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Cuando la edad del retiro se acerca,
parece que hay urgencia de decir. David
Jaime Veitía, próximo a cumplir los
sesenta años, no quiere que se le escape
nada en el relato de su vida ligada a la
animación, como no quiere dejar morir la
tradición que fundara con algunos
compañeros del ICRT en los años
siguientes al triunfo de la Revolución.
El bisoño instructor de arte que pasó su
servicio social en Mina de Buey Arriba
en la Sierra Maestra, aprendió con esa
experiencia que el arte sale de las
cosas simples, y que la falta de ingenio
no puede escudarse en escasez de
recursos, porque un guajiro le enseñó a
hacer de una yagua, un lienzo. En 1967, la dirección del Instituto
Cubano de Radio y Televisión determinó
que los dibujos animados norteamericanos
debían ser sustituidos por producciones
nacionales, y se habilitó un curso para
formar profesionales en esta rama. David
sale de esta primera promoción y
recuerda la confluencia en espacio y
tiempo con animadores de los años ´50
como Gaspar González y Luis Castillo.
“No había mucha experiencia ni exigencia
–comenta-.Una enseñanza del dibujo
animado en seis meses era muy
incipiente, más cuando las procedencias
eran muy diferentes. Teníamos que
dedicarnos a perfeccionar el trabajo”.
Por eso, aunque el edificio de la otra
esquina de 23 y M se dedicó por entero a
la producción industrial de cartones, el
esfuerzo se encaminó en lo fundamental a
la propaganda para la Revolución,
trabajos de carácter educativo y algunas
canciones infantiles.
Jaime cuenta que “para 1974 se reconoció
que habíamos llegado a dominar la
técnica de animación y que entraríamos a
sustituir los dibujos de entretenimiento
con nuestros propios cuentos, canciones
infantiles, historias, en su mayoría de
cinco minutos. Ahí aparecieron los ya
legendarios Guaso y Carburo, Los Pirulí
y muchos otros”.
Entonces se dio el boom del dibujo
animado en Cuba. Aparecieron grandes
producciones y las obras traspasaron la
pantalla chica para insertarse en
certámenes internacionales. Muchas
fueron merecedoras de elogios, premios y
reconocimientos. En esta etapa también,
cubanos dedicados a mundo del animado
fueron a estudiar a los países
socialistas y, a decir de Jaime,
“regresaron con un alto nivel, ya que
allí se tenía mejor tradición que la
nuestra y manejaban otros conceptos,
donde la publicidad no se usaba de
manera indiscriminada como en los países
capitalistas”.
Fue de este influjo de la estética
socialista, que se dio en Cuba la
invasión de los “muñequitos de palo”.
Una forma de hacer que marcó a toda una
generación que hoy la reacuerda con
reticencias, sobre todo por haberse
erigido, en sus primeros momentos, en
calco de sus inspiradores, cuyas
costumbres, modos de vida y ritmos, eran
tan diferentes a las dinámicas del
Caribe. “De palo”, son los animados que
ha escogido David para entregarle sus
fuerzas. Claro, después de aquellos
rechazos, muchos como él entendieron la
necesidad de redimensionar la técnica de
la animación corpórea y el sentido de
las obras, para que fueran entendidas y
justamente valoradas en el contexto
cubano.
David Jaime defiende la técnica que
admiró de un publicista norteamericano
en una obra que no olvida: “El cuervo y
el espantapájaros”. Habla de otros
referentes como el teatro de títeres y
las paradigmáticas obras checas como
“Canción de la Pradera”. Recuerda que,
cuando la labor con la animación
corpórea empezaba a dar sus mejores
frutos en los estudios del ICRT,
irrumpió nefasto el Período Especial.
“la producción se deprimió mucho, porque
la técnica era de elaboración:
trabajábamos con laboratorios,
películas. De pronto fueron
desapareciendo los recursos, no había
manera de capturar las imágenes, no
existían las ventajas de la informática.
Nos pasamos alrededor de ocho años sin
hacer dibujos animados. Fueron
dispersándose y desapareciendo los
precursores del género de la animación
cuadro a cuadro. Quedamos solo dos,
Roberto Sarría y yo”.
Para que no arrase el viento del olvido
“A nosotros nos preocupaba grandemente
la continuidad de un trabajo de tantos
años y tanta dedicación –explica el
veterano animador-. Por ello, convocamos
a dos cursos donde hemos preparado un
relevo que está trabajando desde hace
seis años fundamentalmente con la
técnica de la animación corpórea. Todos
son mejores que yo. Creo que en eso
radica la mayor satisfacción de un
maestro”.
Como maestro, piensa que los horizontes
de la educación están muy vinculados al
animado: “Se hace imprescindible
inculcar valores. Yo creo que a los
niños hay que darle lo mejor. Por ello,
no me canso de decir que hay que
otorgarle una mayor importancia a la
programación infantil en la televisión.
Estamos trabajando sobre una generación
que es el futuro del país. Si no los
cuidamos, vamos a malograr lo que hemos
hecho, y necesitamos la continuidad de
este proceso completo. Tenemos que hacer
mucho porque la frase de que no hay nada
más importante que un niño, no suene
hueca”.
¿Que importancia le concede al animado
para adultos?
Es vital, sobre todo para generar
reflexiones de carácter filosófico, para
afianzar conceptos, para sintetizar. Es
muy útil en los jóvenes, para apoyar el
cambio en el que se empieza a ver la
vida desde la realidad y ya no desde la
fantasía, para llegar a conclusiones
sobre la vida que indican nuevos
caminos.
Lo que queda por vivir…
David Jaime es de los consagrados que no
abandonan el trabajo hasta altas horas
de la noche. Sin embargo, ya piensa en
buscar la tranquilidad, y la manera de
alimentar “un bichito que pica desde
hace rato”. El antiguo compañero de
estudios de artistas como Choco, Ernesto
García Peña, Isabel Jimeno y Fúster
piensa “desarrollar un poco la plástica,
necesito ver de qué manera puedo
vincular las dos cosas. Lo esencial es
que tengo pintura, pincel, lienzos… y
pinto. Me gustaría hacer trabajos de
tesis y artesanías. No quiero sentarme
en un sillón, pero ya estoy buscándole
un destino al barco de mi vida”. |