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Al fin se develó el secreto. La
llama olímpica, luego de
recorrer más de
137 mil kilómetros por los cinco
continentes, arde en la ya
famosa instalación deportiva
conocida como Nido de pájaro.
Luego de numerosas
especulaciones se encendió el
pebetero y una vez más la magia
china asombró al mundo; un
hombre
volando,
el ex gimnasta
Li Ning, prendió la antorcha en
el estadio. Y digo volando
porque durante toda la ceremonia
otros hombres y mujeres volaron,
en las inmensas áreas que
albergaban más de 90 mil
espectadores. Los acróbatas del
aire estaban, por supuesto,
atados, y pendían desde las
altas estructuras del Nido, pero
lo hacían tan bien que parecían
dotados de pies y brazos alados.
Así ha iniciado los juegos
Beijing, volando muy alto, más
que las ciudades que le
antecedieron aunque —¿acaso no
hay política en los juegos?— hoy
en Internet se hable más de las
declaraciones insidiosas de
George Bush sobre China, que de
la espléndida jornada inaugural.
Civilización y armonía,
fue el nombre genérico de la
exquisita apertura donde
historia, ritos y belleza se
dieron la mano para pasearnos
por una de las más ricas
culturas del mundo, la china. Se
dice que
Steven Spielberg, con sus
espectaculares escenarios
fílmicos, se negó hace unos años
a la propuesta que le hicieron
para que se encargara de la
ceremonia. Hoy tal vez lo esté
sintiendo porque lo que logró su
colega, el
cineasta Zhang Yimou, llenó las
expectativas de los millones de
espectadores que siguieron la
puesta en la instalación
deportiva o por las pantallas de
la televisión.
Zhang combinó la tradición —el
detalle, por ejemplo, de
2.000.009 fou, instrumento de
percusión tradicional chino de
3.000 años de antigüedad— con el
uso más moderno de pantallas,
luces y andamios, todo mezclado
con coherencia hasta la
ejecución del himno de la
olimpiada por el popular
cantante chino Liu Huan y la
intérprete británica Sarah
Brightman, parados sobre un
globo terráqueo, por el que
numerosos acróbatas caminaron de
norte a sur y de este a oeste,
rompiendo la ley de gravedad.
Para guardar el secreto de lo
que se vería en la inauguración
todos los equipos de diseño y
producción firmaron un acuerdo
de confidencialidad. Y se
consiguió, porque apenas
faltando una hora para el gran
espectáculo no se sabía ni cómo
sería el encendido del pebetero
ni de qué trataría la ceremonia.
A propósito, la antorcha que
recorrió China y Beijing,
portada por destacados hombres y
mujeres del gigante asiático,
tiene 72 centímetros de altura y
985 gramos de peso, es de
aluminio, con una moderna
tecnología que le permite
mantenerse encendida unos 15
minutos, incluso bajo lluvia y
fuertes vientos. El propano es
el combustible usado, por lo que
hasta esta joya, con finos
grabados chinos, se inserta en
el lema de los juegos “olimpiada
verde, olimpiada de alta
tecnología y olimpiada del
pueblo”.
Se dice que por cada atleta en
los juegos hay 18 voluntarios
chinos. En la villa impresiona
la eficiencia, pero también la
tranquilidad y el empleo de
sistemas de energía renovable
como paneles solares y
automóviles eléctricos dentro de
la promesa de los organizadores
de hacer unos juegos ecológicos
o verdes.
Para los cubanos fue emocionante
el momento en que la sobriedad y
elegancia de los trajes de los
165 atletas de la mayor de Las
Antillas inundaron el estadio.
Cuba fue el país 46 en desfilar,
entre Palestina y Burkina Fasso,
toda vez que los 204 comités
olímpicos presentes en Beijing
marcharon según el número de
trazos del primer carácter en
chino simplificado de los
nombres de cada nación.
Por el número de participantes
es
el segundo país de América
Latina, detrás de Brasil (283).
Las naciones más numerosas son
EE.UU. (636), China (628), Rusia
(466), Alemania (457) y
Australia (440).
Cuba participará y aspira a
marcar el paso en esta parte del
mundo, en 102 pruebas de 16
deportes. Según la revista
Sports Illustrated (Deporte
ilustrado) las cubanas y los
cubanos se ubicarán en el octavo
lugar de la tabla de medallas,
con 11 de oro, 5 de plata y 12
de bronce. Veremos qué pasa en
los próximos días.
Mientras, Dayron Robles se hace
evidente hasta en la
inauguración: las cámaras lo
siguen donde quiera que va y
constantemente le preguntan por
su duelo, en los 110 metros con
vallas, con el atleta local Liu
Xing.
Ya los deportistas y otros
amigos de la Isla tienen en
Beijing la Casa Cuba, que
servirá de sitio de reunión y
también celebración, por qué no,
de los miembros de la
delegación.
Razón tuvo hace unos días Lord
Colin Moynihan, presidente de la
Asociación Olímpica Británica,
cuando dijo que Londres, sede de
las próximas olimpiadas, tiene
bastante que aprender de Beijing
en la preparación de Juegos
Olímpicos exitosos.
Y eso que aún falta mucho por
ver.
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