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El próximo jueves 9 en la
galería La Acacia,
enclavada a un costado del Gran
Teatro y justo frente al
Capitolio de La Habana, uno de
los lugares más emblemáticos de
la capital cubana, quedará
inaugurada al muestra Enigmas
del artista de la plástica
Gólgota, creador que con
esta exposición se suma a la
edición 21 del Festival
Internacional de Ballet de La
Habana y a las celebraciones por
el Aniversario 60 de la
fundación de esta prestigiosa
compañía danzaria.
Gólgota, quien cuenta con
un intenso recorrido dentro del
universo de las artes visuales,
en otras ocasiones ha centrado
su mirada en el mundo de la
música y sus hacedores, pero
ahora parece que su pupila
¿acaso se ensancha?,
¿seguirá siendo, de algún modo,
protagonista la música?
“No siempre la música estuvo en
los cuadros, pero sí en el
ambiente, en el entorno de
trabajo. El hombre, el ser
humano, es el que siempre
aparece: ese es el verdadero
protagonista. Me gusta decir que
es un error benévolo el vincular
mi obra solo con la música:
trabajé toda una etapa que se
relaciona con el humano que hace
la música y ahora me concentro
en el humano que baila, pero,
sobre todo, en la persona que
siente y que sufre porque el
ballet tiene mucho de
desgarramiento tanto físico como
psíquico.”
En una reciente reflexión
afirmaste: “Pensé ofrecer un
festival de cuerpos y resultó
una convención de almas”.
¿También ha sucedido en
exposiciones anteriores?
En otros momentos iba,
directamente, al alma de la
gente, pero en este caso no.
Desde que uno es estudiante en
las Escuelas de Arte, el mito
del cuerpo del bailarín es algo
a alcanzar; todo el mundo quiere
tener un bailarín como modelo
para poder trabajar los
movimientos, las formas y los
músculos, precisamente, por toda
la preparación física que ellos
han ido cultivando a lo largo de
su carrera.
Cuando empecé en este proyecto
quise disfrutar la anatomía, el
movimiento de los cuerpos, el
equilibrio, el contacto, pero a
medida que fui conociendo el
mundo del ballet —en su parte
íntima y privada—, cuando me
metí dentro de las aulas de
ensayos, el escenario, las
cortinas cerradas… comprendí de
golpe que son muchachos y
muchachas muy sensibles.
Ponme un ejemplo…
Recuerda que son niños que dejan
de serlo a los 9 años; abandonan
una vida “normal” para
convertirse en un destino muy,
muy específico por el cual hay
que apostar y darlo todo. Dejan
de jugar y dejan de vivir, dejan
de comer y toda una serie de
restricciones que son muy duras.
Además, es un grupo de personas
que vive junto mucho tiempo y
eso provoca sentimientos muy
interesantes.
¿Te refieres a la interrelación
que se establece entre ellos?
Sí, estamos hablando de personas
y no de artistas ni de obras. A
medida que los fui conociendo,
me metí en su amplísimo mundo
espiritual. Los bailarines
pueden parecer ángeles en
escena, pero por lo general son
muy encriptados, muy metidos en
sí mismos. Esa es la primera
impresión, después, con el trato
uno descubre que son niños
dormidos y que están pendientes
de que alguien les haga algo,
llegue hasta ellos, le ponga una
mano en el hombro y le diga: te
veo como algo más que un hada o
que un niño bonito o una
muchacha vestida de bailarina.
Son seres humanos muy sensibles
e intensos.
Se desprende que ha sido una
experiencia humana importante…
Tan intensa que me atrevería a
decir que ha sido lo más
gratificante desde el punto de
vista no solo pictórico sino
también social. Les agradezco
porque es una grandísima
oportunidad que la prima
ballerina absoluta, Alicia
Alonso, directora del Ballet
Nacional de Cuba, me permitiera
asomarme y penetrar en este
mundo.
Antes de llegar a lo que es hoy
Enigmas hubo, sin dudas,
un proceso de trabajo anterior…
Todo empezó en el 2006
con un ballet que se tituló
Cuadros para una exposición
en el que 11 pintores hicimos
como una galería en la que
ocurrían una serie de cosas...
los cuadros cobraban vida. Fui,
afortunadamente, uno de los
convocados y ese constituyó mi
primer encuentro con el ballet.
Trabajé un tiempo con la
bailarina Aymara Vasallo como
modelo y, poco a poco, fui
familiarizándome con ella y con
su esposo, que también trabaja
en la compañía. A partir de esta
relación comencé a apreciar el
ballet desde otra perspectiva.
Un día en una función de ballet
Pedro Simón me dice que se va a
celebrar este año el Aniversario
60 de la compañía y el 65 de que
Alicia Alonso, por primera vez,
bailara Giselle;
inmediatamente me dije: vamos
hacer una exposición. Fui a ver
a Alicia quien me abrió las
puertas del ballet y me dijo:
“usted puede sumarse” y eso
hice. Quizá por eso todo lo que
encontré fue sinceridad, pureza
y trabajo real.
Sé que utilizas mucho la
fotografía como apoyatura para
tu obra pictórica ¿en este caso
también?
La tecnología no se puede
desechar, pero en este caso
estoy hablando de sentimientos
que no se pueden retratar y eso
fue lo que me enamoró. Lo que me
volvió loco fueron las pasiones,
los sentimientos, las cosas que
ocurren dentro de ese mundo…
recuerdo una función del Lago
de los Cisnes que disfruté
desde dentro del escenario.
Estaba sentado en una esquinita
haciendo apuntes y describía
cosas… ahora está pasando esto o
lo otro y, después, llegaba a mi
estudio, ponía la misma música
que había acabado de escuchar y
fluían toda una serie de
imágenes, y el resultado es
Enigmas.
Por lo visto, Enigmas
cuenta con una instalación…
Es una pieza que se llama
“Retratos” y está hecha con
zapatillas. No existe mejor
retrato de un bailarín que sus
zapatillas ¡la gente no se
imagina lo que sufren los pies
de un bailarín o bailarina! Esa
pieza incluye zapatillas de
varias generaciones: estoy
hablando de bailarines como
Aymara Vasallo, primera solista
del Ballet, hasta Alicia Alonso,
pasando por Aurora Bosch,
Bárbara García y una serie de
personalidades de todas las
generaciones del ballet.
Enigmas
incluye unas
14 obras: “Bailarina”,
inspirada en Viengsay Valdés;
“El ángel de la danza” en Yoel
Carreño y Yolanda Correa; “La
Mariposa Azul” que nos nuestra
una Alicia Alonso joven… ¿cómo
yuxtapones los planos para dar
esa sensación de movimiento?
Lo que intento es que la gente
vea al bailarín y al personaje
en el mismo momento que está
ocurriendo la acción. Me
concentro en la persona, en el
ser humano y en el personaje que
está interpretando; todo al
unísono. Es complicado de
explicar. |