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Varios escritores
hispanoamericanos han criticado
que los grandes grupos
editoriales españoles sean los
que marquen la política que se
sigue en Latinoamérica, hasta el
punto de “adulterar los mapas
literarios” de aquellos países y
de “hundir en la sombra” muchas
de las iniciativas que surgen.
Esta crítica, formulada por el
escritor colombiano Ricardo Cano
Gaviria y compartida por otros,
fue una de las cuestiones que
han salido a relucir durante la
presentación de las actividades
que una treintena de autores
iberoamericanos desarrollarán en
la Feria del Libro de Madrid,
cuya invitada de honor es
Latinoamérica.
En el encuentro con la prensa,
que ha tenido lugar en la sede
española de la Secretaría
General Iberoamericana (SEGIB),
han participado más de 20
escritores de distintas
generaciones y estilos y, como
era lógico, la diversidad de
opiniones ha quedado de
manifiesto, si bien hay
inquietudes compartidas.
La directora del Centro Regional
para el Fomento del Libro en
América Latina, el Caribe,
España y Portugal (CERLALC),
Isadora de Norden, fue la
primera en poner el dedo en la
llaga al afirmar que, después de
los escritores del “boom”
latinoamericano, “hubo un cierto
desinterés de España por la
literatura” que se hace al otro
lado del Atlántico.
Una de las primeras
consecuencias de ese desinterés
ha sido la escasa circulación de
libros entre los diferentes
países hispanoamericanos y entre
España y Latinoamérica. “Después
del boom se ha caído en una
especie de insularización que
impide la distribución de
obras”, dijo Ricardo Cano, que
vive en España desde 1970 y es
director de Ediciones Igitur.
A la “balcanización editorial”
aludió también el argentino
Andrés Neuman, para quien “las
multinacionales editoriales
están consiguiendo que se cumpla
el adagio de estar separados por
una misma lengua”.
Ricardo Cano cree que las
grandes empresas editoriales
“están marcando unas pautas que
las demás, por pequeñas y por
carecer de recursos, no pueden
alterar”.
“Los mapas literarios de América
Latina, de una manera no muy
legítima, están siendo
adulterados por la preeminencia
de unas políticas editoriales
que están decididas en España y
que a lo mejor están hundiendo
en la sombra gran cantidad de
iniciativas que hay en varios
países”, dijo Cano, novelista y
ensayista.
Pero “habría que hacer
autocrítica”, pidió Neuman, y
ver por qué en países como
Argentina, “que en los 60 y 70
era una gran potencia editorial,
dejó de serlo”. Y fue debido a
la dictadura, “que desmanteló la
industria editorial”, opinó el
autor de Bariloche, que
con 31 años es uno de los
representantes más activos de la
nueva generación de escritores.
Cano también es partidario de
que se haga “autocrítica” y se
analice por qué hay “una especie
de reverencia por España.
Ocurren cosas paradójicas como
que no se le dé importancia en
un país latinoamericano a un
escritor hasta que no ha pasado
por la prueba española. Eso es
deplorable”.
El hondureño José Antonio Funes
asegura que el mercado editorial
“solo se interesa por lo que se
vende mejor”. Funes, poeta,
académico y director de la
Biblioteca Nacional de su país,
opina que “el problema es que
hay un gran mercado literario,
pero una literatura de muy bajo
nivel de calidad. Se vende menos
literatura y más papel”.
No opina así el colombiano Mario
Jursich Durán, quien no cree en
absoluto que haya descendido “el
nivel de la literatura”, aunque
se siente “perplejo” ante casos
como el del argentino Ricardo
Piglia (llegará a mediados de
semana a Madrid), “que hace 30
años que es considerado un gran
escritor en su país” y sin
embargo “desembarcó en España”
hace pocos años.
¿Y qué puede haber de común en
la literatura de unos países y
otros? Poca cosa, asegura
Ospina, porque “hay una gran
diversidad” entre unos
escritores y otros, y “una
mirada muy compleja sobre el
mundo”.
Neuman ve ciertas afinidades
entre los escritores de su
generación, independientemente
del país de origen: Están “más
llenos de incertidumbres y de
relativismo”, y les interesa la
política, aunque no “con el
iluminismo de los años 60”.
Con frecuencia se dice que los
jóvenes escritores
latinoamericanos tienen difícil
superar la enorme influencia de
los autores del “boom”, pero
Ospina decía que el “boom” “es
una referencia fundamental,
nunca una sombra”.
Andrés Neuman considera que,
para los de su generación, los
escritores del “boom” son “como
clásicos póstumos”. Él, por
ejemplo, empezó a leer Cien
años de soledad, de García
Márquez, “al día siguiente” de
La Metamorfosis, de
Kafka. |