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La algarabía,
expresión auténtica de felicidad,
estremecía, al apagarse las luces, la
sala del cine Charles Chaplin. Comenzaba
la matiné mañanera y los asientos
parecían chiquitos a las casi mil
“jiribillas” que, desde las escuelas
para niños discapacitados de la capital,
acudían a la función.
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Estos incansables,
siempre bajo la custodia segura de sus
maestros, asistían para disfrutar del
día que todos los años se les dedica en
el contexto del Festival Internacional
del Audiovisual para la niñez y la
adolescencia, Cubanima. Evento que
comenzó el pasado 28 de mayo y se
extendió hasta el 1ro. de junio y
pretende promover la realización de cine
hecho para y por los niños.
“Siempre un viernes de la jornada les
pertenece —comentaba Ester Hirzel,
directora de los Estudios de Animación
del ICAIC—, es un espacio para los niños
de la enseñanza especial de todas las
provincias del país.”
Como las obras presentadas van dirigidas
especialmente a los niños, nadie mejor
que ellos para determinar las ganadoras.
Por este motivo son los pequeños los que
integran el jurado de este certamen, en
su tercera edición.
“El gato andaluz”, “El niño robot”,
“Fernanda” y “La pavita pechugona”,
junto a los niños de La Colmenita,
compartieron sus aventuras y fantasías
con las personitas que cantaban y reían,
con el brillo y la alegría propios de la
edad, en la oscuridad de la sala.
Ernesto Mario Escalona, integrante del
clan de las abejitas desde los cuatro
años, piensa que el amor puede compensar
las dificultades de estos niños y se
siente feliz por poder actuar para
ellos. “Estos niños necesitan mucho amor
porque no lo tienen todo. Es muy bueno
que podamos estar hoy con ellos”,
confesó.
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Muchos todavía recordamos aquellos
muñequitos del padre solo en casa con su
niña pequeña, que nos dejaban cantando
“Qué maravilla es este papá”, título de
la exposición de dibujos realizados por
los propios infantes que se exhibe en el
lobby del cine, en homenaje al destacado
director y guionista de filmes de
animación, Tulio Raggi.
Presentes y atentos: profesores de la
escuela primaria para niños que
presentan problemas en el lenguaje,
Miguel Barilio; de la escuela especial
Luis Ramírez López y de la primaria para
sordos e hipoacústicos René Vilches
Rojas, entre otras muchas; todos con la
premisa común del amor desbordado y la
paciencia inagotable.
Quizá, experiencias como estas puedan
impulsar una mayor duración de los
espacios infantiles en la televisión
nacional. Así, pequeños como los que
asistieron al Chaplin esa mañana tendrán
tiempo suficiente para aprenderse los
diálogos de memoria, como tantos
hicimos, y repetirlos luego con su
lenguaje de gestos.
Los duendes traviesos y pícaros están
seguros y satisfechos con la producción
en ascenso de los Estudios de Animación
del ICAIC, de fiesta en estas jornadas.
Nuevos personajes pueblan ahora sus
sueños. |