 20 y En Vivo (2003-2006) y presentarse en importantes escenarios de La Habana como la sala Che Guevara de la Casa de las Américas, en los teatros Hubert de Blanck, Bellas Artes y auditórium Amadeo Roldán y en los Centros Culturales Pablo de la Torriente y Dulce María Loynaz. 

También —indispensablemente apoyado por la productora Mari Hue Fong— se ha ocupado y preocupado por abrir espacios para la difusión de la trova, algunos con más éxitos que otros. En estos momentos defienden el proyecto La Tanda bajo el criterio de Trova-Café que una vez a la semana se desarrolla en el Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate, ubicado en la calle 23, una de las arterias más importantes y concurridas de la capital cubana.

Y ese  concepto de Café, infusión cercana y que pone acento en la intimidad, se ha convertido en una suerte de fetiche para Inti, quien el próximo jueves 12 de junio, a las  7 p.m., y auspiciado por el Centro Nacional de Música Popular, ofrecerá en la sala del teatro del Museo Nacional de Bellas Artes su próximo concierto que, precisamente, ha titulado Café África, pero ¿por qué? 

“Es como un Café de lo alternativo, imagínate un Café donde la música que escuchas no es ‘la que le gusta a la gente’, o sea la hegemónica, sino la que un grupo de gente adora y disfruta, donde todo esté en función de esa estética específica.  

Nosotros soñamos en el Café de la trova que, inexplicablemente, no tenemos en La Habana, pero también es necesario pensar en el rock, el hip hop, entre muchísimas estéticas que reclaman su espacio. Por eso, es el Café de lo alternativo como contrapartida al Café hegemónico, que vendría siendo como una cafetería impersonal donde Don Omar y Marco Antonio Solís, vestidos de camareros, te obligan a pagar un mojito adulterado.  

Café África porque no hay, casi, nada más alternativo que el continente madre. Siento una deuda enorme con la música africana y me gustaría escuchar con más naturalidad en los medios de comunicación a los grandes de ese continente que nos aportó ingredientes culturales vitales y no me refiero, solamente, a la cultura cubana. Ahí está ese polo tremendo que es Brasil y también el blues y el jazz, hoy géneros universales con raíces afro.     

¿Qué puntos en común posee este concierto en relación con otros anteriores y qué de diferente? 

En todos los anteriores está presente la fusión musical, pero en Café África la mayoría de los temas incluyen elementos de origen africano. Me gusta ir jugando con sonoridades extrañas o poco conocidas e ir adicionándolas a las más propias, como una manera de enriquecer lo que ya existe.  

Hay sonidos que uno va prefiriendo y un día me di cuenta de que muchas de esas predilecciones tenían un "abuelo africano", o eran propiamente de allá, como ese grande que se llama Salif Keita y que en Cuba es un gran desconocido. Lamentable.  

Excepto cuatro canciones, las demás se han escuchado, pero no aglutinadas con ese criterio musical. Un reto ha sido que lo musical no se ‘trague’ las letras y eso es algo que siempre tenemos presente: trabajar para que todo se entienda. Uno es trovador y es fundamental que se comprendan las letras, el mensaje.  

Según se ha comentado, el uso del audiovisual será una suerte de “invitado de honor” en tu concierto,  ¿cuál es la lógica de esta inclusión?, ¿por qué recursos estás apostando?, ¿acaso la interacción con el público se está convirtiendo en una personal herramienta para la comunicación? 

Un concierto es algo más que la oportunidad de cantar canciones. Disfruto poner a dialogar diferentes lenguajes artísticos y que todos se apoyen mutuamente en función de una idea.  

En este caso el audiovisual tiene un tono de reportaje y viene a calzarnos la idea de la necesidad de aquel café alternativo, ¿existen cafés alternativos en La Habana? ¿Cumplen su función? ¿Qué podría ser diferente para que este panorama mejore?  

Esas, quizá, podrían ser algunas de las preguntas que despiertan la inclusión de los audiovisuales que  acuden a códigos inmediatos y que aportan otro lenguaje un tanto más distante al de las canciones que, generalmente, es más poético y sensual. 

Con tantos trovadores (buenos y amigos), ¿por qué elegiste a Eric Méndez y Pedro Beritán para que te acompañen en Café África?  

Porque además de ser buenos cantautores, se mostraron enseguida dispuestos a la batalla. Porque esto de hacer un concierto es una cruzada donde la recompensa no tiene forma de billete, es a pura bomba y tiene que haber una identificación importante con el trabajo que vas a hacer.  

Por suerte, todavía nos divertimos haciendo esto juntos y de ese intercambio uno siempre sale más grande y feliz. Cada gente nueva que se suma te enriquece y con ellos nunca había compartido un concierto; un poco responsable de esto es La Tanda, ese espacio que todos los jueves nos hace cantar y acompañarnos.

Saúl Bergman (guitarra eléctrica), David Hernández (percusión), Alberto Miranda (bajo), Janio Abreu (clarinete), David Reyes (saxofón) y Yasek Manzano (trompeta) arroparán tus canciones. ¿Acaso una necesidad el apoyarte en otros instrumentos e ir dejando atrás la imagen del trovador, en solitario, con su guitarra?

Desde que organicé mi primer concierto hago cosas así. Es una necesidad expresiva que nace desde que compongo el tema, ¡ojalá siempre pudiera tocar con músicos de ese nivel!, mientras tanto me defiendo con la guitarra y aprovecho estas ocasiones de lujo.  

Es como una relación odio-amor: me paso el tiempo queriendo cantar tal canción con la banda y, luego, me gusta más desnudarla y regresar al trovador con su guitarra. Es así, ¿qué le voy a hacer? 

Sientes que estás llegando (o que has llegado) a un punto de giro en tu carrera. ¿Ya te consideras eso que llaman “trovador maduro”? 

¡Claro que no! Solo tengo que oír, en soledad, la grabación de algún concierto para darme cuenta de lo mucho que me queda por madurar, mientras tanto me divierto haciendo y cantando canciones.  

La sala teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, se ha ido convirtiendo en un espacio que favorece la promoción de la trova como género musical. ¿Es suficiente? 

Es uno de los escasos espacios que funciona muy bien para músicos que no convoquen a miles de espectadores; está, también, el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau que lleva 12 años defendiendo la trova.  

Hace unos dos o tres años el Centro Hispanoamericano de Cultura se ha sumado, pero son muy pocos teniendo en cuenta que no solo sirven para los trovadores, sino para muchos proyectos relacionados con el jazz, la música de concierto y la cancionística en general, entre otros.  

No, no es suficiente. Hay otros espacios, pero o no son sistemáticos o el audio es lamentable o te atienden como si quisieran que hicieras el concierto rápido y te acabaras de ir.  

Junto a Marihue Fong (como productora),  en el Centro Cultural Fresa y Chocolate impulsas La Tanda, proyecto auspiciado por el Centro Nacional de Música Popular. ¿Cuáles han sido las mayores alegrías en este breve, pero intenso tiempo de trabajo? 

Descargar con casi todos los trovadores de la Isla, sentir que la trova tiene un público joven que se renueva y que cada jueves repleta Fresa y Chocolate, hacer nuevos amigos y constatar de cerca un gran sentimiento de esperanza: cuando los que amamos la trova cerramos filas, se la ponemos difícil a la burocracia. Es una noción, pero ilumina.

 

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© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2008.
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